Oligopolio frente a pobreza energética. Alzas del recibo de la luz frente a beneficios multimillonarios. El poder de las eléctricas y su vinculación con el poder político.

Carlos Muro @muro_87
Martes 31 de enero de 2017
Estas semanas, una de las principales noticias económicas está siendo el alza en los recibos de la luz. El aumento de los combustibles está repercutiendo en que millones de familias trabajadoras paguen más por el mismo gasto energético.
En el caso concreto del recibo de la luz las últimas informaciones dicen que el precio de la electricidad cerrará este mes de enero con una subida que rondará el 26% frente al mismo periodo del año pasado. Esto supone que una familia media pagará casi 80 euros de recibo de luz en enero, 19 euros más, frente a los 62,9 euros que tuvo que pagar en el mismo periodo del año anterior.
Según el diario El Economista a este precio hay que sumarle un aumento medio de la demanda del 7,8%, cerca de 2 euros más para una familia con dos hijos, aproximadamente, ya que también hay que incrementar los mayores impuestos. ¿Qué hay detrás de estas facturas?
“Los dueños del kilovatio imponen su ley”
Juan Pedro Velázquez-Gaztelu con su libro “Capitalismo a la española” desvela con este título parte del “porque” del alza y baja del recibo de la luz ha estado controlada, en última instancia, durante años por un pequeño grupo de empresarios. Dirá además que según el periodista Santiago Carcar “los dueños de la energía en España caben en un taxi”. Tiene razón.
Según la Asociación de Productores de Energías Renovables, “el 95% de la generación en régimen ordinario lo controlan cinco empresas; el 99,7% de la distribución está controlada por las mismas cinco empresas; y el 79,5% de la comercialización de electricidad lo controlan esas mismas empresas”. Pero son tres las que copan prácticamente entre el 80 y 90% del mercado, tales como Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa.
El sector energético es, después de la banca, el segundo gran sector patronal con mayor poder económico y de influencia en el Estado español. Es decir no es un sector más, sino que es uno de los grandes pilares por los que se sostenta el capitalismo español.
No es de extrañar, que los gobiernos de turno -tanto del PP como del PSOE- hayan mimado a este sector. No solo por ser un sector estratégico para el imperialismo español -recordemos que estas mismas empresas operan y expolian la energía de otros países fundamentalmente de América Latina- sino porque también ha sido un refugio para multitud de políticos de la patronal.
Como dice Juan Pedro Velázquez “hasta medio centenar de ex cargos públicos y familiares directos figuran entre los administradores de compañías como Endesa, Iberdrola o Gas Natural Fenosa”.
Por citar solo algunos: Elena Salgado ex ministra del gobierno de Zapatero (PSOE) entró a Endesa tras su cargo de ministra. Pedro Solbes como consejero de Enel cobraba 132.000 euros en 2012. Angel Acebes del PP cobró como consejero de Iberdrola 216.000 euros en 2013. Josep Borrell, ministro de industria y de Hacienda con Felipe Gonzalez cobraba un sueldo de 300.000 euros en Abengoa.
Cuestionar el poder de las eléctricas es cuestionar a un pilar del capitalismo español
Interesante definición de Juan Pedro cuando dice: “Las compañías eléctricas han funcionado tradicionalmente mediante el pacto -entre ellas mismas y con el gobierno de turno- para repartirse el mercado y fijar los precios que empresas y particulares pagan de luz. Desde los pantanos construidos durante la dictadura de Franco hasta la nueva tarifa eléctrica que entró en vigor en 2014, en el sector no ha existido nunca una competencia real”.
El poder del sector energético ha estado vinculado estrechamente con el poder político de los distintos regímenes políticos del Estado español desde la dictadura de Franco. La concentración empresarial estuvo incentivada no solo por el dictador sino incuestionada durante la llamada “transición española”.
La incuestionabilidad de este sector -entre otros- ha significado la obtención de millonarios beneficios empresariales. Como dice Arsen Sabaté, periodista de este diario, las tres grandes empresas españolas del sector eléctrico, ganaron en 2016 un 18% más que en el año anterior y en 2012 amasaron más del doble que las compañías europeas. En el marco de un periodo de fuerte devaluación salarial generalizada.
Lo que está detrás de cada factura es un reducido grupo de grandes empresas que controlan el 99% del mercado. Inflando el precio del kilovatio para que el conjunto de familias trabajadoras seamos las pagaderas. Es curioso como un estudio del 2014 por el Instituto para el Estudio de la Energía de Oxford reveló que de que cada 100 euros de la factura de la luz, los consumidos españoles pagamos 49,10 por el coste real de la electricidad (generación, suministro y redes), y que el 50,90 euros restante corresponden a impuestos y financiación del gobierno.
En realidad estas son estimaciones aproximadas. El problema versa que estas empresas se niegan hacer una auditoria de sus cuentas mientras 7 millones de personas tienen serios problemas para pagar la luz. Frente al problema, evidente, de pobreza energética de millones de familias trabajadoras ¿cómo se puede avanzar en la resolución del problema? Algunos dirán que es necesario la “democratización” de este sector.
Pero si realmente queremos una democratización radical en primer lugar debemos pedir la apertura de los libros de contabilidad para determinar la cuentas que nos ocultan con la participación de los sindicatos de trabajadores del sector de los mismos usuarios. En segundo lugar, y unido a lo anterior, avanzar en la nacionalización de todas estas empresas bajo la gestión de los trabajadores.

Carlos Muro
Nació en la Zaragoza en 1987. Es estudiante de Historia en la UNIZAR. Escribe en Izquierda Diario y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.