Este es un articulo sobre la necesidad de no dejarnos de estremecer por una realidad adversa , llena de obstáculos, donde tan difícil parece encontrar el amor, en palabras de Lemebel. Existe una esperanza, y esta en nuestra capacidad de organizarnos y combatir este sistema que nos niega el derecho tan básico como existir, el derecho de amar y ser amados.

Ιωαχειν Santiago de Chile
Viernes 2 de marzo de 2018

Al caer la noche cientos de chicos se sienten cada vez más solos. Aún con todas las cifras catastróficas con las que se busca infundir pánico colectivo, más jóvenes gay mueren producto del suicidio que de VIH / SIDA, y eso que por estos días el ministerio de salud ha declarado que prácticamente estamos ad portas de una epidemia de la “enfermedad rosa”.
Aun cuando la propaganda de las democracias occidentales se ha esforzado por difundir las progresistas campañas de la OCDE, la ONU y la Unión Europea, buscando civilizar en los valores democráticos a los países atrasados, ni eso ha detenido la re-emergencia de un discurso del odio de una extrema derecha renovada por las crisis propias del capitalismo incluso en los avanzados y tolerantes países del norte.
Parece sorprendernos que en pleno siglo XXI un candidato a la presidencia de Brasil que públicamente hace apología de la tortura y la violencia hacia los homosexuales tenga el 20% de la intención del voto para las próximas elecciones, como si fuera una anomalía en nuestro sistema democrático.
Pero basta con observar las cifras de la realidad para comprender que en la mayoría de los países del mundo la homosexualidad sigue siendo ilegal, para que decir que cada vez aumentan los países que deciden invertir recursos estatales en perseguirla y encerrarnos en campos de concentración, cárceles especiales o re legitimar las terapias de reconversión – las que analizadas a la luz de cualquier carta básica de derechos humanos podemos calificar como tortura- Incluso, el tradicional conteo de países que aprueban el matrimonio igualitario revirtió su tendencia a sumar, ahora que Barbados decidió revertir la ley de uniones del mismo sexo.
Y parecería que esta realidad no nos conmueve.
A principios de Febrero, en un artículo publicado en el desconcierto (1) Christopher Jerez, presentada correctamente un problema que nos atraviesa como diversidad sexual la profunda violencia que divide a la comunidad LGBTI enfrentando a sus propios miembros a tratos discriminatorios y vejatorios entre ellos mismos como una práctica naturalizada entre nosotros mismos y también sin duda hacia otros grupos oprimidos como las mujeres, los migrantes entre otros.
En donde estoy en desacuerdo con Christopher Jerez es donde coloca la raíz y por tanto solución del problema. Para Christopher el combate al machismo y a las miserias de la diversidad sexual pasa por una reflexión individual de cada individuo, lo que se expresa en el tono retorico en el que está escrito el articulo y las preguntas interpretativas que formula en el mismo, sin ver el problema estructural e histórico que difícilmente puede solucionarse porque cada uno sienta culpa , una especie de examen cristiano y moral de nuestras conductas, por el uso de determinado vocabulario o determinadas preferencias sexuales.
Como todo grupo oprimido, la diversidad sexual enfrenta una violencia estructural hacia sus miembros. La discriminación, violencia en las calles, el vivir oculto y con miedo, la persecución de los afectos, está lejos de ser un recuerdo del pasado salvo quizás para los privilegiados círculos intelectuales y universitarios a los que pertenecemos, como mostramos anteriormente la inmensa mayoría de los homosexuales, lesbianas y trans en el mundo siguen viviendo en la marginalidad, en la persecución e incluso amenazados constantemente con su supresión física.
¿Por qué entonces – respondiendo al planteamiento implícito que Jerez hace en su artículo – no emana espontáneamente la solidaridad, el respeto y el afecto para afrontar las miserias a las que este mundo nos condena? Ahí es donde nuevamente toma sentido el análisis histórico.
De poco sirve poner una barrera entre ellos – los gays machistas- y nosotros – supuestos paladines de una nueva moral gay – como si la promiscuidad, la irresponsabilidad afectiva, las miserias de nuestra “condición” no fueran parte de nuestras propias contradicciones, es no hacernos cargo de nuestra propia historia como oprimidos y oprimidas.
Precisamente, aún en el capitalismo rosa, los únicos espacios de libertad de nuestra comunidad se hayan en laberinto del deseo, en la marginalidad de la disco y las relaciones superficiales, una ilusión de libertad sexual donde el acoso, el machismo, la discriminación están naturalizados como forma de comunicación inconsciente, entre la ansiedad de encontrar afecto aunque sea unos minutos, la necesidad se saciar los impulsos biológicos, pero condenados como estamos a ocultarnos permanentemente ,salvo en los oscuros rincones del laberinto, la comunicación y el dialogo necesario para forjar una comunidad no se desarrollan , no surgen ahí sujetos conscientes sino consumidores de placer.
Las organizaciones tradicionales de la diversidad sexual – el oficialismo gay – son en gran medida responsable también de esta situación. Entre sus propios intereses económicos involucrados en el negocio del placer y la diversión gay, y el rol político que juegan actualmente como lobistas parlamentarios y empresariales, han infundido ilusiones en el régimen político actual de que es posible vivir nuestra libertad sexual y afectiva, de obtener derechos de la mano de esos mismos empresarios y políticos, incluso en los de la derecha, libertades que solo pueden disfrutar quienes tienen los medios para hacerlo, como sucede en todo orden de cosas, en que es natural o parte de nuestra idiosincrasia gay relacionarnos como nos relacionamos , haciendo de nuestras miserias un espectáculo de la diversión para heterosexuales, un accesorio chic que toda mujer debiese tener para estar acorde a las modas y tendencias de los países europeos.
El machismo y las miserias de la diversidad sexual cumplen un rol, nos mantienen divididos, impiden que desarrollemos una comunidad de sujetos conscientes capaces de cuestionar nuestra realidad y por tanto transformarla, adormecidos frente a un mundo que se torna cada vez más violento y agresivo con la diversidad sexual.
Para combatir ese machismo debemos pasar de cuestionar la sociedad capitalista que necesita mantener divididos a oprimidos y explotados, para ejercer la dominación sin contrapeso de la clase dominante, a enfrentarla para transformarla, que es el camino de la militancia política, para unir nuestros esfuerzos y nuestras luchas en una alternativa política de sociedad que destierre para siempre todo vestigio de violencia e injusticia.
La delimitación clara esta con aquellos miembros de la comunidad LGTBI que defienden precisamente el sistema que reproduce estructuralmente la violencia, que generan ilusiones en que ese sistema puede ser reformado de manera pacifica y sin enfrentamientos, entregándonos completamente desarmados ante el aumento de los crímenes de odio y la avanzada de la ultra-derecha y el fanatismo religioso.
Combatir a la “burocracia gay”, como representación política del movimiento LGTBI , es una tarea política para colocar en el centro el único camino para conquistar nuestra plena libertad , para emanciparnos de las cadenas de la opresión, la unidad entre oprimidos y explotados , vencer las divisiones que nos separan para enfrentar a quienes están unidos plenamente para atacar nuestros derecho a existir como seres humanos.
En cada trabajador heterosexual al convencemos de la necesidad que tome en sus manos la lucha por nuestros derechos, conquistamos un portavoz para llegar a miles de miembros de la diversidad sexual que ni siquiera tienen los medios para hacer escuchar su voz, acorralado entre el miedo y la ignorancia.
En cada mujer, a la que convencemos de enfrentar juntos las miserias que nos oprimen en común se debilita un poco más la dominación burguesa y se fortalece la posibilidad real de superarla.
Cada gay al que no combatimos para que se haga consciente, se hace más fuerte la ultra derecha que quiere acabar con nuestra existencia.
A cada joven que se siente solo, abandonado, deprimido por la violencia que vivimos tanto dentro como fuera de la comunidad LGTBI , debemos colocar una alternativa que no solamente pasa por sus cuestionamientos individuales, desde donde el peso de la realidad difícilmente lo hará vislumbrar una salida del laberinto, sino que pasa por tomar esas contradicciones individuales a la luz del combate colectivo que damos por levantar una alternativa política que cambie de raíz la sociedad que reproduce la violencia en todas sus esferas,.
De ahí que se hace tan necesario politizar nuestras relaciones y nuestros afectos, para acabar con el machismo, cuyo rol histórico es dividir a oprimidos y explotados, debemos levantar nuevamente el sentido de comunidad y de fraternidad entre nosotros, es una solución colectiva, que para quienes nos proponemos transformar radicalmente la sociedad, pasa por poner al centro la militancia política, junto a los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Y quizás ya no sea por nosotros, sino por esos “miles de niños y niñas que nacerán con una alita rota, y que yo espero que la revolución les regale un pedazo de cielo rojo para que puedan volar libres”
(1) http://www.eldesconcierto.cl/2018/02/08/muerte-al-macho-de-rosado/

Ιωαχειν
Editor y columnista de la Izquierda Diario