En el marco de la puesta en marcha de las reformas estructurales y del aumento desmedido de la violencia y militarización en nuestro país disfrazada de “Guerra contra el Narcotráfico”; las condiciones de vida, salud y trabajo de más mujeres pobres y trabajadoras se han recrudecido brutalmente.
Marisol FN Agrupación de mujeres y disidencias Pan y Rosas
Sábado 26 de septiembre de 2015
Al brutal aumento del feminicidio y las redes de trata como formas de violencia extrema contra las mujeres; le acompañan variadas formas de explotación y esclavitud laboral para cientos de miles de mujeres trabajadoras y obreras en México y el mundo.
A nivel mundial las mujeres ocupamos el 70% de los trabajos precarios. Además tenemos que soportar los malos tratos y humillaciones; el acoso y hostigamiento sexual por parte de supervisores y patrones; enfermedades crónicas a causa de las extenuantes jornadas de trabajo en las insalubres fábricas y maquilas, que no cuentan con el equipo y las medidas de seguridad mínimas; entre muchas otras formas de violencia laboral.
En México suman casi 20 millones de mujeres trabajadoras, que forman parte de la fuerza de trabajo. De ellas el 71% es madre de uno o más hijos, y al menos el 70% ha denunciado haber sufrido acoso u hostigamiento sexual en su centro de trabajo.
No todas las mujeres somos iguales
El acoso sexual es tan sólo una expresión de la violencia laboral que vive a diario la gran mayoría de la población femenina, más no la totalidad. Esto debido a que no todas las mujeres somos iguales, a nosotras también nos divide un problema de clase.
Además de las largas jornadas de trabajo, las mujeres pobres y trabajadoras tenemos que cumplir con una segunda jornada laboral que no paga el patrón, ni se hace cargo el Estado. Esta consiste en las pesadas labores del hogar así como el cuidado de los hijos y enfermos, que a nivel macroeconómico representó en 2012 una quinta parte del Producto Interno Bruto (PIB) nacional generado en ese año.
Porque hay quienes tienen que trabajar para vivir; y otras que viven a costa de la explotación de otras. Esta violencia que combina la condición de género y la pertenencia de clase, es parte vital para la reproducción –material e ideológica- de la sociedad capitalista y patriarcal.
Doblemente oprimidas, doblemente revolucionarias
Somos estas mujeres que sufrimos dobles o triples cadenas de opresión y explotación, las que desde la teoría marxista somos sujetos potencialmente revolucionarios. Esta tesis que es clave para las y los socialistas, se viene comprobando en la práctica con las férreas luchas y resistencia obrera por parte de mujeres trabajadoras, en diferentes partes de México y el mundo.
Entre estas luchas están: las trabajadoras del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja de Ahorro de los Telefonistas (SNTCAT), que vienen dando una enorme batalla contra el acoso sexual y los despidos por parte del charro y dirigente de los telefonistas, Francisco Hernández Juárez. Del mismo modo también las despachadoras de gasolina en la sucursal Coapa organizadas en el STRACC, que han conseguido arrebatar la titularidad de su contrato colectivo del trabajo.
También las aguerridas trabajadoras de la educación organizadas en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), vienen enfrentando desde hace años la fuerte represión del gobierno y el linchamiento mediático de las empresas y medios de comunicación, quienes de ser necesario, impondrán a sangre y fuego una reforma laboral disfrazada de educativa.
Con el mismo odio de clase, las valientes obreras y obreros de calzado Sandak en la zona industrial de Tlaxcala, se están enfrentando a la alianza criminal de la trasnacional Grupo Industrial Bata en complicidad con el gobierno estatal de Mariano González Zaur. Desde hace más de 4 años que se encuentran en huelga, demandan al patrón y el gobierno la preservación de su fuente de trabajo.
¡#NiUnaMenos por trabajo precario, ni represión del gobierno!
Desgraciadamente la ambición de la trasnacional Bata en complicidad con el gobierno del PRI en Tlaxcala, ya cobró la vida de una trabajadora. En 2012 luego de un brutal intento de desalojo en manos de la policía y golpeadores de la empresa, la obrera María Luisa Hernández Moreno de 55 años falleció producto de la represión patronal. Ante este brutal hecho sus compañeras y compañeros han decidido continuar la lucha, para que su muerte no haya sido en vano.
La historia de María Luisa es la historia de miles de mujeres a las que injustamente, se les ha arrebatado la vida a lo largo y ancho del país. Ya sea por la avaricia de los patrones; las políticas de hambre y miseria del gobierno; los feminicidios o las complicaciones por abortos clandestinos; cada día se nos arrebata la vida de más de 7 mujeres. Una mujer asesinada cada 3 horas con 20 minutos.
Las muertas sin nombre y sin rostro cuyos casos se cuentan por miles y permanecen en el silencio y la impunidad, son el verdadero rostro ruin del gobierno de Enrique Peña Nieto y la democracia asesina del PRI, PAN y el PRD. El Estado mexicano no solamente es responsable de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa; sino también del avance del cáncer social del feminicidio en todo el país, así como de la violencia laboral y explotación de miles de trabajadoras en fábricas y maquilas, dando a los patrones todas las ventajas.
Por ello desde la agrupación de mujeres Pan y Rosas hacemos el llamado a impulsar la campaña #NiUnaMenos en las fábricas, escuelas, colonias y centros de trabajo. Con esta campaña queremos construir una fuerza militante que ante el aumento de la violencia feminicida y los abusos de los patrones y el gobierno, levante un gran movimiento de mujeres en las calles y que pelee con independencia política del Estado y sus instituciones.
En el marco de esta campaña es que marchamos este 26 de septiembre junto a nuestras compañeras y compañeros del Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS). Para denunciar que fue el Estado feminicida, el responsable de la desaparición de los 43 normalista de Ayotzinapa. Porque no perdonamos y no olvidamos, exigimos verdad y justicia para nuestros compañeros y compañeras asesinados por este gobierno asesino y patronal. ¡VIVOS SE LOS LLEVAROS, VIVOS LOS QUEREMOS!