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Red Internacional
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VIVIENDA BARCELONA. El mapa de la especulación: del Born al Raval, pasando por Gràcia

La defensa del Banc Expropiat en el barrio de Gràcia permite poner el foco de atención en la situación de emergencia que sufren los sectores populares víctimas de la “Marca Barcelona”

Marc Ferrer Barcelona

Jueves 9 de junio de 2016

Foto: EFE

La defensa del Banc Expropiat del barrio barcelonés de Gracia ha indigando de lleno en una amplia parte de la juventud, y no es por casualidad. Este edificio ocupado representa para muchos algo muy simbólico: “expropiar” a aquellos que se han lucrado con la especulación mientras la juventud y la clase trabajadora pagabamos los costes de su fiesta.

El mismo barrio de Gràcia durante los últimos años ha sido objeto de la especulación inmobiliaria. Una especulación que tiene un largo recorrido y ha sido alimentada por un modelo económico de pelotazos urbanísticos promovidos por los gobiernos municipales de la ciudad condal, y que han sido la base de la llamada “marca Barcelona”. Hoy, el negocio especulativo forma parte ya del ADN de la economía “del pais”.

Decía Lefebvre en “La revolución urbana” (1972) que “hasta hace poco tiempo no se podía imaginar otra producción que la de un objeto […], una máquina, un libro, un cuadro. Hoy, todo el espacio entra en la producción como un producto en función de su compra, venta […]”.

Y en la ciudad condal, podriamos decir que se ha seguido esta máxima desde la Barcelona preolímpica del 92. Con una dinámica muy perversa en algunos barrios: echar a los vecinos del barrio de toda la vida a través de la subida exponencial de los alquileres y realizar seguidamente el gran pelotazo de turno.

Unos de los primeros barrios afectados en Barcelona fue el céntrico barrio del Born. Llegado el siglo XXI, este barrio sufrió una transformación acelerada. Históricamente había sido un barrio de clase trabajadora muy humilde, donde vivía gente con rentas muy bajas en pisos antiguos. Estos no disponían de ascensores y otras instalaciones y muchos estaban lejos de los estándares de lo que se podría considerr una vivienda digna. Las instalaciones eléctricas obsoletas y estructuras muy antiguas, era lo más corriente. Pero con el boom del turismo y las consiguientes reformas del mercado de Santa Caterina, se animó la especulación con los terrenos y viviendas. Comprando a precios ridículos para después vender o alquilar a precios muy rentables.

Todo ello, acompañado de varias fórmulas para la expulsion de los vecindarios “clasicos” por parte de las empresas constructoras y el propio Ayuntamientos, en especial con el PSC y sus socios de ICV-EUiA (hoy integrados en BeC) que han gobernado el consistorio durante décadas. La apertura de locales nocturnos, haciendo la convivencia muy dificil o dejar que las viviendas se cayeran solas para que los inquilinos se acaben marchando, fueron algunas de las formulas utilizadas, tal y como relatan los documentales de Ciutat Morta y El Forat.

Entre 2000 y 2003, PROCIVESA, la empresa inmobiliaria encargada de reestructurar diversas áreas de la Barcelona vieja, expropió a bajo precio varias manzanas de la Ribera. Luego las derribó. Los vecinos bautizaron el nuevo espacio vacío surgido, donde antes estaban sus casas, como el Forat de la Vergonya (el Agujero de la Vergüenza). Con ello denunciaban una situación que consideraban degradante por múltiples razones: el abandono en que los poderes públicos había sumido a un barrio ya de por sí muy castigado, las obras interminables, la pérdida de derechos de los realojados en pisos nuevos...

El barrio del Raval por su parte, se podría decir que es el barrio histórico rebelde. Cuna de buena parte de los primeros levantamientos obreros y populares. Ha sido, y es, barrio de prostitución y pillaje, de bohemios, artistas... además de resistencia y miseria, una multitud de contrastes que se ha ido difuminando con la entrada de la especulación urbanística que se ha llevado miles de vecinos, inmigrantes… Este barrio siempre había sido receptor de inmigrantes, absorbió varias oleadas de inmigración, haciendo de él un barrio muy diverso. Sin embargo, siempre en constante lucha contra la especulación urbanística.

Este caso tiene además una característica muy peculiar. La especulación, a parte de facilitar la circulación de capital, forma parte del control de la población más pobre y trabajadora. Con la excusa del control de la droga se destruyeron dos manzanas enteras del barrio Chino. Los datos hablan por si solos, durante los años ’50 vivían 180.000 personas en el Raval, hoy son solo 60.000 habitantes.

Apartir del año 2002 no hay más datos sobre número de expulsados, cuantía de las indemnizaciones... Sin emabargo, numerosas entidades del barrio denuncian que ha seguido habiendo desplazamientos con indemnizaciones miserables, algunas de las cuales se han llevado a juicio.

A finales de los ochenta se abrieron los primeros hoteles. Pero el que hizo de rompehielos fue el hotel de la Rambla del Raval, que además se saltó la norma urbanística en cuanto a medidas y provocó que las viviendas cercanas llegaran a alquileres de 500 o 600 euros en unos de los barrios con menor renta de Barcelona.

De esta manera actuaba a modo de “barrido” para los vecinos de toda la vida. Aun hoy, los vecinos siguen luchando por mantener el estilo de este barrio tan peculiar, donde la especulación urbanística sigue pujando constantemente a sabiendas que le queda una buena parte del pastel para el negocio.

Por último, Gràcia, un antiguo pueblo adherido a la ciudad condal en 1898. De pequeñas calles y plazas llenas de vida. Sus vecinos impulsan el arte, la cultura popular... y esto junto a un carácter reivindicativo permanente viene conviviendo desde hace muchos años.

En los últimos años, el barrio de Gràcia se viene convirtiendo en una especie de aldea gala ante el de la “Marca Barcelona”. Ya en los ‘70 este barrio vio correr a la juventud ante los grises. Hoy, vemos com los Mossos d’Esquadra militarizan el barrio. Este hecho sintoniza el grave conflicto social, económico y político que profundiza el modelo de esta ciudad. Los jóvenes del barrio se sienten expulsados del lugar donde han crecido toda la vida. Es por ello que la juventud ve como un peligro criminal la especulación urbanística, un peligro que tiene una respuesta simbolica en el Banc Expropiat, expropiar a los especuladores.

No es de extrañar entonces que los vecinos y la juventud esté preocupada con las 8.100 plazas turísticas que se han abierto en los últimos años, que son incompatibles con el derecho a la vivienda, comercio y el descanso nocturno, además del encarecimiento de los alquileres y de los productos de primera necesidad. La especulación urbanística con el turismo se está volviendo un auténtico cáncer como vemos en otro barrio histórico de Barcelona, la Barceloneta.

El capitalismo en la ciudad trata el espacio como una mercancía más, aliena a sus trabajadores de la producción, aliena a los vecinos de sus lugares de toda la vida. Es por esto que la lucha contra este modelo de ciudad tiene su raiz de fondo en el cuestionamiento de la propiedad privada de los grandes especuladores.

Solo la movilización de la juventud y de los vecinos pueden parar este cáncer que se extiende por toda la ciudad y que hace que Barcelona sea un edificio bien bonito para “selfis” pero cada vez más hótil para los rabajadores, la juventud y los sectores populares que vivimos en ella.