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Red Internacional
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ENTREVISTAMOS A LA TRADUCTORA. El libro Pan y Rosas se publica por primera vez en italiano

El libro Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo acaba de publicarse en Italia por Red Star Press, con el título Il Pane e Le Rose. Femminismo e Lotta di Classe, traducido por Serena Ganzarolli. Esta nueva edición se suma a las anteriores en castellano de Buenos Aires, Caracas y México, además de la edición en portugués realizada en San Pablo. La Izquierda Diario entrevistó a Serena Ganzarolli, su traductora.

Martes 8 de marzo de 2016

Serena Ganzarolli es italiana, tiene 25 años y vive en Roma, donde estudió Lenguas Extranjeras y se encuentra cursando Historia, en la Universidad La Sapienza. Se define como feminista socialista y acaba de traducir el libro Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo, de Andrea D’Atri.

¿Cómo conociste el libro?

Conocí el libro después de haber leído un artículo de Andrea que salió en una compilación publicada en Italia en 2012. La compilación se llama Femministe a parole, en la que mujeres de todo el mundo definen algunas palabras que hacen a la teoría y la práctica feministas.

Las compiladoras le encargaron a Andrea que escriba sobre el concepto de “clase”. Me impactó ese analisis porque planteaba las reivindicaciones de género sin sacrificar la concepción de que vivimos en una sociedad dividida en clases sociales y viceversa. Me alegró descubrir que esos conceptos así relacionados, eran parte de una visión más amplia, de una lectura crítica de la historia del movimiento obrero y de las mujeres. Me alegró mucho más descubrir que tras ese trabajo había un grupo organizado, integrado por mujeres militantes que luchan siendo feministas y comunistas.

¿Qué fue lo que más te interesó de su lectura?

Pan y Rosas es un libro que se podría definir de carácter histórico, pero abiertamente parcial, por lo tanto, político. En realidad todas las historias son parciales, pero casi nadie lo dice explícitamente. Desde la escuela primaria estamos obligados a estudiar la historia como si le ocurriera a otros, y en realidad, lo que estudiamos es la historia escrita por otros, por la gran burguesía, por el patriarcado y por los varones heterosexuales blancos.

Las trabajadoras y trabajadores, las mujeres, los pueblos no europeos, las personas LGTBI y también los niños y las niñas no tienen lugar en la historia oficial, excepto cuando los obreros van al frente de batalla. Es como si las masas no hubieran sido protagonistas de los procesos históricos, pero sabemos que no es así. Hace poco tiempo que en los libros de historia se han incluído unos párrafos reservados a los que pertenecen esas “categorías” que he mencionado; pero el punto de vista no ha cambiado, lo que convierte a esos párrafos en algo más bien parecido a un ghetto.

Pan y Rosas, en cambio, supo dar vida a una historia donde un gran ausente, como es el género femenino, no sólo retoma el lugar que merece en la historia del movimiento obrero y de las mujeres, sino que se convierte en el punto privilegiado desde el cual narrar los acontecimientos que han articulado la lucha de clases durante estos últimos siglos.

Ésta es una operación importante que, como feminista y comunista, creo que tiene que ser el fundamento de cualquier discurso para la liberación de la humanidad de la explotación de clase y de la opresión de género. Lamentablemente, la historia de las mujeres y de los feminismos es casi desconocida, a menudo incluso por las mismas militantes. Pero si queremos articular un discurso que incluya la perspectiva de clase y la de género, tenemos que conocer la historia que hemos dejado atrás porque, ante todo, nos sirve para no sentirnos solas en las batallas políticas y luego nos permite precisar y prepararnos correctamente para nuestras luchas futuras.

Además, el libro tiene el mérito de no pensar la cuestión de las mujeres desde un reduccionismo biologicista. Sin duda, las mujeres están en el centro de esta historia que narra Pan y Rosas, pero son mujeres que lucharon, juntos a los explotados y a otros sectores y grupos sociales oprimidos, contra el sistema económico y político.

¿Cómo surgió la idea de traducirlo al italiano?

En Italia hay una situación particular, porque se publica una cierta cantidad de libros –traducidos y originales- que tienen una postura feminista clasista, e incluso, en red, se pueden leer muchísimos artículos interesantes escritos por blogueras feministas italianas, a veces organizadas en agrupaciones y colectivos.

Ésta es un señal positiva, porque significa que hay un debate en este sentido. Sin embargo este debate es muy estrecho, está reservado a una minoría que ya es consciente de la necesidad de hablar de feminismo en Italia y en el mundo, que solo por momentos y cada vez menos, llega a las masas de trabajadoras y estudiantes.

Pero este feminismo no parece ser conciente de su propio “exclusivismo”. Además, el lenguaje utilizado por estas activistas es siempre muy complejo, casi como que si éstas ideas estuvieran reservadas sólo a las especialistas. Incluso, a menudo el mensaje político encerrado bajo complejas formulaciones no es nada más que la rehabilitación política de las ideas de la democracia liberal. De nuevo o de revolucionario (en el real sentido de la palabra) hay poco en estas publicaciones que, en los últimos tiempos, ven la luz.

Del otro lodo tenemos que pensar también al hecho de que muchas demandas del feminismo emancipacionista han sido asumidas por las instituciones y los gobiernos, que consideran que tener un cierto número de mujeres en el poder es una coartada para no resolver los problemas que viven las más amplias masas de mujeres, las mujeres "comunes" que son las que sufren los mayores índices de pobreza, la disparidad salarial, la falta de acceso a los jardines para sus hijos, la objeción de conciencia de los médicos que se niegan a practicar abortos, etc.

Me parece que en Pan y Rosas están las respuestas y las propuestas políticas a este enorme vacío que se ha creado entre los análisis de un feminismo académico y elitista –que, incluso, en ocasiones, se pretende clasista- y la pérdida del potencial revolucionario que el feminismo –como lo hemos conocido en Italia en las luchas de los años ’70- está sufriendo como consecuencia de la asunción de algunas de sus demandas por las instituciones. Enorme vacío, del cual asoman las mujeres que viven en su propia piel el cruce entre su género oprimido y su pertenencia a una clase explotada en el capitalismo, sin encontrar una salida política a sus dudas, a sus experiencias de lucha y a sus demandas.

¿Qué interés crees que puede despertar el libro entre las mujeres italianas?

Pan y Rosas cuenta en términos sencillos y apasionados una historia en que da voz a las mujeres que lucharon, poniendo en el centro del discurso político y de los acontecimientos históricos sus condiciones de explotación y de opresión como trabajadoras y mujeres, algo que es imperioso hacer.

Además ofrece una crítica marxista a aquel feminismo que, en las últimas décadas, se ha empantanado en la cuestión de la identitad, hasta la exclusión de todo lo demás, y que ha sido una de las causas de la soledad forzada en la cual estamos imbuidas como movimiento. Según este feminismo, organizarnos no es tan importante porque la prioridad es la experiencia de cada una, individual. Pero si la experiencia personal vale más que lo demás, las experiencias, en vez de enriquecernos, se convierten en una condena. Y la historia nos enseña que la soledad política, entendida como ausencia de organización y de mutuo reconocimiento, es una condición que ni siquiera la burguesía se puede permitir. Solas estamos perdidas.

Aunque la autora y la experiencia militante de la cual surge el libro son argentinas, el aliento internacionalista que anima la pluma habla a todas las mujeres "comunes", independientemente de su nacionalidad. Habla tanto a las trabajadoras como a las estudiantes que quieran conocer a las figuras más destacadas del feminismo de clase, como a las militantes feministas que quieran volver a abordar las cuestiones fundamentales, así como también a los militantes varones que a menudo toman con ligereza las cuestiones ligadas a la opresión de género, sin saber que estas cuestiones tienen una larga y turbulenta historia que es necesario conocer.

Pan y Rosas es un manifiesto feminista y socialista de un proyecto militante que, como dice Andrea D’Atri "aún espera de ver la luz". No es una disertación política e histórica, sino un instrumento que nos obliga a tomar nota de que tenemos que luchar por la liberación de la humanidad –de toda la humanidad- de las cadenas de la opresión y la explotación.