El 10 de Abril es la XV Marcha contra la Macrocárcel de Zuera, acto para denunciar la represiva política penal, penitenciaria y social. Aprovechamos para entrevistar al Colectivo Apoyo a Mujeres Presas en Aragón, participantes de la actividad.
Nadia Celaya Zaragoza
Martes 5 de abril de 2016
¿Cómo y cuando nace C.A.M.P.A.?¿Qué proyectos estáis llevando adelante?
Nació hace dos años en el transcurso de la XIII Marcha a Zuera. Tras la desaparición de ASAPA (Asociación de Seguimiento y Apoyo a Pres@s en Aragón) vimos que era necesario continuar el trabajo de denuncia al sistema penitenciario y de apoyo a los derechos de las personas presas de forma organizada. Fue así como a un grupo de mujeres se nos ocurrió montar un colectivo asambleario y horizontal que se dedicase a la intervención política y social sobre este campo de acción desde una perspectiva abolicionista y feminista.
Es fundamental hacer del problema de la cárcel un problema colectivo, pues la cárcel es un buen ejemplo de cómo funciona nuestro sistema político y social y puede ser una clave de cómo revertir las lógicas disciplinarias y de control a las que estamos sometidas todas las personas.
Nuestro objetivo principal es hacer seguimiento y apoyo a presas cuando están dentro pero también cuando salen. Lo hacemos a través del carteo, comunicaciones, relación con familiares y allegados y allegadas, les damos información de los procesos que tienen dentro de la cárcel y les contactamos con distintos tipos de asesoramiento.
También vemos fundamental implicar a nuestro entorno para intentar que el apoyo sea lo más amplio posible. Organizamos diferentes eventos para transmitir nuestro trabajo, visibilizar la problemática y retroalimentarnos de las diferentes posibilidades de llevar a cabo nuestro trabajo.
Siguiendo la premisa de sumar fuerzas, vemos importante trabajar con los distintos colectivos que se dedican a esta problemática para unificar luchas y ser más efectivas. Toda investigación y aportación de conjunto nos da una visión más amplia de cómo intervenir y actuar. En este sentido son muy importantes los medios de comunicación, la radio y las redes sociales.
¿Cuál es vuestro concepto de la cárcel? ¿Qué visión tienen las mujeres presas de ella?
Nosotras no creemos en la cárcel ni en el sistema penitenciario desplegado en torno a ella. Está demostrado que no han servido ni sirven para nada. No podemos seguir usando la prisión como un dispositivo disciplinario para vigilar, controlar y corregir a aquellas y aquellos considerados “residuales” en pos de cimentar todo lo que llamamos normalizado. Se trata de construir algo muy diferente a lo que hay en el sistema capitalista actual. Para ello debemos hacernos preguntas como: ¿la cárcel es el único instrumento de seguridad posible? ¿Es necesaria? ¿La libertad es un derecho o una mercancía? Lo cierto es que tenemos que dotar a la población de autonomía para decidir de qué manera queremos resolver los conflictos sociales.
Pero lo que más nos interesa es el discurso basado en cómo piensan la cárcel las presas. Tienen su propia teoría y análisis y es muy importante tenerlo en cuenta porque está fundado en la experiencia directa.
Hablar con ellas nos permite hacernos una idea de cómo se compone, de cómo lo viven y sufren y porque es un espacio de encierro diferente a otros, ya que es en las cuestiones concretas, como el tamaño de las camas, cuando ponen la calefacción, etc. donde se ejerce el control y el poder sobre un grupo de personas.
Estamos generando una especie de diario de quejas donde recogemos todo lo que nos cuentan. Esto ha sido un mecanismo utilizado en momentos de resistencia, como ha podido ser la Revolución Francesa o sin ir más lejos el 15M, precisamente por recoger cómo y de qué manera funciona el poder en nuestros propios cuerpos y vidas. Por ejemplo, el frio, no es solo un elemento natural que acontece, el frio se utiliza como instrumento de opresión. Una de las cosas que nos han contado es que en el modulo de mujeres de Zuera durante el invierno no hay calefacción en celdas ni en las salas comunes y las presas lo que hacen es ponerse botellas de agua caliente en el cuerpo.
Por eso es importante tener espacios como los medios de comunicación que permiten hacer circular la palabra de quienes no la tienen, como pasa con las presas. Nosotras queremos que ellas tomen la palabra, porque precisamente eso es lo que genera un cambio en las relaciones de poder. Quién tiene la palabra y quien no, marca la propia opresión.
¿Qué particularidades sufren las mujeres presas a diferencia de los hombres?
La cárcel está pensada por y para hombres y eso es algo que queda patente no sólo en su funcionamiento estructural sino también en su arquitectura. Las mujeres tienen una forma diferente de habitar la vida dado que la construcción cultural del género femenino es distinta a la del masculino. Por esta construcción social, ellas sufren una serie de discriminaciones distintas a la de los hombres y sus necesidades están mucho más invisibilizadas y abandonadas institucional y socialmente.
Una de las características es el hecho de que en las cárceles de mujeres la mayoría de los funcionarios son hombres, con todo lo que eso supone, ya que si los hombres en nuestra sociedad patriarcal ya ocupan la posición privilegiada respecto de las mujeres a base de ejercer sobre ellas todo tipo de opresiones (desde cobrar menos por el mismo puesto de trabajo a la exposición constante a vejaciones, humillaciones, violaciones y violencia machista), si institucionalizamos esas posiciones la situación todavía resulta más insostenible cuando, además, estás encerrada entre cuatro paredes sin ningún tipo de apoyo.
Otro de los problemas deviene del rol asignado a las mujeres como cuidadoras. Por un lado está la condena penal y por otro la condena social, ellas no sólo son acusadas de un delito sino también de abandonar a sus familias, de quebrantar las normas de género. Muchas veces hemos oído como alguien dice: ¿Y cómo puede haber cometido ese delito teniendo dos hijos en casa? Presuponiendo que una madre tiene unas obligaciones que cumplir que a un padre no se le exige por igual.
En el caso de las mujeres presas que son madres, la situación en las cárceles tampoco es nada empática con su situación. Para empezar es incoherente que se les juzgue socialmente por abandonar a sus familias y después no se les permita tener visitas de los hijos e hijas o mantener un contacto regular. En los módulos de madres, los niños y niñas solo pueden estar hasta los tres años. Nos parece que si se prioriza la defensa de los derechos de los menores éstos no deberían ser encarcelados con sus madres sino ser ellas las que puedan cuidarles fuera
Este campo de intervención está atravesado por segmentaciones de clase, raza y género y nosotras, desde una perspectiva feminista, queremos poner de manifiesto estas discriminaciones para poder trabajarlas.
En el caso de las mujeres, tienen una serie de desventajas y características discriminatorias específicas. En este sentido es necesario realizar un trabajo con ellas para acompañarles en una toma de conciencia de su propia situación personal y social y facilitarles el intervenir en ella paliando los efectos opresivos que se dan en su desarrollo personal, su autonomía y su autoestima a causa de estos factores discriminatorios.
¿Cómo es la relación de las mujeres con la vida exterior? Con la familia, amigos. Que problemas tienen una vez que están en libertad?
La relación con los hijos es una cuestión muy problemática para ellas, depende de muchas cosas, de la edad que tengan, de su relación etc. pero podríamos decir que en general ellas sufren mucho la distancia, el perderse la vida de sus hijos e hijas, que las vean en esas condiciones y además un gran sentimiento de culpabilidad auto impuesto influido por los cánones sociales machistas y patriarcales de lo que es ser una "buena madre" al igual que una "buena mujer".
Es difícil enfrentarse al problema de la excarcelación en una sociedad que sigue siendo machista, racista, precaria y un largo etcétera.
En general podemos decir que la encarcelación se vive como un problema social e individual. La persona que entra en la cárcel de alguna manera convierte su perspectiva en una perspectiva del día a día, de supervivencia. Carece parcialmente de visión de futuro y es difícil pensar en términos afiliativos en este sentido. Es necesario empoderar e informar a las presas tanto dentro como fuera de la cárcel, es así como al final podrán generarse mecanismos de ayuda mutua que generen apoyo y gestión de las necesidades. Para esto es importante que haya espacios donde se genere un sentimiento de comunidad y solidaridad donde el problema de estas personas sea conocido y compartido para generar la empatía como un arma.
Las presas están en situación de indefensión y se trata de dar a estas personas la humanidad que les corresponde y no convertirlas en excluidas o gente residual.
En la cárcel se pretende neutralizar la capacidad de reacción de estas personas, avergonzarlas y recluirlas en un ambiente totalmente privado, bloquearles las posibilidades de unión con otras personas. Las presas se enfrentan a la soledad y el miedo como denominadores comunes. Vivimos en una sociedad que estigmatiza a las personas, así ocurre con la pobreza, con aquellas personas que son más vulnerables y/o lo han perdido todo y que, además, tienen que avergonzarse de ello.
Quieren culpabilizar a las personas cuando se trata de un problema estructural.
Vosotras trabajáis con las reclusas de la macrocárcel de Zuera. Tengo entendido que el modulo donde están las mujeres, es el llamado “modulo respeto”. ¿Nos podéis contar en qué consiste?
La macrocárcel de Zuera se inauguró en el 2001, con capacidad para 1800 personas, compuesta por catorce módulos. El 13 es un módulo de respeto y el único habilitado para mujeres, por tanto es obligatorio a diferencia del módulo de respeto en otros lugares donde pueden elegir entrar o no.
Actualmente hay unas 105 mujeres, la mayoría por delitos contra la salud pública con condenas entre 3 y 7 años, algo que responde a una feminización de la pobreza y el endurecimiento de las penas en delitos que comete este tipo de población que generalmente dispone de pocos recursos y medios para tener una vida sostenible.
El módulo de respeto es una unidad de separación interior en un centro penitenciario. Allí tienes que firmar un contrato conductual y hay evaluaciones diarias y semanales de cumplimiento de normas,por ejemplo no se pueden cometer actos de violencia física, verbal o gestual, vestir de manera inadecuada o tirar al suelo colillas, papeles etc. Lo más relevante es que son las propias internas las que tienen que asumir roles de funcionarias, de manera que ya no hay una separación diferencial entre funcionarias/presas, sino que estas relaciones se difuminan creando otro tipo de conflictividades entre ellas mismas. A las que asumen este rol se las denomina “Comisión gestora” compuesta por presas del módulo elegidas por el educador.
Ellas pueden poner partes, lo que supone que entre ellas haya mucha peor relación, amenazas, favoritismo y toda una serie de inconvenientes que van en detrimento de la solidaridad, la unión y otra serie de mecanismos que favorecerían mucho más la ayuda mutua y el apoyo dentro de la cárcel.
En estos momentos están saliendo a la luz muchos casos de corrupción, pero las cárceles están llenas de personas por delitos relacionados con tráfico de drogas o pequeños robos. ¿Cómo analizáis vosotras esta situación?
La ley no es igual para todos/as y eso es un hecho Es cierto que con la participación de ciertas instituciones como por ejemplo el Defensor del Pueblo o los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria es posible frenar algunas de las situaciones que se presentan en la problemática penal y carcelaria, sin embargo, creemos que no hay que renunciar al conflicto con dichas instituciones La ley es demasiado taxativa, anómala e injusta.
Los delitos se pagan pero depende de quién. Penalizando los delitos que, en general, corresponden a población en riesgo de exclusión, con bajos recursos y en situaciones precarias lo que se hace es un maltrato y una violencia estructural a cierto tipo de población. Es necesario poner de manifiesto la ilegitimidad de esta construcción legislativa y revertir el estado de opinión no naturalizando el hecho de que algunas personas estén en la cárcel de cierta manera o de otra. La responsabilidad de la privación de libertad no puede recaer sobre la parte más débil: la ciudadanía.
La libertad no es sólo un derecho de los ciudadanos sino una obligación moral.
Es necesario poner en marcha medidas que frenen aquellas dinámicas que producen y reproducen las desigualdades sociales, esto implica ejercer un socavamiento en el sistema socioeconómico actual que impide tener vidas sostenibles.