La reforma universitaria que plantea el 3+2 pone en peligro asignaturas como género, hasta ahora obligatorias en algunos grados de la Universidad de Barcelona.

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero
Jueves 17 de marzo de 2016
El nuevo plan de estudios que se quiere aplicar en las universidades públicas, conocido como 3+2, hace peligrar algunas asignaturas. ¿Por qué? Porque de los actuales cuatro años de grado se quiere pasar a tres, y por consiguiente muchas asignaturas que están en el grado desaparecerían o serían integradas en otras. En el 3+2 el “3” hace referencia a los años de grado, y el “2” a los años de máster. Una de las intenciones es que algunas de estas asignaturas pasaran al cuarto año; es decir, al primer año de máster, donde supuestamente los y las estudiantes se especializan.
El 3+2 ha levantado muchas críticas entre el estudiantado por la imposición de dos años de máster, siendo el precio de un máster mucho mayor que el del grado. El rector de la Universidad de Barcelona ha salido varias veces a calmar los ánimos asegurando que “el gobierno catalán se ocupará de que el precio del primer año de máster sea el mismo que el de grado” (Dídac Ramírez, La Vanguardia 05/03/2015) Pero esta decisión no compete a la universidad sino a la Generalitat y al dinero que destinen.
No obstante el 3+2, aun a precio de grado, excluirá a gran parte de la juventud precaria del acceso a estudios universitarios. Ya con Bolonia, y después las diferentes subidas de tasas, miles de estudiantes fueron expulsados por no poder hacer frente a los pagos, a lo que contribuyó también la reducción de becas. En el curso 2010-2011 un crédito en la universidad pública catalana costaba 18,61 euros, por lo que 60 créditos – 8 asignaturas en el primer año de grado- costaban 1116,6. Para el curso 2015-2016 el precio del crédito es de 25,27; la matriculación de 60 créditos asciende a 1516,2. Todo esto sin contar las tasas, la gestión de expediente y otros cargos que pueden hacer ascender la matrícula unos 140 euros (datos de la Universidad de Barcelona)
Las asignaturas de género suenan como candidatas a desaparecer. Aunque no es oficial, tiene muchas probabilidades debido a la concepción generalizada de que vivimos en una sociedad que ha erradicado los comportamientos machistas. Otro argumento es que el resto de asignaturas ya incorpora una perspectiva de género en su temario, y por ello las asignaturas específicas de género no son necesarias. En la mayoría de grados de Ciencias Sociales de la UB hay una asignatura obligatoria de género (género e historia, arqueología del género…) Y sin embargo se considera insuficiente porque en el resto de asignaturas no suele haber un temario que incluya la perspectiva de género. Por ejemplo, en muchas clases de historia contemporánea no se estudia el papel de las mujeres, a pesar de que jugaron un rol decisivo en levantamientos, revoluciones y en la lucha por sus derechos. Tampoco se estudian historiadoras, antropólogas o arqueólogas relevantes. Cuando se hace es por la voluntad de la profesora o el profesor pero sin respaldo de la academia y el plan de estudio.
Tampoco son raros los obstáculos que los grupos de estudio tienen cuando quieren sacar adelante proyectos relacionados con la mujer o el feminismo. Alegando falta de presupuesto, se quedan en el tintero decenas de proyectos. Porque los estudios feministas y de las mujeres no son rentables, no interesan y por lo tanto no se aceptan. Pero aun así nos dirán que el machismo está superado, y la perspectiva de género integrada en la universidad. Huelga decir que muchos profesores y profesoras se niegan a incluir esta perspectiva en su temario, e incluso critican y ridiculizan los argumentos de alumnos y alumnas que les discuten que es necesario.
El pasado 8 de marzo, la Comisión de Igualdad de la UB, las compañeras de la Comisión Feminista del Raval y la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas, organizaron el debate ‘¿Por qué queremos más estudios feministas en la Universidad?’ Se debatió la limitación de luchar defensivamente para conservar las asignaturas de género que ya se tienen. Se planteó este momento, el de proceso de implantación de un nuevo plan docente para el curso 2018-2019, como el momento para luchar por un aumento de los estudios feministas y de mujeres, a la vez que una revalorización de los mismos.
Pero este aumento supone un problema: la falta de personal docente para llevarlos a cabo. En una universidad pública donde la precarización del personal docente ha ido aumentando, y el relevo generacional (jubilaciones de profesoras y catedráticas) dejaría un vacío para hacer frente a un aumento de asignaturas e investigaciones. Lo que nos debería llevar a unir la lucha por más estudios feministas y de mujeres con la lucha contra la precarización del personal docente, y no docente, de las universidades: el fin de los asociados y las asociadas, y su paso a personal docente fijo.
Por todo esto, alumnas y profesoras creamos hace unos meses la Comisión Feminista del Raval, abierta para quien quiera participar. El objetivo de la Comisión Feminista es luchar contra el machismo de las universidades; contra los múltiples casos de violencia machista hacia alumnas, profesoras y personal no docente; por el aumento de estudios y asignaturas feministas y de mujeres; y por una educación pública, universal, gratuita y libre de machismo, racismo y LGTBIfobia. Por ello animamos a todas las estudiantes y profesoras –asociadas o titulares- a participar en las próximas reuniones para juntas poder organizarnos para enfrentar estas situaciones y ataques.