El viernes 17, el parlamento alemán aprobó un pacto de coloniaje contra Grecia. Aunque una amplia mayoría votó a favor, existió oposición interna en los partidos de gobierno. Una disputa que incluso se refleja en el gabinete de Angela Merkel.

Stefan Schneider Grupo RIO - Berlín
Viernes 24 de julio de 2015
Fotografia : EFE
De los 485 parlamentarios de la coalición de gobierno CDU-SPD, 69 se negaron a seguir la línea de la canciller alemana Angela Merkel en la sesión plenaria del parlamento alemán (Bundestag) el viernes.
Ese día, se aprobaron las negociaciones con Grecia sobre la base del memorándum impuesto el 12 de julio. Uno de cada siete miembros del Parlamento que pertenecen a la coalición de gobierno votaron en contra. Si los separamos por partidos, la desobediencia es mayor: 65 de los legisladores “díscolos” son miembros del partido de Merkel, la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU, por sus siglas en alemán), o su organización hermana CSU, que representa más del 20% de los escaños parlamentarios de la Unión.
Una columna de opinión de Robert Roßmann en la edición del lunes de Süddeutsche Zeitung llegó a decir que sin el apoyo del ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble, hubiera peligrado la mayoría de Merkel en la coalición de gobierno. Cierto o no, esos 65 parlamentarios que votaron en contra (60) o se abstuvieron (5) de la propuesta de Merkel representaron la oposición interna más grande en el partido de Merkel desde su llegada al poder en 2005.
En el pasado, sin importar cual fuera la decisión de Merkel, su partido la seguía de forma unánime, sin importar sin los parlamentarios estuvieran de acuerdo. Pero no sucedió esta vez. Por ese motivo, Roßmann dijo que la votación del viernes había sido “el final de la omnipotencia de Merkel en la CDU”. ¿De dónde surge esta oposición?
Quizás sea demasiado pronto para hablar del final del reinado de Merkel en la CDU, pero es claro que la disputa alrededor de cómo colonizar Grecia ha generado importantes debates dentro de la clase dominante alemana y sus partidos. En particular, durante las últimas semanas, Wolfgang Schäuble se ha transformado en el abanderado de aquellos que apoyan una posición todavía más dura contra Grecia.
Seamos claros, no existe disputa alguna en la burguesía alemana sobre el objetivo final: la dominación indiscutible de Alemania sobre Europa. Ya hace años que es evidente que el imperialismo alemán desea utilizar la crisis económica para redistribuir el poder dentro de la Unión Europea (UE).
Desde el comienzo, la UE ha sido un instrumento del capital alemán, construido para extender su alcance hacia el Este y Sur de Europa, como accesos a nuevos mercados y una fuente de mano de obra barata.
Pero Alemania no era lo suficientemente fuerte para alcanzar este objetivo por sí mismo, y por lo tanto se asoció con Francia, mediante el eje franco-alemán.
En los últimos años, esto ha cambiado. Mientras Francia enfrenta los resultados de la crisis, Alemania ejerce presión sobre el resto de Europa, utilizando Grecia como un laboratorio de sus políticas. La Troika, el conglomerado del FMI, el BCE y las instituciones de la UE que establecen las medidas de austeridad para Grecia, está claramente dirigida por los representante del capital alemán.
De aquí surge la disputa: ¿Alemania ya es lo suficientemente fuerte para deshacerse de la diplomacia y dominar Europa sin prestar atención a lo que dicen otros países imperialistas? Dos de los países imperialistas más poderosos del mundo, Francia y Estados Unidos, han advertido sobre la necesidad de recortar en alguna medida la deuda griega, para no poner en peligro la eurozona y evitar que se fortalezca la posición geopolítica de países como Rusia o China.
Wolfgang Schäuble, sin embargo, se ha posicionado directamente contra cualquier alivio de la deuda griega, y propuso incluso un “Grexit temporal” — en oposición a Merke, y al SPD, socio de la Gran Coalición. Incluso después de muchas críticas y la votación del viernes, Schäuble ha reiterado su propuesta varias veces. En las negociaciones previas al acuerdo firmado el 12 de julio, su posición dura amenazaba con presionar a los representantes griegos a rechazar el memorándum.
Por ahora, las tácticas extorsivas de Schäuble resultaron exitosas, y el gobierno de Syriza sucumbió completamente ante el pacto de coloniaje. Pero muchos temen que si se ejerce demasiada presión pondría en riesgo a toda eurozona — y, por lo tanto, a todo el mercado europeo de Alemania.
Merkel y políticos de alto perfil del SPD como el ministro de Economía, Sigman Gabriel, o el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, no se quedaron atrás en su retórica extorsiva contra Grecia, pero ninguno fue tan lejos como Schäuble. El ministro se presenta como parte del establishment conservador que insiste en una política exterior mucho más agresiva.
Por el momento, las disputas internas en el gobierno alemán no han llevado a fracciones irreversibles dentro de los partidos de gobierno. Ambas estrategias, las representadas por Merkel y Schäuble, son dos caras de la misma moneda. En la situación actual, la retórica más agresiva de Schäuble puede incluso ser beneficiosa para Merkel —externamente, si se utiliza con gestos diplomáticos, e internamente, para mantener a los críticos del partido a raya.
Pero existe un costo. Schäuble ya ha anunciado que estaría dispuesto a renunciar como ministro de Finanzas si se ve obligado a actuar contra sus convicciones. Otra extorsión, pero esta vez contra Merkel. El resultado todavía está por verse, pero una cosa está clara, el imperialismo alemán se dirige a un camino de mayor agresividad.