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Convención constitucional. Dos restauraciones para la crisis del Estado Burgués en Chile ¿Qué representan y hacia dónde van?

A tan sólo 4 meses de su instalación en el poder, el gobierno de Gabriel Boric se encuentra debilitado, la política del “Rechazo” gana espacio y el escenario pareciera ser más favorable para la derecha. A medida que se acerca el plebiscito, los partidos políticos del régimen despliegan la posibilidad de una nueva “cocina” parlamentaria para moderar aún más la nueva Constitución. Se hace urgente levantar una posición independiente, que dialogue un programa con los sectores que votarán “apruebo” críticamente y que comienzan a decepcionarse del Gobierno de Apruebo Dignidad.

Viernes 22 de julio de 2022

El Gobierno de Boric

La debilidad del Gobierno de Boric que señalan las encuestas es momentánea. Podría revertirse a partir de la implementación de las reformas comprometidas, comenzadas -tardíamente- con la reforma tributaria que apunta a financiar aquellas políticas públicas, o eventualmente la reforma de pensiones que fue anunciada. Pero hasta el momento, el Gobierno mantiene una alta desaprobación, y su sello actual está marcado más por el giro securitario y represivo: el apoyo a carabineros sin reforma, el uso sistemático de las FFAA para intervenir en el Wallmapu, el desconocimiento de la existencia de presos políticos y la escandalosa ley de infraestructura crítica. En un primer momento, el Partido Comunista (PC) jugó un rol de presionar “desde la izquierda” con Jadue y Telier, rol que abandonó con rapidez, por ejemplo, en la discusión de los retiros de las AFP.

Los grandes empresarios presionan al poder ejecutivo, y si bien el PC ocupa el Ministerio del trabajo, no parece importar mucho al momento de reprimir a los trabajadores subcontratados de ENAP, o al momento de cerrar Ventanas con un discurso ambientalista, lo que en realidad era una decisión económica junto al Consejo Minero para favorecer la exportación de mayor concentrado de cobre: una decisión en pos del saqueo de la materia prima del país, en vez de invertir en nuevas fundiciones con estándares ambientales serios, poniendo a más de 800 familias frente al trance de perder sus ingresos para vivir.

La carestía de la vida se incrementa, por lo que el aumento del salario mínimo a 400 mil resultó ser completamente insuficiente, en especial con la actual inflación. No obstante, la mayoría de los dirigentes de las grandes centrales y Federaciones sindicales, se han mostrado abiertamente pro-Gobierno, llevando adelante una tregua sagrada con el oficialismo. No es de sorprender, ya que son dirigentes del PC y el Frente Amplio, o sectores afines a estos.

En política internacional, lejos de estar a la izquierda, Boric se ubicó junto a EEUU y la OTAN en el conflicto por la invasión de Rusia a Ucrania, su línea a la administración Biden, despejan toda duda sobre su ubicación. Y es que el Gobierno actual corresponde a un gobierno reformista-pequeño burgués, pero en alianza con partidos burgueses de los últimos 30 años, como el Partido Socialista (PS). Es un gobierno que ha decidido navegar en dirección a la ex-Concertación, buscando estabilizarse.

La mayor crisis del Gobierno es que está atado a la Nueva Constitución y aunque busque ahora separarse, vislumbrando un eventual triunfo del rechazo, metiéndose en la discusión del mecanismo, no logra revertir la tendencia. Es un escenario abierto que, sin embargo, tiene una marcada inclinación hacia la derecha, que aún es precaria, no asentada. Hasta el momento la agenda de los partidos políticos de derecha y los temas de orden y seguridad pasan a tener más peso en la superestructura política y los medios de comunicación; pero también hay un fortalecimiento relativo del Rechazo que avanza sobre sectores reales de la población.

Si bien la lucha de clases no marca la tónica actual, hay fenómenos por izquierda que hacen contrapeso a la derechización de la situación política. El movimiento estudiantil, secundarios y universidad, durante el primer semestre, movilización por la vivienda en pobladores y chispazos en el movimiento obrero. A pesar de que se ha fortalecido el Rechazo, persiste una crisis orgánica de las instituciones del viejo régimen como los partidos políticos, el parlamento y el poder judicial. La tendencia a la derecha en la coyuntura es de carácter precario y abierta a giros abruptos. El Gobierno de Boric se encuentra atrapado en esta situación, tironeado por izquierda y derecha, aunque parece empeñarse en ceder a la derecha de los tirones.

Las 2 restauraciones para la crisis del Estado Burgués: Apruebo o Rechazo

La apuesta real de los poderosos para cerrar la crisis abierta por la Rebelión de octubre no está en el Gobierno, sino que en el plebiscito. Se enfrentan 2 proyectos que tienen por objetivo la restauración de la crisis del poder estatal y que se pelean la hegemonía en un escenario político de alta inestabilidad.

Por un lado tenemos el Rechazo. Un proyecto de restauración autoritario y conservador, de carácter bonapartista (o “portaliano”, si se quiere). Aquí están agrupadas las fracciones de clase más reaccionarias. La gran burguesía chilena, los Matte, Piñera, las AFPs. Los partidos de la derecha, que se recomponen camino al Plebiscito. Desde Chile Vamos al Partido Republicano, toda clase de grupos de ultraderecha como Team Patriota y A.P.R.A, pero también, por otro vértice, Amarillos por Chile y toda una gama de figuras históricas de la Concertación en un patético desplome hacia la derecha, que evidencia un sector de la Burguesa más "de centro" alineándose con el Rechazo.

El Rechazo no es solo la reacción a la Revuelta, expresa también una tradición de la burguesía oligárquica chilena, que busca restringir la participación en el Estado y fortalecer sus rasgos más autoritarios y de fuerza. Es una burguesía que siente desprecio por la "sociedad civil" incluso en su sentido democrático burgués. Toda la crispación por moderadas formas de integración y cooptación al régimen, como el problema de la plurinacionalidad o los tribunales indígenas, es expresión de una gran burguesía ultra reaccionaria que no quiere ceder ni un centímetro del aparato político.

La derecha es consiente de esto y busca dar garantías a mas sectores con su Rechazar para reformar, el hecho de que todo Chile Vamos reconozca que la constitución del 80 no va más y se comprometa a trabajar por una nueva constitución (mucho mas controlada por las instituciones del régimen y los "expertos") es una prueba clara de que buscan dar garantías de cambio y así confluir con Amarillos por Chile y esos sectores concertacionistas que giraron a derecha, afinando un discurso más al "centro", que es en el fondo una gran operación del actual régimen por mantenerse lo más intacto posible. Aquellos que se opusieron históricamente a los derechos de las mujeres y la diversidad, que criminalizaron la movilización y legislaron para fortalecer a la represión, aquellos que velan por las AFPs y el empresariado, prometen hoy “hacer los cambios necesarios”. Son defensores de la herencia de la dictadura, defensores de un proyecto autoritario y antiobrero. La gran burguesía y la derecha aprovechan la confusión y desmoralización impulsando una campaña del terror y fake news que apunta a instalar la idea de que Chile se encamina a un régimen de izquierda radical. Algo totalmente delirante.

La desmoralización y decepción en torno al proceso constituyente, ajeno a las necesidades populares puestas en las calles por la rebelión, ha constituido un elemento importante en el fortalecimiento de la derecha. El gobierno de Boric empuja en el mismo sentido, tomando la agenda inconclusa de Piñera en materia de represión y el uso de las FFAA. Todo esto fortalece a la derecha y al Rechazo.

El otro proyecto de restauración del Estado burgués que disputa la hegemonía es el Apruebo. Es el proyecto nacido del desvío de la rebelión, pactado en el Acuerdo por la Paz del 15N de 2019, y redactado por la Convención Constitucional. Tras el Apruebo están importantes sectores y figuras de partidos burgueses históricos: Bachelet, Escalona, Provoste y el ala oficial de la Democracia Cristiana. Toda la centro izquierda neoliberal, el PS, el Partido Por la Democracia (PPD) y el Partido Radical. Y cuenta con el visto bueno del imperialismo a través de multinacionales y fondos de inversión norteamericanos como Morgan Stanley. Con todo, el Apruebo está lejos de ser un bloque homogéneo, y se encuentran ahí sectores pro-burgueses y concertacionistas, como también sectores más plebeyos, y el PC la ex Lista del Pueblo.

El Apruebo oficialista corresponde a una restauración progresista-moderada. Un tímido intento por cooptar/integrar a otros sectores de la sociedad civil, mediante el fortalecimiento parcial de la burocracia sindical y mediaciones de los movimientos sociales y el mundo de los pueblos originarios, y el reconocimiento formal de derechos históricamente negados. No obstante, se mantiene intacto el cobre en manos de privados, no termina con las AFPs y no toca los tratados internacionales (la relación con el imperialismo). Apuntan a un “Estado (burgués) ampliado”, cooptando movimientos y capas sociales oprimidas, con el objetivo de pasivizar las tendencias a la crisis que marcan la etapa actual.

Esta cooptación intenta dialogar con sectores que tienen la legítima aspiración de que se acabe la herencia de la dictadura y su constitución. El Apruebo y la Nueva Constitución son el proyecto del desvío “democrático” por excelencia: de ser derrotado en el plebiscito, todo el proceso constituyente quedaría en el aire. Por lo mismo, sectores de centro y centro-izquierda en el Apruebo, arrastrados por la tendencia de la coyuntura a la derecha, plantean “Aprobar para reformar” (como el PPD): moderar aún más la ya moderada propuesta. Lo anterior revela una tendencia. Una nueva cocina se prepara post plebiscito, gane el Apruebo o el Rechazo, hay un amplio acuerdo en los partidos e instituciones del régimen de ir a "reformas" que estabilicen aún más todo “al centro”.

El ala izquierda del Apruebo (el PC, la ex Lista del Pueblo, Movimientos Sociales Constituyentes) consolidó el desvío institucional de la lucha de octubre, y han sido claves en el fortalecimiento de la derecha y la pasivización de los sectores. Al interior de la Convención Constitucional (CC) la pelea por la libertad de los presos políticos (que la hubiese enfrentado al régimen y su división de poderes) y del programa de la rebelión: poner fin a la salud para ricos y otra para pobres, terminar con la educación de mercado y garantizar educación y salud pública y gratuita y de calidad; de no resolver problema de pensiones de hambre, más en momentos de crisis; de no resolver salarios de hambre y la precariedad laboral). No vieron en la movilización la base para conquistar cualquier derecho y se subordinaron a los tiempos y mecanismos del régimen, haciendo parlamentarismo puro y horadando su propia base en la CC. Estos elementos han sido claves en la desmoralización y confusión sobre la cual busca avanzar la derecha y sectores burgueses.

Gane el Apruebo o el Rechazo, los dos proyectos son muy inestables y en vez de cerrar el ciclo, van a alargarlo. La tendencia a la crisis no se cierra en el plebiscito, sin embargo un resultado que de el triunfo al Rechazo mostraría un preocupante cambio en la correlación de fuerzas políticas y nadie serio podría tomar esto como un triunfo para los sectores populares y los trabajadores.

La pelea de levantar una posición de independencia política de la clase obrera

Hay que enfrentar y denunciar con todo al Rechazo. La opción más reaccionaria de la gran Burguesía, que pretende retrotraer todo a antes del 2019. Hablamos de un proyecto de restauración autoritario y conservador, neoliberal y anti obrero, que debe ser combatido y erradicado de la conciencia de la clase trabajadora.

Existe un amplio sector del pueblo y la juventud que honestamente quieren ver caer la constitución de Lagos-Pinochet, coincidimos en ese espíritu con elles, que se viven el descontento por la derechización del Gobierno de Boric y que salieron a luchar en la Rebelión. Y hoy votarán Apruebo contra la derecha. Estos sectores deben comprender que los derechos de las mujeres, los pueblos originarios, los trabajadores y la juventud se arrancan con movilización, no son regalados en el papel, y por cierto que la Nueva Constitución que toma parcialmente estos derechos tampoco constituye garantía alguna de los mismos, en especial si ya hay un acuerdo en los políticos del régimen por moderar aún más el texto. Pero incluso si esta operación del régimen de segunda cocina, no funcionara, la Nueva Constitución no resuelve la situación abierta, y no puede resolverla tampoco, ya que deja intacto el modelo económico de la dictadura, sostenido por bajos sueldos, precarización, represión y zonas de sacrificio.

No se puede confiar en que triunfando el Apruebo se habrán conquistado ya nuestras demandas, más allá del problema táctico del voto incluso. Nulo o Apruebo, el pueblo trabajador no puede caer en la ilusión de creer que sus derechos se consiguen y protegen solo en el papel, menos aún en una constitución burguesa. La importancia aquí de levantar una posición de independencia política de clase, que ponga al centro la pelea por las condiciones de vida de las masas, es clave, que plantee que todo salario y pensión parta de un mínimo de 650 mil pesos reajustable a la inflación, por la reducción de la jornada laboral sin rebaja de salario y repartiendo el trabajo entre trabajadores ocupados y cesantes, contra el alza de precios y la especulación, nacionalización inmediata de las empresas que especulan y se coludan contra el pueblo (como las del Gas), nacionalización de los principales recursos estratégicos (como el Cobre) bajo gestión de los trabajadores y las comunidades, para financiar salud, educación y vivienda gratuitas. En última instancia un programa que pelee porque la crisis la paguen los empresarios y no el pueblo trabajador.

Ningún proyecto burgués de restauración, moderado o radical, autoritario o democrático, constituye un horizonte real para el pueblo trabajador y la juventud. Se trata de acabar con la opresión y explotación Capitalista, no solo con tal o cual régimen, y pelear por una sociedad donde el pueblo trabajador se constituya en la cabeza y dirección de una democracia superior, donde mediante sus organismos e instituciones, decida su propio destino.