En los últimos meses, hemos escuchado desde los medios de comunicación sobre el conflicto en la fábrica Donnelley, que luego del abandono patronal, resiste bajo control de sus propios obreros.
Joven trabajadora del plástico La Matanza
Sábado 18 de octubre de 2014
Este suceso tanto como el de Lear en zona norte, ponen de relieve el problema del empleo, llegando al extremo del cierre de fábricas, familias en la calle y represión a trabajadores.
La ocupación de fábricas tiene antecedentes históricos, pero en la Argentina el más reciente y gran emblema es Zanon, la cual está manejada por sus obreros desde hace 13 años y quien dio muestras que esta forma de organización es posible y puede mantenerse en el tiempo.
Las fábricas mencionadas responden a una forma independiente de mantener los puestos de trabajo. Son tomadas luego de que los patrones se hayan retirado, bajo este acontecimiento la medida de los trabajadores es seguir operando, resistiendo distintos intentos de desalojos por parte de la fuerza policial.
Estos episodios proponen varios interrogantes, ¿es este un proceso inmediato? ¿existe una preparación previa? ¿cómo se desarrolla este trabajo? Estas interrogantes incrementan cuando la situación en las fábricas no es de caos o de cierres masivos, sino que la puesta en escena es de un “supuesto mantenimiento del empleo”, cuando es evidente que está en una clara baja. La pregunta que surge es: ¿cómo organizar a los trabajadores? Incluso, ¿cómo hacerlo con aquellos que a veces ni siquiera se sienten parte de una clase explotada?
Nos educan con una matriz de pensamiento en la cual hay que trabajar mucho, madrugar, ser obedientes. Esa es la fórmula que tenemos para que nos vaya “bien”. Bajo este pensamiento es difícil organizarse colectivamente. Entonces, ¿cómo se hace visible?, ¿dónde damos a conocer estos ejemplos como los nuestros?
Las “penas laborales”, esas que oímos cantar y padecemos día a día: salarios bajos, jornadas eternas de trabajo, pésimas condiciones de seguridad e infraestructura, esos problemas cotidianos nos identifican y nos unen, pero no solo las penas, también podemos organizarnos y vivir una vida diferente como pares, como compañeros y como amigos que hasta llegue a arrancarle a los patrones lo que nos pertenece.
Debe entenderse que esta lucha no es solo contra el patrón, sino contra los sindicatos convertidos en mero apéndices del gobierno de turno y de la clase dominante, cuando peleamos por nuestros derechos a la vez peleamos por nuestros sindicatos, para que nuevamente representen al trabajador.
Respondamos a este llamado de lucha, nuestra fuerza como trabajadores radica en la organización y solidaridad.
Animémonos, como en Donnelley, a unir la causa que como trabajadores todos tenemos.