Paola trabaja hace diez años como contratada por el Municipio de Lomas de Zamora en el Hospital Alende. Además es parte de la Junta Interna de ATE. Un relato de su situación.
Paola Trabajadora contratada del Hospital Alende (L. de Zamora, PBA)
Martes 23 de agosto de 2016
Fotografía: Romina Vermelha - Enfoque Rojo (fragmento)
Hace diez años que trabajo en el Hospital Alende, que depende de la Municipalidad de Lomas de Zamora. Estoy contratada desde el 1 de julio de 2006, justo cumplí 10 años. Siempre en broma, cuando voy a buscar el recibo, le digo a la chica de personal: “¿Y? ¿Hay alguna novedad de mi pase a planta? Ya cumplí diez años ¿me van a regalar algo?” Siempre una sonrisa y nada más.
Yo trabajo en el sector de Rayos, y ahí habrá 4 o 5 personas que son efectivas, que son las que entraron cuando se inauguró el servicio de rayos en 1989, más o menos. Tengo compañeras que están esperando para jubilarse; el resto, todos los que entramos después, estamos contratados. Más allá de mi sector, en el hospital, estamos todos en la misma situación.
En estos días algunos compañeros iban a pasar a planta permanente; pensé que iba a entrar en esa camada, pero no fue así. Mis compañeros, que me conocen hace años, estaban muy preocupados, no podían creer que dos de ellos hayan pasado a planta permanente siendo que hace menos años que trabajan ahí (que igual son un montón, porque están desde el 2008-2009) y yo no. Ahí me di cuenta que la cuestión venía por otro lado.
Fue una sorpresa desagradable; me aguanto muchas cosas acá, es difícil que llore, pero ese día tenía ganas de llorar de la bronca, porque me di cuenta que era algo puramente ideológico, un abuso institucional. No me pasaron a planta permanente porque pertenezco a la Junta Interna de ATE. Para mí fue muy indignante, pero me dije a mí misma que esto no podía ser, y me decidí a pelear por lo que me corresponde a mí y a todos mis compañeros.
Es un castigo de la intendencia de Martín Insaurralde por organizarme junto a mis compañeras de trabajo, por movilizarme, por luchar porque las cosas se decidan en asamblea. Pasar a planta permanente no significaría para mí ni más ni menos plata, o a lo sumo es poca la diferencia. Significaría mayor estabilidad y también cobrar la asignación por hijo; ningún contratado del municipio percibe ese derecho. También sería para mí un triunfo ante ese maltrato, ante ese abuso institucional que cometen.
Además de eso, lo que me pesa es saber que estoy trabajando con radiación ionizante, que yo estoy dejando acá mi juventud -entré a los 25 y ahora tengo 35-. Si bien la sala está plomada, en los equipos portátiles tenemos un chaleco de plomo que cubre desde la clavícula hacia abajo, pero todo lo que es brazos, vista, tiroides, está expuesto. El trabajo es peligroso. Hasta en eso no les importa nada. La radiación que tengo acumulada es mucho más que cualquiera, es nociva para la salud. Y si bien hay leyes nacionales o provinciales, de insalubridad y de radiofísica, el Municipio hace oídos sordos. Tengo el descuento del 16 % por insalubridad en el recibo de sueldo [para la jubilación, NdR], pero ningún otro beneficio. Pensé que pasaba desapercibida, pero parece que no.
El fin de la modalidad de contratación es un objetivo que tenemos desde la Junta Interna, pelear por el pase a planta permanente de todos los trabajadores contratados; no bajamos esa bandera.