Los cambios en el impuesto al salario se hicieron mirando a las negociaciones paritarias. La intención del gobierno, achicar los porcentajes de aumento salarial.
Esteban Mercatante @EMercatante
Martes 5 de mayo de 2015
El gobierno reforzó en la última semana la presión para que las negociaciones salariales paritarias cierren en 25 %. Así lo transmitió a gremios y cámaras empresarias. El presidente de la Unión Industrial Argentina se manifestó “totalmente de acuerdo” con el planteo del gobierno, considerando que “es sólido para evitar que se disparen los precios”. Al mismo tiempo, el vicepresidente de la entidad consideró que el gobierno debería dictar una suba salarial “por decreto” fijando el tope de 25 %.
Las modificaciones en las escalas de Ganancias son parte de la persecución de este objetivo. Aunque el gobierno buscó poner el acento en el supuesto sesgo progresivo de las modificaciones en el impuesto a las Ganancias que afecta a los salarios, ni los gremios más cercanos acompañaron esta afirmación. “Un parche”, dijo Gerardo Martínez, de la UOCRA, sobre los cambios implementados en las escalas. No fue ninguna vocación por imponer una estructura impositiva menos regresiva –que debería empezar por otro lado, por ejemplo gravando la renta financiera– lo que movió al gobierno a aplicar los cambios en las escalas de Ganancias. Fue la necesidad de despejar el panorama de las negociaciones paritarias.
También hay un cálculo político: no perder terreno con los candidatos opositores que aunque coinciden en garantizar los negocios capitalistas, hacen demagogia con la eliminación del impuesto al salario. Es el caso de Sergio Massa, con buena llegada a las cúpulas sindicales.
En cualquier caso, el gobierno tuvo en cuenta que detrás de las especulaciones de las centrales opositoras, el paro del 31 de marzo había mostrado un malestar de una gran parte de la clase trabajadora.
Otra vez pierde el salario
Desde principio de año los gremios especulaban con que, tratándose de un año electoral y el último del mandato de Cristina, el gobierno daría cuerda para que las negociaciones salariales cerraran en niveles que permitieran una real mejora del poder adquisitivo. Es decir, que a diferencia del año pasado en el que los salarios perdieron la carrera con la inflación y en términos reales vieron disminuir su poder de compra en 5,5%, este año ocurriría lo contrario. Esto se esperaba como parte de la batería de medidas para estimular el consumo, como los beneficios mediante SUBE y la extensión de Ahora 12. Pero parece que no va a ser así. El ministro de Economía, Axel Kicillof, viene haciendo circular la decisión de que el tope baje a 25%, desde los 30/32 donde se venía moviendo hasta hace un tiempo atrás.
Con la inflación acumulada de 37% durante el año pasado (durante el cual los salarios promediaron aumentos de 25,7% en términos efectivos) y un aumento de precios esperado para este año cercano a 30% según las proyecciones privadas más optimistas, se acumularían dos años de pérdida de los salarios ante la inflación.
Esto dejó tecleando a algunos de los gremios que todavía militan en el oficialismo, como la UOM de Caló. Los metalúrgicos habían comenzado la negociación paritaria planteando un aumento del 32 %, resistido por los empresarios del sector, que arrancaron con un 22 %. El acuerdo parecía cercano a cerrarse en 28 %. Pero la posibilidad de cerrar el acuerdo fue frenado por la Presidenta, bajo la indicación de que los acuerdos deben ajustarse a este nuevo techo. Comercio estaba moviéndose en niveles similares, y también quedaría trabada por la directiva de la Rosada.
El anuncio de Ganancias de ayer pretende destrabar la posibilidad de ajustar al aumento de 25 %. Pero este “parche” apenas si devuelve una parte de la erosión que los salarios mayores a 15 mil pesos sumarán entre el año pasado y este por efecto de la inflación. Para los trabajadores casados con dos hijos que ganan entre 15 mil y 20 mil pesos, la disminución de lo que pagarán por ganancia equivale a una mejora del salario del 6 %. Según estimaciones de CIFRA, Centro de estudios impulsado por la CTA oficialista, el año pasado los salarios registrados perdieron en promedio 5,5 %. Es decir casi lo mismo que “devuelve” el gobierno con el cambio en los impuestos. Considerando que la contraparte de esta “concesión” que hace el gobierno es el disciplinamiento de los gremios para negociar a la baja en paritarias, lo que ganen los asalariados por el lado de los impuestos lo perderán por partida doble en competencia con la inflación. Y esto sin considerar a todo el universo de trabajadores bajo convenio que no pagan ganancias, quienes ganan menos de 15 mil pesos al mes, para los cuales el bajo techo que quiere imponer el gobierno no tiene ninguna contraparte de alivio impositivo.
El ministro Kicillof, que hace gala de “heterodoxia” y no pierde oportunidad de salir al cruce con los economistas que piden más ajuste y disminución del gasto público, coincide con estos en un punto central: la variable de ajuste para controlar los precios termina siendo para todos ellos el salario, como piden los empresarios. Mientras tanto, estos últimos remarcan con impunidad aunque congelen una canasta de Precios Cuidados que le permita al gobierno seguir diciendo que la inflación está debajo del 2 % mensual, proyección en base a la cual quiere ajustar las negociaciones salariales.
¿Las cúpulas sindicales van a abandonar la tregua?
Ante la dureza del gobierno, hasta las conducciones sindicales de la CGT Balcarce, que venían tratando de acomodarse a las pautas fijadas por la Rosada, al igual que hicieron el año pasado, se vieron obligadas a lanzar medidas. La UOM convoca a un paro nacional de 36 horas este miércoles, medida que había prometido hace semanas y venía postergando ante la expectativa de cerrar un acuerdo. Otros gremios se mueven en el mismo sentido, como es el caso de Bancarios. La CGT de Moyano deja circular mientras tanto la posibilidad de un nuevo paro. Como reconocieron algunos dirigentes sindicales en los medios: "¿quién puede ir ante sus bases y decir que aceptamos el 24%?". Es cierto que estos sindicalistas no tienen cara, pero tienen sentido de supervivencia al menos.
Sólo con decididas medidas de lucha podrá enfrentarse la tenaza del gobierno y los empresarios, para imponer paritarias sin techo. Las centrales sindicales, oficialistas y opositoras, siguen intentando extender el compás de espera. Mientras miran los números y buscan extender la mejora sin verse obligados a realizar acciones, los burócratas ni se preocupan por las condiciones de trabajo, por la extensión de contratos basura, y las condiciones de precariedad que afectan a millones de trabajadores, incluso a la mayoría de los que tienen trabajo “en blanco” pero flexible. Sólo los sectores del sindicalismo de izquierda y combativos levantan, en lucha contra la patronal, el gobierno y la burocracia, estas banderas.