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Violencia de Género. "Necesitamos una Ley de Emergencia para parar los femicidios y violencia contra las mujeres"

"El femicidio es el último eslabón de toda una cadena de violencias" cuyo responsable es el Estado, plantea en esta columna Bárbara Brito, vice-presidenta FECH.

Bárbara Brito

Bárbara Brito Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Domingo 12 de febrero de 2017

El femicidio es el último eslabón de toda una cadena de violencias donde están presentes los ínfimos salarios respecto al que reciben los hombres, precariedad, subcontrato, doble jornada laboral, trabajo doméstico que recae en su mayoría en el sudor de mujeres y niñas, escasos derechos sexuales y reproductivos conquistados como una educación no sexista, anticonceptivos de calidad y gratuitos o el aborto libre, violencia machista en todos sus niveles, entre otras formas de violencia hacia la mujer. Y, como todas estas violencias hacia la mujer, el femicidio también tiene responsables que no son sujetos individuales solamente, es también y principalmente el Estado, sus partidos, sus instituciones y sus gobiernos.

Se cree que el femicidio es algo natural, no sólo porque se naturaliza la violencia machista, sino porque nadie grita hoy por hoy que hay responsables políticos más allá del hombre que ejecuta el asesinato. Al parecer ni a la derecha ni a la Nueva Mayoría le conviene desmantelar que en los femicidios el Estado sí tiene responsabilidad, que son los mismos políticos corruptos que no quieren siquiera legislar en torno al aborto y han hecho lo posible para reducir cada vez más el ya mínimo proyecto de ley de interrupción del embarazo bajo tres causales, los que tampoco quieren legislar en torno a medias preventivas de más femicidios y a la ampliación de la ley.

Toda una cadena de violencia amparada por el estado culmina muchas veces en su peor expresión, el femicidio, cuyas víctimas no encuentran ningún tipo de resguardo o escapatoria antes de llegar al último eslabón. Hoy los programas de prevención que impulsa el Sernameg son completamente insuficientes y precarios pues se encuentran en la última jerarquía de importancia para la institución. Necesitamos una Ley de Emergencia ahora que pueda prevenir nuevos femicidios.

Lo que dice el Sernameg y lo que decimos las mujeres

La página del Sernameg contiene una radiografía de la legislación chilena y del nulo interés por modificarla. Sobre los femicidios, comienza planteando que “un femicidio es el asesinato de una mujer realizado por quien es o ha sido su esposo o conviviente” sin embargo un femicidio es mucho más que esto, es el asesinato a mujeres por el hecho de ser mujeres: no es por celos, no es por amor, es un crimen de odio contra nosotras, odio que es fomentado por el Estado, su educación, la publicidad empresarial, la iglesia católica, y un largo etcétera. Esta mirada debería derivar en una modificación sustancial de la ley que incluya agresiones y asesinatos donde no hay una relación directa entre el agresor y la víctima necesariamente, sin embargo hasta hoy, ya en el cuarto año de mandato, la ministra Claudia Pascual y la presidenta Michelle Bachelet no han respondido a este reconocimiento tan necesario para prevenir nuevos femicidios y juzgar sin impunidad a los asesinos.

Hoy surgen casos como el de Antonia, que ha congregado a miles de personas a movilizarse y ha empatizado con cientos de miles a nivel nacional. Según la hipótesis que por ahora se baraja, ella fue inducida al suicidio por un hombre que la violentó sistemáticamente, física y sicológicamente, pero el Estado a través de instituciones nunca se hizo responsable y hoy su caso no cabe dentro de lo que la legislación cuenta como femicidios.

Más adelante plantea que “es una muestra de que en nuestras sociedades todavía se cree que los hombres tienen derecho a controlar la libertad y la vida de las mujeres.” Sin embargo, es la muestra no sólo de una intención, percepción o creencia individual de los hombres, sino que de todo un sistema social diseñado para el sostenimiento de una pequeña minoría adinerada a costa de la opresión hacia la mujer.

“Las penas para quienes cometen femicidio” continúa la introducción a la sección sobre femicidos del Sernameg, “van desde los quince años y un día de cárcel hasta la cadena perpetua.” Además de ser la ley sumamente acotada como explicábamos anteriormente, se centra únicamente en una política punitivista que individualiza los casos, y la prevención no está contenida en la legislación chilena, sólo forma parte de un programa. El problema de esta mirada sesgada es que a las mujeres nos asignan un lugar de víctimas a la vez que no hay una política de conjunto que pueda ayudar a prevenir los femicidios, que cuestione y le dé una salida a la dependencia económica que somete a muchas mujeres a no escapar de los maltratos y los abusos mediante la creación de casas de acogida, vivienda para aquellas mujeres que no posean y vivan con sus agresores, subsidios estatales para sus hijos, ayuda psicológica, oportunidades de empleo no precario para que ninguna mujer dependa económicamente, entre otras medidas que se deberían implementar.

No queremos más muertas, exigimos una ley contra la violencia machista que acoja a todas las mujeres que son violentadas asegurándoles resguardo y bienestar, a la vez, toda reforma será insuficiente, nos tenemos que proponer fortalecer la organización de las mujeres, combatir el rol de víctimas que nos otorga el Estado donde es él quien podrá resolver nuestros problemas para pasar a reconocernos como sujetas políticas y, en alianza con otros sectores explotados y oprimidos como los trabajadores, la juventud, el pueblo mapuche, los migrantes, podamos acabar con esta sociedad basada en la explotación y la opresión.

Si no es ahora, ¿cuándo?

Ad portas del 8 de marzo al movimiento de mujeres se nos imponen grandes desafíos: poder conquistar a grandes masas de mujeres que se puedan sumar a la batalla contra el patriarcado y el capitalismo; fortalecer nuestra organización levantando comisiones de mujeres en los sindicatos y en las universidades; y tomarnos de toda nuestra historia para poder desarrollar nuestra fuerza y conquistar nuestras demandas.

Si no es ahora, ¿cuándo? fue la arenga de Clara Lemlich, una de las 30mil obreras textiles que se manifestó por mejores condiciones laborales en Estados Unidos, en la huelga del 8 de marzo de 1909. A más de 100 años de estos hechos la pregunta sigue vigente no sólo frente a la desigualdad salarial y laboral, también frente a la violencia machista que hoy las mujeres sentimos más que nunca al tener los ojos más abiertos y un sentido más crítico de la realidad que nos rodea.

La historia de otras mujeres, como la de Lemlich y las obreras textiles, las mujeres de “les pretoleuses” (las incendiarias) de los barrios pobres parisinos que lucharon en el frente de batalla para la comuna de Paris, y la historia de tantas más, nos tiene acá, cuestionándolo todo y queriendo arrebatar toda demanda por nuestros derechos, por más mínima que sea.

Las mujeres tenemos nuestra historia, las mujeres trabajadoras, pobres, dueñas de casa, inmigrantes, estudiantes tenemos nuestra historia y es de lucha, de huelgas generales, de no bajar los brazos, de cuestionarlo todo. Eso es lo que se viene organizando hoy, nuevamente y de forma germinal: un movimiento internacional de mujeres combativo que, con la fuerza de la mujer trabajadora organizada en sus lugares de trabajo y con independencia del Estado, se proponga conquistar la emancipación de todas las mujeres y a su vez, cuestionar el capitalismo que le ha dado nuevo vigor y fuerza a la opresión hacia la mujer.

Es así como las feministas norteamericanas y argentinas han convocado al paro internacional de mujeres que ha resonado como consigna mundial, y a lo largo del mundo se organizan importantes marchas para que este 8 de marzo, junto con nuestros compañeros, seamos una gran voz reclamando por nuestros derechos.