Desde el anuncio de la iniciativa del proyecto de despenalización, el 31 de enero del año pasado, el aborto viene siendo tema de discusión tanto en los partidos del régimen como en instituciones y en la prensa. Las feministas, quienes impulsamos hace años este derecho, nos hemos unido en esa lucha común que no está ajena a debates.

Rafaella Ruilova Licenciada en historia y militante de Pan y Rosas
Martes 17 de marzo de 2015
Hoy a las 17:00 horas se iniciará el debate sobre el proyecto de despenalización del aborto en tres causales (violación, inviabilidad del feto y peligro de vida de la mujer) en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados. En esta instancia parlamentaria la discusión se centrará en las exigencias que se establecerán para determinar si el feto es o no inviable y los plazos que se fijarán para permitir la realización de abortos.
Desde el anuncio por parte del ejecutivo de la presentación del proyecto, las posiciones de quienes hoy son denominados como la Penta casta empezaron a salir a la luz pública: la derecha señalándose como “los defensores de la vida” y, la coalición de gobierno en su mayoría alineada con el proyecto, exceptuando la Democracia Cristiana que plantea votar las causales por separado para inhabilitar la por violación. Evidentemente las iglesias no se quedaron fuera, salieron a condenar hasta la más mínima apertura a la posibilidad de que las mujeres decidan.
El debate en las alturas ha estado imbuido de la moral de los de las alturas. Sus detractores planteando que es un homicidio, sus impulsores tranquilizándolos y diciéndoles que no se irá más allá de lo propuesto (terapéutico). Y los deslices han sido frenados, como el cuestionamiento al filtro de clase planteado explícitamente en las frases de la ex Ministra de Salud, Helia Molina, sobre que las cuidas abortan en clínicas privadas, y que implícitamente planteaba la hipocresía moral de los sectores conservadores.
El debate en el feminismo
Las organizaciones pro derechos de las mujeres tenemos varias diferencias, que van desde lo teórico-estratégico hasta lo político practico, pero nos encontramos mucho a la hora de la acción común en pos de nuestras demandas. Es así que hay un acuerdo generalizado sobre la necesidad del aborto libre, seguro y gratuito como derecho.
Nos une la lucha por la mejora de las condiciones de los sectores más oprimidos de esta sociedad como son las mujeres y la diversidad sexual. El para qué y el cómo empieza a mostrar las diferencias. Así en el plano de la demanda del aborto el centro del debate se encuentra en despenalización o legalización.
La discusión de fondo
No se trata de la despenalización entendida en los marcos de lo que presenta hoy el proyecto de ley, sino en el plano de la relación con el Estado. Es decir, si es el garante (legal) o no (despenalización).
Los argumentos de quienes plantean sólo la despenalización, que en la práctica es que el aborto deje de estar tipificado como delito, se fundamentan en su posición con respecto al estado: la autonomía. Pero la “autonomía” o mejor dicho la ausencia de control por parte del estado a la hora de abortar hoy existe, quienes tienen los recursos lo hacen pasar por apendicitis.
¿Y el resto?
Si bien quienes hablan de despenalización no lo hacen con el afán de apuntar solo al sector privilegiado, el problema teórico en su planteamiento las deriva en un problema práctico: el alcance sólo sería para un sector privilegiado en términos de conocimiento y técnica, es decir para el grupo reducido de feministas y sus amigas. Y es que en el sistema capitalista no hay autonomía de los cuerpos, están sujetos a la explotación y la opresión. Así esta postura a pesar de ser mucho más ambiciosa (en términos ideales) que el 3% que cubre el proyecto del gobierno a los casos de abortos realizados en chile, sigue sin responder a las necesidades de la mayoría.
Si el derecho es una necesidad, es porque las condiciones que viven las mujeres –trabajadoras, juventud precarizada- son escasas materialmente, además que cargamos con toda la responsabilidad de la crianza. En concreto no tenemos una maternidad protegida, pero sí una maternidad obligatoria. Entonces debemos tener derecho a decidir, quienes tienen plata lo tienen y lo ejercen con millones en clínicas privadas, las pobres siguen condenada a la clandestinidad.
Es simple, en Chile el aborto tiene filtro de clase, para terminar con la clandestinidad y ese filtro hay que luchar por el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito. Y aun conquistando ese derecho no conquistaremos la autonomía de nuestros cuerpos, pero sí garantizaremos el derecho democrático a decidir de las mujeres, tanto en el plano legal como en el formal: que sea realizado en hospitales, con atención de calidad, y que esté garantizado por el estado.
La pelea por la “autonomía de los cuerpos” es utópica entenderla en los marcos de este sistema. La lucha por la autonomía e independencia de la pentacasta, para que no sean ellos quienes decidan por nosotras está a la orden del día. Esto no es una negación de la lucha por esa anhelada autonomía, sino la afirmación de que para armarse para luchar por ella hay que luchar por retomar las banderas de la independencia de clase y eso no se logrará cerrando los ojos ante las necesidades más íntimas y cotidianas como es en este caso su derecho a ir al hospital y salir de él sin el golpe de la ley, pero sobre todo que esta se lo garantice hacer.