La Izquierda Diario entrevistó a Pablo Gallo, director ejecutivo del CIPPES (Centro de Investigaciones Participativas en políticas económicas y sociales) sobre el último informe emitido por el Observatorio de Pobreza. Aquí habla de la necesidad de encarar los estudios sobre la pobreza con una perspectiva de género.
Miércoles 12 de noviembre de 2014
En el informe de CIPPES vemos que uno de cada tres cordobeses es pobre ¿pero es hombre o es mujer?
Esto no está en ninguno de los informes. No está porque nosotros tomamos o lo realizamos de la misma manera que lo hacen otras empresas. Es verdad que no hay una perspectiva de género en la visión de cómo afecta la pobreza. Yo tenga la misma inquietud, de hecho en el CIPPES nos estamos replanteando esta visión y nos lo replanteamos desde la siguiente postura: la pobreza en términos generales es un fenómeno que afecta a los más débiles y también podemos indicar que la pobreza no afecta a todos por igual. Si hacemos un trabajo más detallado de este 31 % que se encuentra en la pobreza, a nivel nacional, podemos indicar sin temor a equivocarnos que la mitad son niños. La pobreza si uno quisiera imaginársela de alguna manera y ponerle un rostro para poder tener un acercamiento a una idea, le pone el rostro de un niño. La pobreza tiene rostro de niño y el proceso actual habla de una infantilización de la pobreza argentina Eso sería trabajarla a nivel etario.
Un tercer paso sería verla en términos de género
Sí, un primer paso es ver las cifras de la pobreza, luego trabajarlas a nivel etario y después deberíamos ponerle una visión de género. Ahí partimos de una pregunta ¿a las mujeres, les afecta por igual la pobreza, será siempre tan igual?. Nosotros tenemos una duda, creemos que no, pero no podemos indicarlo a ciencia cierta. Sí tengo algunos datos que han impulsado esta idea de que a las mujeres la pobreza le afecta en forma distinta.
¿Cuáles son esos datos?
Hace un poco mas de un año nosotros hacíamos una radiografía de la pobreza acá en nuestra provincia de Córdoba y nos centrábamos en los jefes de hogar. Los jefes de hogar en las clases humildes, casi la mitad eran mujeres, un 45 % a 47%, no lo tengo bien claro ahora. Ese dato me llamó poderosamente la atención. Primero que la mitad de las mujeres sean jefes de hogar pone en tensión el mismo concepto de jefe de hogar, el concepto de jefe de hogar no expresa lo que está sucediendo y en segundo lugar, cuando uno escarbaba un poco más de esas mujeres que eran jefes de hogar el 75 % no había logrado terminar su instrucción básica. Uno dice son jefas de hogar y tienen sobre sus hombros la responsabilidad de pagar la olla como vulgarmente se dice, pero a la hora de hacer eso, que comparten con el hombre o no, lo hacen en peores condiciones porque tienen menores instrumentos. A diferencia de los hombres jefes de hogar donde el porcentaje de nivel bajo de educación era de 58%, evidentemente afectaba distinto. Desde ese dato nosotros dijimos hay que abordar este tema, hay que abordarlo y darle una perspectiva distinta, podemos llamarla una perspectiva de género, darle un resignificado a como lo abordamos.
¿Qué nos estaría indicando el dato de que en casi la mitad de los jefes de hogar son mujeres?
Necesitamos más datos para afirmar que esto se vincula con una situación de pobreza y opresión. Al mismo tiempo tiene que haber una resignificación de la situación de la mujer. Hoy cuando uno escucha a grupos feministas siente que estos grupos no están vinculados a la situación social de las mujeres sino que están vinculados al ascenso de derechos que, en algunos casos más en algunos casos menos, estamos viviendo. Si nosotros pudiésemos indicar que la pobreza, o sea el problema de fondo, tiene a la mujer como doble víctima no sólo por ser pobre, sino por ser mujer, estaríamos en un plano de discusión distinto del que hoy estamos analizando y podríamos decir cosas que hoy no estamos diciendo. Seguramente con esos datos podríamos indicar otro tipo de situaciones. Recuerdo que el mismo dato que te estoy brindando, la primera vez que lo expuse públicamente, fueron las propias mujeres las que me dijeron hasta en tono de alegría que esa situación de que que sean mujeres jefas de hogar en la mitad de los hogares humildes tenia que ver con el ascenso de género. Yo no tenía datos objetivos para poder refutar. Por supuesto tenía una contrapercepción, una propia convicción de que eso no tenía que ver con ascenso de género sino con una situación más de fondo que tiene que ver con lo social, donde hoy por hoy para poder pagar la misma olla para poder sostener la misma familia ya no alcanza un solo ingreso, el del hombre que salia a trabajar y traía el sustento, sino que hoy requería, que es distinto a desear, requería que su compañera o compañero también se incorpore al circuito laboral, para poder tener el mismo standar de vida que teníamos tiempo atrás con un sólo ingreso. Por esa razón, que las mujeres salgan a trabajar, ocupen espacios laborales, me parece bárbaro, no me parece bueno que sea porque no le queda otra, me parece que tiene que ser una opción que se basa en la lucha. Porque acá las cosas no se obtiene porque bajan del cielo, sino que se obtienen a través del trabajo del sector del género. Pero ese ascenso y ese ocupar sectores de trabajo también debe tener que ver con el ascenso social, si hay un ingreso más que ese ingreso posibilite una mejora social en la calidad de vida y no solamente sea para poder mantenernos y estar iguales y no estar peores, sino nos estamos mintiendo, no terminamos de decir lo que esta pasando y simplemente nos sumamos a una ola de discursos de ascenso de derechos, cuando en realidad esos derechos tienen, así como están planteados, pies de barro en este momento.