En el día que se presenta por octava vez el proyecto de la Campaña Nacional por el derecho al Aborto, jóvenes y trabajadoras siguen sosteniendo su reclamo por esta demanda. Se comparte un relato.
Valentina Rodríguez Lic. en Trabajo Social | Redacción Zona Oeste Gran Buenos Aires
Martes 28 de mayo de 2019 10:40
Hoy esperando un llamado en línea veía a lo largo del pasillo las mochilas que colgaban de las sillas a medio caer, en todas ellas un pañuelo verde anudado. Sonrío. Y luego me distrae un malestar terrible. Me duele la garganta. Me estallan los ganglios y entonces me tomo un té, de los que tienen todo para combatir tanta inflamación. Y de dolerme la garganta pasa a dolerme la injusticia de saber que no podré irme ni faltar en lo que resta de la semana al trabajo.
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Ni siquiera teniendo en cuenta que mi voz es mi instrumento de trabajo. “Es como si te obligaran a martillar con una mano esguinzada”, me decía una compañera. Y es así.
También cuántos pibes y pibas hay rotos y rotas en las fábricas, en los locales de ropa y comida o bares... somos miles, que para no perder el presentismo, comisiones y demás inventos de las empresas dejamos día a día nuestra salud.
Pero también quieren que dejemos de ejercer nuestros derechos, no sólo a faltar los días de enfermedad y estudio sin tener que devolverle a la empresa luego esas horas justificadas, sino que también quieren ir por nuestro derecho a reclamar porque pasado mañana, el 29 de mayo, el paro nacional parece “habérsele pasado” a los sindicatos como el de comercio. Un sindicato donde hay miles de mujeres jóvenes y ningún derecho para nadie, menos para nosotras.
Y entonces vuelvo a los pañuelos verdes y pienso que con las pibas ya tenemos dos cosas en común y que son peligrosas para cualquier empresa, sindicato y Gobierno. Como demostró la marea verde, somos mujeres que con las disidencias y compañeros varones, que se organizaron por el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito pero también somos laburantes. Somos quienes padecemos la miseria de este ajuste brutal del gobierno, los gobernadores peronistas, los sindicalistas traidores y sobre todo del FMI que llegó para robarle el futuro a la juventud. Somos el pañuelo verde y la vincha. Combinación explosiva si está organizada.
“El derecho al aborto puede esperar”, rezaba Alberto Fernández. No. Ya se parece a la empresa, que no quiere que reclamemos, ni luchemos. No puede esperar, porque nuestras compañeras de laburo, amigas, pibas del barrio, y familiares abortan. No puede esperar porque además de poner en riesgo sus vidas en procedimientos clandestinos, después dejan sus piernas, gargantas, y espaldas recuperando horas de trabajo. No puede esperar porque les pibes queremos todo. Queremos aborto legal, seguro y gratuito. Queremos separación de la Iglesia del Estado - pañuelos naranjas también abundan- y la implementación de la ESI.
Queremos condiciones de trabajo dignas. Pero sobre todo queremos un futuro libre de empresarios y organismos multinacionales que parasitan naciones dejándolas en quiebra. Queremos que la plata vaya para nosotres y lo que necesitamos. Ahora. Y por eso nos organizamos. Y por eso, el té es para mejorar y volver mañana temprano al call, pero sabiendo que en realidad preparo mi voz para gritar bien fuerte en las calles.