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Red Internacional
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Elecciones 2017. “Ese pibe es el que tiene que estar en la CGT”

Las candidaturas del Frente de Izquierda y Nicolás del Caño generan simpatía entre muchos trabajadores y jóvenes, que lo ven como lo opuesto a los políticos patronales y los sindicalistas traidores.

Ulises Valdez @CLAVe

Viernes 11 de agosto de 2017

El hombre frena su paso apurado a la salida del tren y agarra el volante, lo mira y señala el afiche de Nicolás del Caño. "Este pibe tiene que estar en la CGT, es el único que tiene huevos para defender a los que trabajamos". Y sigue.

Las volanteadas en las estaciones se llenan de anécdotas. Los que “tiran algún palo” porque están con Cambiemos o Unidad Ciudadana, y los que se van leyendo atentos, o sueltan un aliento. “Aguante Del Caño”, “yo los voto”, “ustedes siempre están con los trabajadores”.

Mirando el tablero para llegar al tren que sale, o el reloj que marca cuánto falta para marcar tarjeta, muchos se hacen tiempo para decir algo.

Uno dice que trabaja en la construcción desde que tiene memoria y en el 2015 votó a Macri. “Le creí que iba a cambiar para mejor. Pero estoy decepcionado, la guita no alcanza, los despidos. Sí, como no lo voy a conocer a Del Caño. Y te digo más: lo voy a votar, siempre lo veo junto a los trabajadores”.

Otro hombre se frena. Se nota que necesita decir algo. “Ví todo lo de PepsiCo, lo ví a este muchacho ahí, y a la abogada, Bregman. Mirá, yo lo voté a Scioli en 2015, y tenía ganas de votar a Cristina pero estoy caliente porque el último año y medio estuvieron desaparecidos. Me parece que los voto”. Y sale buscando su tren en el tablero.

Una señora llega, como apurada, ojos bien abiertos. Mira los afiches y larga. “A ustedes los estaba buscando. Mirá pibe, para mí se viene jodida la mano, estamos cada vez peor. Yo no los voté, pero sé quiénes son, por eso hace días ando buscando a los partidos que siempre están con los obreros”. Se va, con el paso más aliviado, leyendo las propuestas.

A los pibes, es lógico, no les copa responder alguna de esas “encuestas espontáneas” con que la militancia intenta tener un termómetro de cómo viene la mano. Pero él dice que sí, que dale, que tiene un minuto y se acomoda la gorra. “¿Cuál es el principal problema? ¿En serio me preguntás? Para mí, la desocupación”. Lo sabe porque está changueando hace meses, así que cuando puede remisea en Quilmes Oeste. “¿Si lo conozco a Del Caño? Sí claro, me re cabe lo que dice”.

Las anécdotas de multiplican. Todos los días. En las casas, los lugares de trabajo, las estaciones. Imposible contarlas todas, pero vale quedarse con algunos de esos rostros e ideas.

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El hombre lo sabe. Nico no se postula para dirigir la CGT. Se podría agregar, de paso, que aún en un sistema político que se limita a pedirte el voto cada dos años, en la Argentina es más sencillo postularse para presidente que para secretario general de la UOM o la CGT.

Pero ese no es el punto. Esa frase reúne, quizás, algunas ideas que empiezan a tomar fuerza entre muchos hombres y mujeres que viajan desde el conurbano profundo a las fábricas y servicios de la zona metropolitana.

La izquierda clasista, el Frente de Izquierda, es visto cada vez más como la fuerza que “está donde tiene que estar”. La que se asocia a las luchas que enfrentan el ataque de los empresarios, con permiso sindical y gubernamental. La cara visible de “la resistencia”. La que hace lo que “otros tendrían que hacer”.

A su manera, el hombre dice que si “ese pibe” – o en todo caso lo que representa – estarían a la cabeza de lo que se asocia con “la máxima representación del movimiento obrero”, las cosas serían distintas.

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La anécdota se da en un contexto especial, es cierto. Mientras todos esperaban una campaña electoral “tranquila”, entre spots, chicanas y afiches, la lucha de clases se coló en la agenda política. La lucha de PepsiCo, la lucha de los obreros contra la multinacional, de la comisión interna combativa contra los burócratas traidores, de la izquierda contra el sindicalismo peronista, de las bases contra las cúpulas, se convirtió de un hecho indiscutible de la realidad.

Y aunque el hombre no tiene por qué saberlo, la historia de PepsiCo es una de tantas. Historias que tienen sus capítulos “grises”, menos conocidos, con “héroes anónimos”, donde la izquierda junto a trabajadores combativos encabezan cotidianamente peleas en los lugares de trabajo.

Peleas que seguiremos dando, como se pudo ver en la campaña electoral. Peleas por defender los nervios y los músculos de la clase obrera contra la dictadura del capital. Por arrancar las organizaciones obreras del control del sindicalismo burocrático.

Por eso son todo un síntoma esas historias que fuimos recogiendo en estas semanas de campaña militante. Los desencantados del cambio, los desencantados de la resistencia que no fue, los que sueñan con dirigentes que “están donde hay que estar”. Porque mientras dan la pelea todos los días en los lugares de trabajo, Del Caño, el Frente de Izquierda y los cientos de candidatos obreros que van en sus listas, también quieren disputar la representación política de la clase trabajadora; “acostumbrada” por el sindicalismo peronista, a elegir el mal menor entre los candidatos patronales.

Por eso, si en estos meses esa creciente simpatía de trabajadores y jóvenes se va transformando en adhesión, en apoyo y también en militancia, la izquierda clasista estará avanzando en su pelea por la conciencia política de millones. Y ese avance político, sin dudas, fortalecerá la pelea por recuperar los sindicatos y centrales sindicales que propone el amigo.