Miles de jóvenes son lanzados al mercado laboral para ser carne de cañón de empresarios que consideran a esa masa obrera como objetos desechables a exprimir al máximo posible.
Alejo Albizú Trabajador precarizado
Viernes 10 de junio de 2016
Estas palabras no son inventadas, ni sacadas de un libro. Son de un trabajador, que hasta hace poco era repositor de un supermercado mayorista de la zona de La Plata, que fue despedido, que se quedó en la calle porque la empresa decidió que no le servía más.
Sin saber qué va a hacer, cómo seguir, y cansado de pasar por lo mismo una y otra vez, la única certeza en definitiva es que su vida está precarizada.
Ser precarizado es vivir en la incertidumbre. Es no saber si vas a trabajar mañana o pasado, es estar en la más absoluta inestabilidad laboral. Si tenés la “suerte” de seguir el tema es saber que las condiciones de trabajo son las peores: menor tiempo de descanso, falta de elementos de seguridad, mayor hostigamiento de los supervisores, entre otras muchas cosas más.
Es saber que cuando llega fin de mes la remuneración es considerablemente menor que la de quienes están en planta permanente.
Ni hablar que te das cuenta que una porción de la torta se la llevan los de la “agencia de trabajo” que son algo así como una especie de vendedores de esclavos modernos.
Por el solo hecho de conseguirte el trabajo se quedan con parte de tu salario, ya que sus “contactos” en los sindicatos y en las empresas le pagan de esa manera los
favores de la tercerización.
Intereses enfrentados
La precarización no es exclusiva de los empresarios. El Estado es el primer precarizador. Si al Gobierno de Cambiemos le fue muy fácil no renovar contratos y dejar a miles de trabajadores y trabajadoras en la calle es porque el kirchnerismo se los dejó en bandeja.
En los últimos años crecieron los empleos precarios, con sueldos que no llegan a los $ 7.000 y se profundizó el empleo en negro. A la par, como dijo la misma Cristina Fernández mientras gobernaba, el empresariado se la llevó en pala.
Pero para que exista el beneficio de la precarización para los empresarios antes tiene que haber un Estado que garantiza las leyes de flexibilización laboral y también una burocracia sindical vendida que mira para otro lado ante esta problemática de la juventud.
Nada extraña ya de estos burócratas que se acomodan con todos los gobiernos. No hubiese sido tan fácil para Macri vetar la ley antidespidos y ajustar si llamaran a un paro nacional.
Así este gobierno pro-empresarial profundiza el ataque contra la juventud trabajadora. El Programa de Primer Empleo al servicio de la multinacional McDonalds es fiel muestra de su política: permite que la empresa tenga a los jóvenes en negro por 5 años cobrando una suma fija de $ 4.500 por mes.
La “suerte” de ser tercerizado
Miles son la mano de obra de segunda de los empresarios, quienes aprovechan para bajar los costos de contratación y echar cuando quieran. También tienen para ellos una utilidad imprescindible, les permite dividir a los trabajadores en dos “clases”, los de primera y los de segunda; y con eso crear una especie de sentido común entre los mismos trabajadores de que no son lo mismo.
Dividen y hacen ver a los tercerizados como ajenos, diferentes, para que no se apoyen entre ellos con el resto de los trabajadores y así debilitar a la clase obrera de conjunto.
Porque si hay algo que temen los empresarios, el gobierno y los sindicatos traidores es a la unión de los trabajadores.
¡Todos son trabajadores!
Es necesario pelear unidos por todos los derechos como clase, en las fábricas y en las calles junto a otros trabajadores.
Es la única manera de acabar con estas condiciones deplorables de contratación y también contra el ajuste y los despidos.
Porque en estas crisis la primer variable de ajuste son esos miles de jóvenes precarizados, que son los primeros en ser echados como perros.
Pero si se despiertan y la pelean pueden patear el tablero.