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Red Internacional
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DÍA DEL TRABAJADOR. El 1° de mayo y las convocatorias alternativas

El 9 de abril la dirección de la CUT, representada por la presidenta Bárbara Figueroa, el vicepresidente Nolberto Díaz; el encargado de organización Guillermo Salinas y Valentín Vega, Encargado de Comunicaciones; se reunió con la Comisión de Trabajo de la cámara con Lautaro Carmona, que preside la instancia, con Osvaldo Andrade, Denise Pascal, Tucapel Jiménez, Cristian Campos y Patricio Vallespin.

Juan Valenzuela

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.

Jueves 16 de abril de 2015

Esta reunión no es producto de un combate, una negociación inevitable entre dos fuerzas que confrontan sus intereses. La estrategia de la CUT, por el contrario, consiste en colaborar con los parlamentarios. Esto no es casual: el PC, fiel defensor de la Nueva Mayoría -el partido del conglomerado que ha defendido con la mayor disciplina a Bachelet e incluso al indefendible Sebastián Dávalos- preside la Comisión de Trabajo y la CUT y su estrategia no apuesta por la independencia política de los trabajadores.

A juicio de Figueroa este “es un espacio que creo era necesario porque son los parlamentarios que han estado a disposición de legislar sobre la materia y por tanto, es con quienes en primer lugar uno debe reunirse. Con quienes se han mostrado reacios a discutir una reforma laboral en curso, evidentemente que consideramos que su opinión es relevante, pero creíamos que el primer gesto es para quienes hoy han abierto la puerta a este debate.” (cutchile.cl)

Efectivamente para Figueroa y los dirigentes oficiales de la CUT son los parlamentarios y la Nueva Mayoría quienes han abierto la puerta al debate. Aunque ocasionalmente algunos pongan énfasis en las críticas, como lo han hecho Nolberto Díaz o Arturo Martínez, es un consenso de toda la burocracia de la CUT, que el rol de la central debe ser aportar con indicaciones a la reforma del gobierno cumpliendo un rol similar al de unos asesores de quienes son considerados como los únicos sujetos capaces de elaborar una legislación acorde a las necesidades de los trabajadores: los parlamentarios.

El rol de los trabajadores de base, para la dirección de la CUT, se reduce a “ejercer presión” cuando los dirigentes lo estimen necesario. No está excluido que las circunstancias empujen a los dirigentes a acciones de movilización. Por mientras, acorde a su estrategia, debemos permanecer expectantes a sus gestiones. De ese modo quieren introducir indicaciones. Pero sí ha existido algo de apertura de parte del gobierno y de los principales partidos de la Nueva Mayoría a aceptar parte de las propuestas de la CUT en relación a la reforma laboral -por ejemplo a retirar la definición de “pacífica” para la huelga o a acotar todavía más el concepto de servicios mínimos-, en buena medida, es porque no quieren abrir nuevos flancos en un momento político complejo, abierto por los casos Penta y SQM en los que la Nueva Mayoría también está implicada. ¿Hasta qué punto accederán el Parlamento y la Nueva Mayoría a los requerimientos de la CUT?

Otro elemento que es necesario introducir en el análisis es una pregunta: ¿Existe una fuerza política capaz de desplazar a la Nueva Mayoría de la dirección de la CUT? La respuesta es negativa. De todos modos, la lucha de los profesores que en octubre y noviembre protagonizaron la “rebelión de las bases” es sintomática: podrían comenzar a desarrollarse cuestionamientos a los métodos burocráticos que emplean las direcciones sindicales predominantes. Eso podría alimentar las condiciones para que la burocracia sindical sea desplazada. La burocracia sindical es algo que se observa desde los niveles más bajo hasta los más altos: dirigentes que dejan de trabajar, que deciden todo lo importante a espaldas de los trabajadores, que colaboran con los “jefes” o en este caso con el gobierno. ¿Está planteada la posibilidad de que nuevos sectores de la clase trabajadora continúen el camino de la “rebelión de las bases” de los profesores?

Algunas corrientes sindicales de menor peso optan por no “rebelarse” contra los dirigentes oficiales, si por “rebelarse” entendemos “dar la pelea” y no “restarse” de ella. Así como forman sindicatos paralelos, pequeñas federaciones o confederaciones no afiliadas a centrales, etc., centrales paralelas; e incluso llaman a una “nueva central” como dice el Comité de Iniciativa por la Unidad Sindical (CIUS); hacia el 1° de mayo convocan aparte. En un afiche que circula con las firmas del CIUS y la Unión Clasista de Trabajadores (UCT); se convoca para este día del trabajador a marchar desde Brasil al frontis de la USACH. Si la marcha de la CUT irá en un sentido, ellos marcharán en otro. Quienes se convocan acá hasta ahora solían convocarse en Plaza Brasil.

Por mucho que estos dirigentes planteen críticas muchas veces acertadas a la dirección de la CUT, al restarse de dar la pelea al interior de esta central lo que el 1° de mayo se reflejará en la acción de alejarse de la marcha principal, rehuyen propiciar una “rebelión de las bases” en los sindicatos controlados por la Nueva Mayoría. Debemos preguntarnos: concretamente, que los opositores se vayan lejos a otro espacio, ¿será un factor de tranquilidad o de incomodidad para la burocracia predominante? Evidentemente, de traquilidad.

Quienes militamos en el PTR y Alternativa Obrera llamamos a marchar en la marcha central, pues así como es necesario recuperar los sindicatos de las manos de la burocracia sindical, también es necesario estar ese día allí mostrando una alternativa y no escondiéndola “varias cuadras más allá”. Es necesario exigirle a la CUT, un paro y un plan de lucha para conquistar un nuevo código laboral. Esto debe ser parte del combate por formar una tendencia clasista de trabajadores, antiburocrática, que se proponga recuperar la CUT de las manos de la Nueva Mayoría.


Juan Valenzuela

Santiago de Chile

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