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Red Internacional
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XXIX ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES. Después de Salta, el debate

Andrea D'Atri

Andrea D’Atri @andreadatri | Diputada porteña PTS/FIT

Viernes 17 de octubre de 2014

Miles de Mujeres ocupan las calles de Salta en el XXIX Encuentro Nacional de Mujeres. - YouTube

Una década de gobiernos kirchneristas que habían sembrado grandes expectativas en amplios sectores de masas, especialmente entre los más postergados, le abren paso a la derecha: gane el oficialismo o la oposición, el kirchnerismo terminó mostrando, ya sin ambages, su cara pejotista y clerical en sus últimos meses de poder.

Durante algunos años, el discurso por la igualdad de género rebasó las cadenas nacionales y se extendió culturalmente, a través de los medios de comunicación. Pero si eso hizo que las aspiraciones de las masas femeninas se expresaran como ilusión de nuevos derechos y libertades, también es evidente que, para gran parte de las organizaciones de mujeres, eso se tradujo en la expectación pasiva de leyes y algunas reformas obtenidas mediante el lobby y la gestión.

Esa actitud desarmó al sector más conciente en la lucha por los derechos de las mujeres y, ante el giro a la derecha del gobierno en su fin de ciclo –estableciendo un estrecho vínculo con la política vaticana-, dejó sin perspectiva a ese fenómeno social y político que había despertado. Las expectativas no sólo no encuentran respuesta, sino que empiezan a chocar con un kirchnerismo que, ahora, recorta derechos y antepone nuevos obstáculos para quienes sostienen estas legítimas aspiraciones.

Pero, además, se trata de un gobierno que jamás permitirá que se legalice la interrupción voluntaria de los embarazos, lisa y llanamente, porque la presidenta está en contra. Así como se lee: los valores religiosos de Cristina Kirchner se interponen en la vida de millones de mujeres y condenan a la muerte a casi 300 congéneres, cada año, por las consecuencias de los abortos clandestinos. Un verdadero femicidio, durante más de una década, cuya única razón de ser hay que buscarla en la conciencia religiosa de la presidenta.

Los sectores progresistas del kirchnerismo –incluso las diputadas y diputados que firmaron el proyecto de legalización del aborto- argumentarán que Cristina ha manifestado que si se aprobara la ley en el Congreso, ella no la vetaría. Retamos al kirchnerismo, entonces, a que nos demuestren nuestra equivocación y sabremos reconocer el error de nuestro pálpito: aprueben ya el proyecto de ley que la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto presentó en cinco oportunidades. ¡Qué más querríamos que saludar vuestro intento de impedir que sigan muriendo mujeres pobres por causas evitables!

Pero, lamentablemente, la mayoría automática y los procedimientos exprés con los que se votaron el pago a Repsol, el Código Civil y otras leyes que requirió el Poder Ejecutivo, no se utilizan para salvar la vida de las mujeres más pobres del país. Para el sometimiento al imperialismo y al trono de Pedro, disciplina de bloque. Pero cuando se trata de salvar la vida de las mujeres, libertad de conciencia para que los más reaccionarios diputados y diputadas del bloque oficialista no pongan en riesgo sus estrechos vínculos con la Iglesia y el Opus Dei.

El Encuentro Nacional de Mujeres viene siendo, en sus últimas ediciones, una caja de resonancia de ese fenómeno. Mucho más evidente aún, en el reciente de Salta, donde miles de mujeres manifestaron a viva voz su repudio a los femicidios y la violencia de género, su exigencia de legalización del aborto y su rechazo al nuevo Código Civil, que el kirchnerismo aprobó haciendo uso de su mayoría automática en el Congreso.

Esa realidad oprobiosa, palpable para decenas de miles de mujeres que sufren los agravios de una vida enteramente precarizada y violentada, es –en última instancia- el fundamento del visible crecimiento en influencia de las ideas, la política y las propias organizaciones de la izquierda entre las mujeres trabajadoras y las jóvenes estudiantes de todo el país. Y la que explica, también, que sea cada vez más anacrónica e impotente, la pequeña política de grupos anquilosados que pretenden seguir manejando los Encuentros Nacionales de Mujeres a su antojo, intentando evitar que se exprese la confrontación de miles de mujeres con el gobierno y la Iglesia.

Pero la minoría burocrática de la Comisión Organizadora –que concilia con el gobierno y la Iglesia, limando las aristas más críticas y revulsivas que tiene esta reunión anual multitudinaria de las mujeres de Argentina- no podría imponerse si no fuera por las actitudes vacilantes de gran parte del arco de las organizaciones opositoras.

No hay salida en la conciliación y la subordinación a la Comisión Organizadora y por esa vía, al gobierno y a la Iglesia, en nombre de un abstracto “espíritu” del Encuentro. Pero tampoco, en la autoproclamación sectaria que privilegia los espacios propios alternativos, sin dar la pelea contra el statu quo, para liberar el potencial de las miles de mujeres que participan del Encuentro e incluso hacerlo más masivo, democrático y crítico.

Cada vez se hace más evidente que las mujeres que luchan contra la violencia y por el derecho al aborto, si pretenden quebrar la voluntad del gobierno, la Iglesia y la mayoría casi total de la oposición, necesitarán poner en pie un amplio y combativo movimiento militante, organizado desde los centros de estudiantes, las comisiones de mujeres de fábricas y establecimientos de trabajo, desde los sindicatos y las organizaciones sociales, que sea capaz de movilizar a decenas de miles, en las calles, por sus demandas.

Las fuerzas militantes de la izquierda y todas las organizaciones de mujeres, sociales y políticas que participamos de los Encuentros Nacionales de Mujeres y lo hacemos con esta perspectiva, deberíamos aunar esfuerzos al servicio de desarrollar ese amplio movimiento de lucha por los más elementales derechos democráticos que las mujeres no sólo no hemos conquistado, sino que ahora debemos conseguir superando nuevos obstáculos puestos por el kirchnerismo en connivencia con el Vaticano.


Andrea D’Atri

Diputada porteña del PTS/Frente de Izquierda. Nació en Buenos Aires. Se especializó en Estudios de la Mujer, dedicándose a la docencia, la investigación y la comunicación. Es dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Con una reconocida militancia en el movimiento de mujeres, en 2003 fundó la agrupación Pan y Rosas de Argentina, que también tiene presencia en Chile, Brasil, México, Bolivia, Uruguay, Perú, Costa Rica, Venezuela, EE.UU., Estado Español, Francia, Alemania e Italia. Ha dictado conferencias y seminarios en América Latina y Europa. Es autora de Pan y Rosas. (…)

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