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Inundaciones. Échale la culpa… al cambio climático

A horas de cerrar la edición del sábado de La Izquierda Diario, las aguas en muchos de los municipios de la provincia de Buenos Aires todavía no habían bajado: Luján, Bragado, Bahía Blanca, Coronel Pringles, Marcos Paz y La Matanza, en el conurbano bonaerense, las zonas más afectadas por las inundaciones que comenzaron con la fuerte tormenta el miércoles 29 a la madrugada.

Mirta Pacheco @mirtapacheco1

Sábado 1ro de noviembre de 2014

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  • Pilar Andrea Jira
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Ese mismo día escuchábamos a Capitanich dar cifras de este temporal: “Son diecisiete municipios afectados, mil evacuados, mil quinientas viviendas destruidas…”. Un impertérrito “Coqui”, como si no se tratara de las cosas que con mucho esfuerzo el pueblo trabajador tarda toda una vida para obtener: viviendas, sus pertenencias, leía cifras hablando de las “fuertes tormentas que provocaron estas inundaciones”.

Al día siguiente el ministro de Infraestructura bonaerense, Alejandro Arlía, kirchnerista el hombre, declaraba: “Las obras son insuficientes para este cambio climático…” Sólo en palabras (que se lleva el viento y las aguas) quedaron las afirmaciones de Scioli cuando asumía Arlía, a principios de 2012: “En Infraestructura ya está trabajando el ministro Arlía en todo lo que es la readecuación de nuestra infraestructura para esta nueva realidad pujante y productiva de nuestra Provincia” Un año más tarde, las inundaciones en la ciudad de La Plata cegaba la vida de noventa personas y aún hoy los platenses siguen padeciendo las consecuencias. Mientras esto pasa el cinismo del seguro precandidato presidencial del PJ no tiene límites: el jueves anunciaba créditos para los inundados del 2014.

Para el Gobierno nacional que ya casi ni mantiene su discurso “nacional y popular”, que viene emprendiendo un franco derrotero de derecha, apropiándose del programa de la oposición patronal en materia de seguridad , reformas del Código Civil y Código Procesal Penal mediante, curso de derecha que se expresa también en materia de leyes que afectan nuestra soberanía, lo que para el pueblo trabajador significa pérdidas irrecuperables, desolación, angustia, en definitiva: tragedias sociales; para ellos que viven como millonarios sólo significan números fríos.

Pero los integrantes del Gobierno de Scioli, el más firme sucesor de Cristina, como vimos sí encontraron un responsable: el cambio climático. Claro que los fenómenos meteorológicos no se pueden evitar y por supuesto que el factor denominado así existe. Pero los miles y miles de evacuados en esos municipios más afectados, los que una vez más pierden lo poco que poseen conocen lo engañoso de esa respuesta.

Si quienes gobiernan desde hace una década hubieran invertido lo necesario en obras hidráulicas, si la gran mayoría de las viviendas afectadas no tuvieran que construirse en zonas lindantes a los arroyos que se desbordaron, porque esa ubicación de las casas implican mucho menor costo para acceder a ellas, si las calles estuvieran asfaltadas y por ejemplo las ambulancias pudieran acceder a los barrios más populosos y no quedaran atascadas por el lodazal, las consecuencias de las fuertes tormentas que sobrevuelan desde hace ya tres días los cielos de la provincia de Buenos Aires, se podrían haber evitado o mínimamente reducirlas al máximo.

Como afirmábamos en la edición del jueves. Ahí están por ejemplo los habitantes de González Catan y de Virrey del Pino en La Matanza, que están sin luz desde el miércoles y que denunciaban que iban al Municipio a pedir colchones, frazadas, etc. porque 1 metro de agua… y la desidia de los gobernantes se apoderó de sus casas, y no les daban. Vecinos afirmaban que querían que fuera algún funcionario público al barrio para que vea el estado de cosas y nadie hasta el viernes por la noche nadie se había acercado. El barrio El Ceibo, otro barrio popular de ese Partido del Oeste, comenzó a inundarse cuando las aguas de otros barrios lindantes comenzaban a bajar, porque la Municipalidad que ahí sí asfaltó las calles, no hizo bocas de desagüe. Allí tampoco ningún funcionario de Espinoza el intendente matancero, se presentó.

¿Cambio climático o desidia de los gobernantes?

En La Matanza (el corazón del PJ bonaerense) son cerca de dos mil los evacuados y casi tres mil los autoevacuados, en diecisiete distritos de la provincia suman casi dos mil, en la localidad de Jáuregui ayer viernes por la noche todavía continuaba desaparecido el adolescente de catorce años que fue arrastrado por la crecida del río Lujan.

Y cuando bajen las aguas los habitantes de esos partidos y localidades se tendrán que enfrentar a las enfermedades que deja tras de sí las inundaciones: intoxicación con alimentos, hepatitis, diarreas que afectan fundamentalmente a los niños. Los hijos de las familias trabajadoras son siempre ante estas tragedias sociales las primeras víctimas, pero no de un “cambio climático” sino de la desidia de quienes nos gobiernan, para con la suerte de la población trabajadora: desde el gobierno nacional, provincial hasta los intendentes. Si no es así dónde están las obras, dónde las inversiones que realmente se necesitan para entubamientos de canales y arroyos, dónde los operativos de emergencia con los funcionarios al frente de ellos, más allá del trabajo que vienen realizando las cuadrillas de bomberos, para la evacuación de la población más afectada.

Por estos días, una vez más, todo el país pudo observar por los medios que es la solidaridad de esos pobladores afectados lo que impide que el desastre sea mayor, incluso algunas organizaciones obreras, donde no por casualidad tiene peso la izquierda, son las que se pusieron al frente de recolectar alimentos y abrigos para aquellos que todo lo perdieron. Por ejemplo desde el SUTEBA Matanza o de la fábrica gestionada por sus trabajadores MadyGraf (ex-Donnelley) de Garín, provincia de Buenos Aires.

Son estos hechos, que nos conmocionan a todos, los que ponen de manifiesto esa gran solidaridad de clase y cómo actúan los políticos que responden a intereses tan alejados de los de la población.

Cambio climático: sí existe. Desidia de quienes nos gobiernan: también.