Brasil vive un momento crítico. Sin que los trabajadores y la juventud entren en escena con sus métodos, el golpe institucional seguirá fortaleciéndose por arriba, y no será frenado con actos.

Diana Assunção San Pablo
Viernes 15 de abril de 2016
Nuevos partidos y parlamentarios declaran adherir al impeachment. Los partidos de derecha, como el PP, el PSD y el PTB, que Lula intentó atraer para salvar al gobierno del juicio político decidieron posicionarse a favor del impeachment.
Hemos planteado nuestra posición a través de Esquerda Diário, en la intervención en cada lugar de trabajo y estudio, afirmando que el impeachment es una maniobra reaccionaria, un golpe institucional que busca arrebatar de las manos de millones de electores el destino de la nación para ponerlo en manos de parlamentarios corruptos. Nos pronunciamos en contra del impeachment y no nos comprometemos en lo absoluto con el gobierno, que acordó la entrega del petróleo del Pre-sal, la ley antiterrorista, la masacre de pueblos indígenas y permitió los despidos masivos. En vez de apoyar a este gobierno llamamos a movilizarnos en contra de sus ataques.
Con el apoyo de diversas patronales, el Partido del Movimiento Democrático Brasilero (PMDB) del vicepresidente Michel Temer y del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, junto a los "tucanos" del Partido de la Socialdemocracia Brasilera (PSDB) del expresidente Fernando Henrique Cardoso , entre otros partidos, quieren el impeachment para implementar otro ajuste. Más duro, más rápido. Temer ya lo declaró abiertamente en el audio que se "filtró", que serían necesarios "sacrificios".
Solo llegamos a esta situación de ofensiva de la derecha gracias a que el PT gobernó todos estos años aliado a ella, a que intentó salvarse de esta crisis negociando más y más con la misma derecha. Ofreciendo cargos y beneficios.
Solo llegamos a esta situación porque las organizaciones de masas dirigidas o influenciadas por el PT y por el oficialismo hicieron de todo, en más de una década, para no desarrollar ninguna lucha seria contra los ataques llevados a cabo por "su" gobierno. Esto fue un límite para la solidaridad y potencial de lucha contra los ataques de otros gobiernos (estaduales), incluso cuando eran gobiernos tucanos, y no desarrollaron ninguna lucha contra los despidos. Mientras, corre la crisis política, las patronales despiden a diestra y siniestra, sobre todo en la industria. Con tanta pasividad las patronales se envalentonaron para ir por más. No es por nada que la Federación de Industrias del Estado de San Pablo, la principal cámara patronal del país, es una de las capitanas del impeachment.
El impeachment no será derrotado solo con actos, y si así ocurriera, lo que emerja será un gobierno de Lula y Dilma que promete otra agenda de ajustes, pero que igual atacará a los trabajadores, en medio de demagogia, alguna concesión minúscula a algunos movimientos sociales, pero ataques estructurales como una posible reforma previsional. Será un gobierno para recomponer una unidad con los empresarios dijo hoy Dilma, que llamó a un "pacto" si se llegara a evitar el impeachment, y no puede haber "pacto" con esta derecha sin un gobierno que siga atacando.
Ante la gravedad de la situación de este golpe institucional y de la creciente gravedad de los ajustes, contra los trabajadores estatales, con salarios no pagos en algunos estados, la creciente oleada de despidos en la industria, los trabajadores tenemos que dar una respuesta. Reafirmamos que la única forma de derrotar el impeachment y estos ataques es que los sindicatos, la CUT, la CTB, la UNE y los movimientos sociales rompan su servilismo con el gobierno y convoquen asambleas de inmediato para que los trabajadores derrotemos el impeachment y pongamos en pié la defensa de reivindicaciones como los puestos de trabajo y el fin del ajuste. Esa batalla fue aprobada en la asamblea del Sindicato de Trabajadores de la Universidad de San Pablo (Sintusp) y la estamos llevando a trabajadores del subterraneo, de la industria, docentes y diversos otros sectores, y consideramos que se hace cada vez más urgente, independientemente del resultado de la votación del domingo en la Cámara de Diputados.