Convocadas por el gobierno ultranacionalista polaco, 200.000 personas de Europa del este marcharon en Varsovia este domingo, a 100 años de la independencia de Polonia.
Lunes 12 de noviembre de 2018 12:41
La ultraderecha del este europeo se dio cita en las calles de Varsovia este domingo para celebrar los 100 años de la independencia polaca. Convocados por el partido de gobierno nacionalista polaco, miles de personas pertenecientes a grupos ultraderechistas viajaron a Varsovia para hacer una demostración de fuerzas tras el lema “Dios, honor y patria”.
La movilización estuvo plagada de consignas contra los inmigrantes, la izquierda y contra la alcaldesa opositora de la capital polaca, a la que llaman despectivamente "judía".
El presidente polaco, Andrzej Duda, encabezó la marcha que recorrió las calles de Varsovia.
Aunque predominaron las banderas rojas y blancas (colores nacionales polacos), también pudieron verse emblemas del partido Campamento Radical, una formación polaca que tiene sus orígenes en un movimiento fascista que nació en los años treinta, y del partido político italiano de extrema derecha Fuerza Nueva.
También hubo algunos grupos que corearon mensajes supremacistas a favor de una Europa blanca o contra los refugiados, e incluso se quemaron algunas banderas de la Unión Europea.
El Gobierno polaco organizó y se puso a la cabeza de la movilización tratando de evitar que los grupos de extrema derecha le quiten protagonismo, pero a su vez sellando una alianza con ellos. Por ponerse a la cabeza, Duda encauzó la marcha hacia un acto central con eje excluyente en el centenario de la independencia, el 11 de noviembre de 1918, tras 123 años de haber estado dividida y ocupada por Prusia, Rusia y el Imperio Austrohúngaro.
El ambiente de la marcha era tan xenófobo que el presidente polaco tuvo que insistir en varias ocasiones en que la marcha fuera "inclusiva y abierta a todos". Un discurso que no se condecía con la realidad.
Ya en otras ocasiones, especialmente en 2012 y 2013, la movilización acabó con enfrentamientos contra los grupos antifascistas y con la Policía.
Alianza entre el gobierno nacionalista y los grupos de extrema derecha
La oposición al gobierno del partido nacionalista Ley y Justicia (PiS), intentó frenar la marcha desde el Ayuntamiento de Varsovia. La alcaldesa Hanna Gronkiewicz-Waltz, quiso prohibirla por su carácter radical, y teniendo en cuenta la marcha del año pasado que se organizó bajo el lema “Queremos a Dios”, y terminó en incidentes. Finalmente, la justicia (alineada con el partido de gobierno) desestimó la decisión municipal y autorizó la movilización.
El Gobierno polaco convocó entonces a una marcha unificada de todas las tendencias ultranacionalistas y de extrema derecha, dando legitimidad y legalidad a estos grupos.
Opositores del partido liberal dijeron que era lamentable que el presidente polaco marche junto a grupos radicales con símbolos fascistas.
Por su parta el responsable de la organización antirracista Nigdy Wiecej Rafal Pankowski, dijo que el simple hecho de que gobierno y grupos de extrema derecha hayan podido sentarse a negociar una marcha conjunta es, de por sí, muy preocupante, y refleja un "peligroso" entendimiento.
El presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, estuvo presente en los actos organizados en Varsovia, algo que podría entenderse en clave electoral, ya que el político liberal suena como candidato de la oposición a la presidencia de Polonia en las elecciones de 2020.
La movilización concentró a grupos de extrema derecha de Polonia, Hungría, Italia y Eslovaquia, siendo unos de los más destacados los miembros de Jobbik, el partido político xenófobo y ultraderechista de Hungría.
La marcha del domingo es una muestra del circulo vicioso que comienza en el odio antieuropeo, insuflado por los gobiernos nacionalistas como expresión de las condiciones de opresión en la que son tratados como el patio trasero europeo. Esto es a su vez utilizado por la extrema derecha para convertirlo en un patrioterismo xenófobo contra los migrantes y refugiados a los que usan de chivos expiatorios de la situación social y económica. Así como en Alemania y Francia las propias políticas securitarias y antiinmigrante de sus gobiernos, fortalecen los reclamos de la extrema derecha en ambos países, Polonia aparece como una avanzada, junto a Hungría del experimento de unidad entre gobiernos nacionalistas y grupos de extrema derecha.
El panorama económico que anuncia el estallido de nuevas burbujas en el mediano plazo, puede reforzar esta alianza nefasta. Sin embargo, Polonia fue también en los últimos años escenario de una gran movilización de mujeres contra el intento del gobierno nacionalista y conservador de atacar sus derechos, empezando por el derecho al aborto. Esta movilización se expresó también en oposición política a una serie de reformas, como la judicial. Ese ejercicio que ha venido haciendo el movimiento de mujeres es el que se puede multiplicar por cientos para enfrentar a esa alianza que, todavía no hegemoniza, pero polariza profundamente a la sociedad con el veneno nacionalista.