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GÉNERO. El feminismo socialista de Pan y Rosas

"El socialista que no es feminista carece de amplitud. Pero quien es feminista y no es socialista carece de estrategia." Louise Kneeland.

Galia Aguilera

Galia Aguilera Profesora, y dirigenta del Partido de Trabajadores Revolucionarios

Martes 6 de diciembre de 2016

Las coordinaciones y marchas en todo el continente latinoamericano por #NiUnaMenos expresan un gran movimiento que ha puesto en el centro los femicidios, el abuso y la precariedad que vivimos mujeres. La brecha salarial, los limitados derechos maternales, la prohibición del derecho al aborto legal, seguro y gratuito, la débil participación política y sindical, la imposición moral del la iglesia, el acoso callejero, son algunas de las muchas expresiones que dificultan nuestro pleno desarrollo.

Históricamente las mujeres hemos luchado por la igualdad entre los sexos, como fue la lucha por el derecho a voto y la participación política, como también la lucha por nuestras demandas y derechos específicos, como es el derecho a salas cunas y jardines infantiles en nuestros trabajos o los derechos sexuales y reproductivos como es el derecho al aborto.

El surgimiento del movimiento #NiUnaMenos, reactualiza importantes discusiones sobre cómo las mujeres logramos terminar con la opresión. Para ello hay que diferenciar las distintas estrategias al interior del movimiento de mujeres y las feministas.

En este sentido, podemos reconocer un feminismo reformista que apunta a solucionar los problemas de la mujer en base a reformas desde los Estados capitalistas, que como bien sabemos, no ha logrado garantizar los derechos de las mujeres, pues seguimos siendo las mujeres la mayoría entre los pobres y las más precarizadas en los lugares de trabajo, así como sufrimos la opresión y violencia de este sistema. Los Estados sólo han cooptado las demandas de las mujeres y la diversidad sexual, con el objetivo de fortalecer la idea de la victimas y de paternalismo estatal, desdibujando el rol de transformación de las mujeres trabajadoras y pobres.

También se reconoce el feminismo radical, que piensa que el patriarcado sólo podrá abolirse tras una revolución cultural, pues para este sector es el patriarcado el que sostiene al capitalismo, poniendo al centro la lucha de sexo contra sexo, al ser los hombre los que ejercen la violencia hacia la mujer. Bajo esta perspectiva se devalúa el carácter de clase de la violencia estructural hacia la mujer al servicio de sistema capitalista, llevando la lucha a generar acciones directas, como funas y autodefensa, poniendo al sujeto hombre como enemigo y no una estructura en la que se basa la explotación y opresión de masas, y sus instituciones que la mantienen. Tampoco tiene una estrategia para unir a explotados y oprimidos contra el sistema capitalista y patriarcal.

Desde Pan y Rosas, planteamos un feminismo socialista. Tomamos el legado del marxismo y el movimiento obrero en la historia, pues todos los procesos revolucionarios han puesto en acción la fuerza de las mujeres por la transformación social, mostrando en los hechos la importancia del rol de las trabajadoras y pobres, uniendo su lucha a los trabajadores para terminar con toda explotación y opresión. Es por ello que hacemos hincapié en la estrategia de una revolución obrera y socialista para acabar con el sistema capitalista y sentar las bases para terminar con toda opresión social.

Para conocer un poco más de la tradición que reivindicamos de Pan y Rosas, y el por qué pensamos que es necesario impulsar un feminismo socialista que luche por una revolución obrera y socialista, debemos recordar los principales pilares del marxismo en torno a las problemáticas que afectan a las mujeres.

El Manifiesto Comunista escrito por Karl Marx y Federico Engels en 1848, caracteriza el rol social reproductor de la mujer producto del sistema patriarcal y su fortalecimiento en el sistema capitalista, es por ello que los comunista plantearon la abolición de la familia y denunciaron el rol de la iglesia para mantener la opresión de la mujer; en la Comuna de Paris 1871 como primer ensayo de Gobierno de Trabajadores en la historia, se planteo la separación entre el Estado y la Iglesia, igual trabajo igual salario y que las mujeres pudieran elegir y ser elegidas como representantes políticas, y junto con ello se levantan comisiones de mujeres que la primera internacional agitó para que las mujeres se organizaran en el proceso en sus lugares de trabajo.

De ahí viene el legado de organizar comisiones de mujeres en la II y III Internacional Comunista, donde tuvieron un rol protagónico dirigentes como Clara Zelkin y Alejandra Kollontai, quien fuera primera embajadora en el mundo y quien encabezó la luchas de las mujeres en la gloriosa Revolución Rusa 1917, donde se conquistó el derecho a voto, el derecho al aborto, al divorcio, comedores y lavanderías colectivas para abolir la división sexual del trabajo e incentivo la participación social y política de la mujer. La socialización del trabajo doméstico fue clave para avanzar a liberar a las mujeres de la esclavitud doméstica que la condena el capitalismo y el patriarcado.

León Trotsky en el programa de transición de la IV Internacional concluye a portas de la II Guerra Mundial ¡Abrid paso a la mujer trabajadora! ¡Abrid paso a los jóvenes!, los sectores más explotados por el sistema.

Esta tradición no termina aquí, en las grandes huelgas en Estados Unidos de principio de siglo XX, las comisiones de mujeres estuvieron en primera línea en las huelgas por las 8 horas y por mejoras salariales; las mujeres se pusieron al centro como aliadas para golpear al sistema que genera penurias y sufrimiento en las masas, y en las fábricas de composición femenina como las textiles las mujeres mostraron su indudable fortaleza, destacando la huelga de Pan y Rosas en Lawrence.

En estos años, Teresa Flores, la primera dirigente sindical chilena, también organizó a cientos de mujeres en el norte del país, impulsando acciones como las ollas apagadas para incentivar la huelga entre los trabajadores pampinos, uniendo su lucha a sus compañeros de trabajo.

Es así como hoy Pan y Rosas, impulsada por las organizaciones trotskistas da una lucha por comisiones de mujeres en todos los lugares de estudio y trabajo. En Argentina existen importantes ejemplos en las empresas bajo gestión obrera como Zanón y Madigraf, y en Chile esta práctica tiene sus primeros gérmenes en la comisión de mujeres del sindicato del centro cultural GAM en santiago y la fábrica de explosivos Orica en Antofagasta, donde las trabajadoras se reúnen para discutir y actuar contra el machismo junto a sus compañeros del sindicato, dando una salida clasista frente al agobiante machismo.

Es por ello, que el triunfo de la vicepresidencia FECH de Bárbara Brito, la consideramos como una herramienta y una tribuna para las mujeres de la clase obrera. Así también destacamos la importante tribuna de Myriam Bregman, como Diputada en Argentina por el FIT-PTS, desde donde se impulsan los derechos de las mujeres a través de la movilización para terminar con los terribles abortos clandestinos y los derechos de las trabajadoras.

Desde estas tribunas pretendemos hacer un llamado a constituir comisiones de mujeres en todos los lugares de trabajo y de estudio, que permitan a las mujeres dar cuenta de que somos víctimas del sistema patriarcal y capitalista, y ponernos en pie de lucha contra la opresión y explotación, desde una perspectiva anticapitalista.

Invitamos a todas y todos a ser parte de la Charla que realizaremos con Andrea D’Atri, fundadora de Pan y Rosas, junto a nuestra compañera Bárbara Brito, Vicepresidenta Fech, a realizarse el martes 13 de diciembre en Valparaíso en la Universidad de Playa Ancha y el miercoles 14 de diciembre en Santiago en el Aula Virtual de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (Ex Pedagógico) a las 19 horas.