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Red Internacional
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ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO. El calvario de abortar en la Ciudad de México

Si bien la legalidad del aborto en la Ciudad de México es una conquista (parcial) importante, la realidad es que el servicio que prestan las apenas 13 clínicas es insuficiente para una población de más de 120 millones de habitantes.

Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Lunes 16 de julio de 2018

Aquella era la segunda vez que llegábamos al centro de Salud Beatriz Velazco en la Venustiano Carranza. Un día antes también había acompañado a mi amiga Lucía para practicarse una Interrupción Legal del Embarazo (ILE). Desde hace 3 años ha usado el Dispositivo Intrauterino (DIU), cambió hace unos meses por un implante de hormonas… evidentemente falló.

La primera vez llegamos demasiado tarde, a las 5 de la mañana. Entonces ya habían repartido las cerca de 20 fichas en esa clínica. La policía de la entrada me dice en un tono déspota “regresa mañana, pero más temprano porque aquí así es”. Volvimos una hora antes este día, aun no repartían las fichas, no sabíamos si alcanzarían, contamos y habían otras 27 chicas en la fila (y seguían llegando), a las 4:45 am salieron los empleados de la clínica y empezaron a repartir las fichas. Aunque llegamos más temprano, ese día tampoco alcanzamos una.

Y nada, que los días siguen avanzando. Por suerte, Lucía se dio cuenta a tiempo y un día más no es decisivo. Sin embargo hay otras que se van preocupadas porque ese día puede ser la diferencia entre la legalidad y la clandestinidad. Y es que en la Ciudad, la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) está permitido hasta las 12 semanas.

Peor es aún ver a las que no sólo se van preocupadas, sino sabiendo que no tendrán otro chance de volver a la clínica. El primer día una chica de Puebla suplicó por una ficha, escapó de su casa por la madrugada para llegar a la Ciudad y practicarse un ILE. En su casa para su marido y ella es complicado mantener a sus tres hijos, uno más agudizaría las carencias familiares.

Viene de un poblado ultra conservador, aunque su marido sería consiente de que un miembro más en la familia es insostenible para ellos, seguro por las presiones morales no aceptaría el aborto de ella.

Sus suplicas llegaron a los oídos sordos de la misma policía que me dijo a mí “aquí así es”. Tuvo que volver a casa, gastó en vano el pasaje que representa la mitad del gasto de la semana en su casa. Se fue a su casa a vivir una maternidad insostenible y que la deja en peores condiciones a ella, su esposo y sus tres hijos.

Este día no es la excepción, ni Lucía ni otras 12 chicas alcanzaron ficha. Y la historia se repite. Una chica como de 18 o 20 años viene sola desde Jojutla, Morelos. Su novio se fue sin más cuando supo del embarazo, ella aún no tiene un trabajo que garantice una vida digna para un hijo, sigue estudiando, cuenta que el condón falló, su mira se fija y se pierde por momentos. “Si mi papá se entera de que estoy embarazada, me mata” dice mientras tiembla y el vaho sale de su boca en esa fría madrugada de martes. El frío cala hasta los huesos, saber que no alcanzó ficha y que deberá volver a su estado sin poder acceder al ILE le cala más, sigue temblando.

No podíamos arriesgarnos más, decidimos acampar al siguiente día. Conseguimos una casa de campaña, llegamos con el último metrobús. Son poco más de la 01:00 horas, llegamos y para nuestra sorpresa ya hay cuatro chicas antes. La espera se vuelve dura, más con el frio de la calle.

Pero el frio no es lo más difícil de sobrellevar, igual que los días pasados, hoy tampoco faltaron las próvida que vienen a “orar por nosotras” mientras nos llaman pecadoras, egoístas y asesinas.

Vienen bien equipados, dentro de una camioneta proyectan un aborto ilegal de un feto ya desarrollado y viable (proyección que está lejos de parecerse al aborto de un embrión de menos de 12 semanas).

Ofrecen ayuda, su ayuda es proyectarte estos videos, meterte temor por un dios vengativo que castigará tu decisión con las llamas perpetuas del infierno y oraciones para que dios te perdone por haber pensado en abortar. Y sí, si requieres casa temporal o revisiones médicas, estas “próvida” te ofrecen apoyo. Lo que no te dicen es que una vez que has parido te echan sin más de sus refugios y te dejan a la deriva para que afrontes la maternidad como puedas.

Salen de nuevo antes de las 05:00 horas, esta vez alcanzamos una ficha, la tres, otras dos chicas se fueron antes de la repartición.

A las 08:00 horas, ya estábamos Lucía adentro, a mí no se me permitió acompañarla, “sólo pasa la interesada”, dijo otra policía, aunque es otro elemento, el tono es el mismo: déspota y desinteresado en nosotras.

Cerca de las 09:30 horas salió Lucy, me cuenta que ingirió una pastilla y debe tomar otra dosis en su casa al día siguiente, así sin más, sin supervisión médica durante y después del proceso.

Siempre que recuerdo por todo lo que tuvimos que pasar, me lleno de rabia pensando en las chicas de provincia que no alcanzaron ficha, en las chicas que fueron perturbadas por las hipócritas “próvida” o “pro aborto clandestino” que se levantan en la madrugada para ir a gritarnos ¡ASESINAS!, pero que no hacen el mínimo esfuerzo por apoyar a la infancia en situación de calle o con alto riesgo de vulnerabilidad por la pobreza y la violencia.

Como esta historia hay cientos, igual o más perturbadoras. Y sí, es un avance importante tener legalizado el aborto en la Ciudad, sin embargo el servicio no es eficiente ni para las mujeres que viven en la ciudad y la periferia y mucho menos para las mujeres en el resto del país.

¡Es urgente que las mujeres en México nos organicemos y tomemos las calles como en Argentina!

Para que #NiUnaMás muera por aborto clandestino, para que todas vivamos la maternidad de manera plena si así lo decidimos.

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