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Red Internacional
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TRIBUNA ABIERTA. “En la calle codo a codo, somos mucho más que dos”

Con gritos de gente que arriba al punto de encuentro, resuenan los pasillos del metro, los policías ahora se sienten con el poder de grabar, de grabar actos que no ocurrían, sólo es el pueblo organizado que avanza en solidaridad a la tragedia de hace 365 días y que comparte el dolor; no “actos vandálicos”. Al llegar a la estación Auditorio, los gritos de varios grupos se unifican a un solo grito: “Ayotzinapa vive, la lucha sigue”.

Miércoles 30 de septiembre de 2015

“No somos todos, nos faltan 43”

Narrar los hechos lo más objetivamente que se pueda, es casi imposible, así que trataré de hacerlo con una subjetividad honesta que nos concedió Payan para poder expresarnos en el periodismo, con esta subjetividad cercana a lo objetivo; y es que cómo no admirarse con los grupos organizados, jóvenes ilusionados por un país mejor, mujeres que se solidarizan con la indignación y temor de que su hijo “pudo haber sido uno de los 43”.

Al frente del auditorio a las 12:10 los militantes, organizaciones, alumnos, maestros, egresados, o simplemente la sociedad acudió al punto de reunión para apoyar a los padres de los desaparecidos normalistas aquella noche del 26 de septiembre en Iguala y que el cielo nublado reflejaba la tristeza que embarga al país.

Como las Normales del Distrito que marcharon juntas, algunos contingentes ya estaban avanzando sobre Avenida Reforma, a excepción de la Benemérita que no hizo acto de presencia en el contingente, alumnos de la UAM y la UNAM iban por delante, pero fue hasta las 12:25 de la tarde que uno de los padres de los desaparecidos inauguró la partida oficial de la marcha de la Indignación en compañía del profesor Felipe de la Cruz; sin embargo, la avenida Reforma quedó corta, pues fue insuficiente para albergar a los asistentes.

Mientras los padres de los desaparecidos encabezaban la marcha; parecía un contingente más la presencia de muchos medios de comunicación: cámaras fotográficas y de video entre el contingente de los padres y el camión donde venía el sonido con el que éstos alzaban la voz.

La tristeza, la indignación, el cansancio, el coraje, la rabia y las lágrimas de los guerrerenses se mezclaba con un ligero fondo musical compuesto hace un año y recordando “nos llevan a otro lugar donde empieza la masacre y todo se nubla”.

13:17 el mar de gente sigue avanzando, se oyen los gritos de apoyo, algunos más esperan que pasen los padres para decir: “no están solos, estamos con ustedes” y así Omar García, alumno sobreviviente del ataque en Iguala, monitorea la cantidad de gente, parado sobre una vieja combi, invita a los presentes que “como dicen los policías de la ciudad de México, oríllense a la orilla para dejar pasar a los padres de los normalistas” pidiendo su apoyo para “que sean los padres los que encabecen esta marcha” y mientras tanto la gente espera entre la brisa de la tarde, espera a que los padres lleguen frente a la Estela de luz, la estela de la vergüenza.

Después de unos minutos de espera se intercambian miradas entre Omar, los padres y sus compañeros. Omar cierra el puño y esboza una pequeña sonrisa de gusto, de felicidad; hace una señal; no lo cree, no le alcanzan las señas para decirles a sus compañeros que es mucha gente y que hay muchos que los apoyan, que están contentos porque su convocatoria tuvo éxito y aún faltan más grupos atrás de ellos.

Eran las 13:17 frente del Ángel de la independencia, cuando las personas presentes se abrían paso como el mar rojo se abrió ante Moisés para darle paso a la cabeza de la marcha.

14:40, la lluvia cobraba más fuerza entre más se acercaba la marcha al centro de la ciudad, pero “ni la lluvia ni el viento detendrán el movimiento” gritaban los asistentes. Mientras los vendedores ambulantes se acercaban a vender capas para la lluvia, ligeros impermeables y después de cobrar los 10 pesos de la capa, al unísono gritaban en apoyo a los padres.

La marcha siguió y fue a las 14:57 al encontrarse en el cruce de Avenida Juárez y Reforma, que se dio, como parte del mitin, el pase de lista de los 43 normalistas con la exigencia de presentarlos vivos.

Frente al anti-monumento que colocaron a los 7 meses de desaparecidos los alumnos “casi niños” también se clamó justicia para los caídos aquella noche; así como para Aldo, uno de los alumnos que se encuentra en estado vegetativo desde hace un año y que está internado en el Hospital de Neurología y neurocirugía.

Para esa hora, aunque los asistentes no terminaban de avanzar, la gente que los seguía aún se encontraban paralizados en la estela de luz.

Al terminar la Avenida Juárez, el gobierno capitalino le negó a los padres y a los contingentes marchar por Madero, la calle que se cerró para los vehículos y se le dio paso a los transeúntes, hoy simplemente estuvo cerrada.

Cerca de las 4:00 de la tarde los padres iban entrando al Zócalo para hacer posesión del templete y dar su presentación. El camión se detuvo y poco a poco los padres fueron llenando el espacio, madres con la mirada cansaday a pesar del hambre, del frio, de la lluvia estaban ahí listas para hablar.

Con voces entrecortadas, miradas tristes y llenas de rabia, los padres uno a uno fueron alzando la voz por sus hijos: “la naturaleza parece que nos repite otra vez que así como hoy, llovió esa noche y que no es cierto su verdad histórica, que se vino abajo”, “el cielo no está lloviendo, está llorando de tanto dolor”, “pensaron que el ignorante era yo que no fui a la escuela y no esos asesinos con cuello blanco” dijeron los padres a los manifestantes; además agradecieron a toda la gente por “no dejar la marcha y mojarse con ellos”.

Los alumnos de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México compartieron su pesar, porque “no tienen nada de diferente a cualquiera de los estudiantes” “que donde quiera que se encuentren los vamos a encontrar” “porque Peña Nieto sabe donde están” “debemos hacer una revisión a los cuarteles del ejército”, “salimos con sólo sueños en la mochila … hace un año, no sabíamos lo que nos esperaba, que íbamos a estar en esta lucha” y agradecieron “porque cuando nos hemos sentido caer, están para darnos fuerzas … cuando regresen los muchachos, nosotros les vamos a contar lo que han hecho por ellos y van a estar igual de agradecidos”.

Con el temor de que existiera algún altercado, los representantes hacían un aviso de que no caerían en provocaciones, y responsabilizaron al gobierno de la ciudad y a Peña Nieto de cualquier acto de violencia, pero que “llegado el tiempo, les iban a responder como se merecían, porque esto aproxima a una segunda revolución … si Peña Nieto no puede y la delincuencia son más inteligentes que ellos, entonces que se vayan, si no pueden hacer justicia, porque cómo se van a juzgar ellos mismos, Peña Nieto huyó a Estados Unidos como el año pasado, pero hasta allá llegarán nuestros reclamos”, expresaron.

Al filo de las seis de la tarde, los contingentes seguían arribando a pesar de que la lluvia seguía tomando más fuerza, los gritos de justicia poco a poco se fueron convirtiendo en una algarabía de la ciudad, los jóvenes corrían “alerta, alerta, que camina la lucha estudiantil por América Latina”; algunos más escuchaban y presenciaban el mitin frente a palacio nacional pidiendo justicia “porque el color de la sangre jamás se olvida”.

A modo de epílogo:

Al caminar con la frente en alto en una marcha, al ser congruente con sus palabras y sus actos son causa de orgullo normalista y ahora periodista, porque la admiración y la libertad de expresión, son como la tierra de Zapata: de quien se trabaja, así con gran admiración a todos aquellos compañeros que vi en la marcha y mi respeto y admiración a mis profesores que vi este 26 de septiembre

Como Benedetti escribió “codo a codo somos mucho más que dos” hoy, “hombro con hombro, codo con codo, Ayotzi, Ayotzi, Ayotzi somos todos”.