Ingresando en su cuarta semana, Esquerda Diário Brasil ya da pasos firmes para expresar la voz de aquellos que son silenciados por las corporaciones mediáticas de la burguesía (O Globo, Estadão o Folha de S. Paulo, que se dicen “paladines de la democracia”).

André Augusto Natal | @AcierAndy
Sábado 18 de abril de 2015
Siendo acompañado en las redes sociales por más de 14 mil personas diariamente y en una dinámica creciente, esta red político periodística de la izquierda revolucionaria internacional no tiene precedentes y se expande por toda América Latina: desde Argentina a Chile, de Brasil a México.
Importantes partidos provenientes de la izquierda revolucionaria que resolvieron el problema de conquistar una masa crítica mínima y se presentaban a elecciones con diferentes resultados, carecieron de instrumentos para lograr una base de influencia “orgánica”. Aprovechando espacios ocasionales producto de las crisis de los gobierno y regimenes burgueses, pero sin lograr una esfera de influencia propia permanente (como fue el periódico Rouge de la LCR, de Daniel Bensaïd durante el Mayo Francés en 1968, o el diario del grupo WRP de Gerry Healy en la década de 70, que a pesar del éxito inmediato, no se continuaron en el tiempo).
El problema de conquistar influencia propia permanente es uno de los principales aspectos estratégicos para una organización política y más aun para los que se reivindican de la tradición revolucionaria, ya que se trata de saber cómo fundir las ideas de la revolución social con las masas trabajadoras, para que los trabajadores transformen su arrollador peso social en la sociedad moderna en peso político hegemónico sobre las otras clases oprimidas.
Cuando en 1921 el marxista italiano Antonio Gramsci transformó en diario el L’Ordine Nuovo llegó a plantear que un “periodismo integral” es decir, “un periodismo que no quiera solo satisfacer todas las necesidades de su público, sino que pretenda crear y desarrollar estas necesidades y, en cierto sentido, generar su público y aumentar progresivamente su área de influencia”. Un diario que, permaneciendo fiel al programa de la izquierda obrera, “asegure al partido una tribuna legal que le permita llegar, de modo continuo y sistemático, a amplias masas”.
De hecho, es interesante reflexionar sobre el portal digital Publico.es, instrumento que proyectó la figura de Pablo Iglesias y de Podemos, que en menos de un mes de creación alcanzó el 11% de los votos (ultrapasando a Izquierda Unida, principal grupo a la izquierda del PSOE). De modo similar es importante destacar que esta proyección electoral se dio sobre la base de un discurso “ni de derecha ni de izquierda”, un programa económico abiertamente socialdemócrata, la reivindicación de aquellos empresarios que “llevan el país adelante”, aplausos al Papa Francisco, la negativa a reivindicar el derecho de autodeterminación de las nacionalidad oprimidas por el Estado español, elogios a la política de Obama e incluso la defensa orgullosa de las asociaciones militares franquistas, completamente imbuida de la idea de una “izquierda sin sujeto”, sin ninguna relación con la clase trabajadora.
En este aspecto, Esquerda Diario Brasil, se presenta como su opuesto: el primer diario digital de una izquierda obrera militante internacional, que en Brasil tiene en el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MTR) una pieza importante de esta estrategia de fusión de la izquierda con el movimiento obrero.
Leninismo en el siglo XXI y la lucha por orientar a sectores de masas
Como señalaba el marxista italiano, el diario “cumple dos papeles: el informativo y el de dirección política general”. Y la ampliación de su zona de influencia dentro de la clase trabajadora es inseparable de la orientación estratégica que mueve la política partidaria. De ello, para Lenin el periódico debería ser un organizador colectivo, un instrumento que pudiera dar una orientación coherente en todos los acontecimientos y una batalla unificada por sus ideas y su programa revolucionario, fundado en una organización vinculada a las principales estructuras de los trabajadores.
Pero lo más importante aquí es otro aspecto de este leninismo: la ambición de orientar diariamente la vida política de decenas y hasta centenas de miles de jóvenes y trabajadores, incluso siendo aun una minoría al interior de la clase trabajadora brasilera. En 1904, en “Un paso adelante, dos pasos atrás”, Lenin aborda exactamente la necesidad de “pensar como partido orientador de amplias masas”, teniendo en cuenta la diferencia entre los militares partidarios y aquellos que colaboran con el partido, como primer paso en la tarea de elevar el nivel de actividad y conciencia por todos los medios.
“Somos el partido de la clase, y, por eso, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro Partido, debe mantener con nuestro Partido la ligazón más estrecha posible; pero sería (…) "seguidismo" creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su Partido Socialdemócrata. Ningún socialdemócrata en su juicio ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aún la organización sindical (más accesible al grado de conciencia de los sectores menos desarrollados) está en condiciones de englobar a toda o casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita a su alrededor, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias hasta su avanzado nivel, sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas.”
En Brasil es clave contar con un instrumento que acelere la elevación del carácter conciente y activo de la experiencia del proletariado nacional con la dirección del PT de Lula y Dilma, que a pesar de controlar a la burocracia sindical y dirigir el Estado burgués, se encuentra en crisis frente a la bajísima popularidad del gobierno en función de los ajustes neoliberales, los escándalos de corrupción de Petrobras, habiendo triplicado el número de tercerizados en diez años de gobierno.
Queda clara la diferencia entre los dos proyectos de “dirigirse a las amplias masas”: uno que sostiene que más importante que el programa político es el discurso (como afirma Pablo Iglesias de Podemos, “95% de lo que define una organización política es el dispositivo audiovisual”) y que en función de sustituir a la clase trabajadora como sujeto por una suma de fenómenos cualquiera anula cualquier reflexión estratégica sobre la hegemonía proletaria, esencialmente socialdemócrata (aparatos electorales sin militancia orgánica), descartando cualquier transformación revolucionaria de la sociedad (en este aspecto, igualmente se ubica Syriza de Grecia); y otro que vincula la militancia orgánica en las estructuras y la proyección de un diario digital internacional como operaciones combinadas para la construcción de este sujeto proletario, que quiera dotarse de un partido político independiente para vencer.
Esquerda Diário, que busca “conquistar influencia de masas”, puede intervenir en la realidad nacional aunque en pequeña escala, como un acelerador de la conclusión de esta experiencia de masas con el PT: la fusión del movimiento obrero con la izquierda revolucionaria, lo que no puede darse sin la lucha por insertarse orgánicamente en los principales bastiones de la clase trabajadora industrial y de los servicios.
Partido y diario
Durante la década anterior fue común a los llamados gobiernos “posneoliberales” (inspiración para Pablo Iglesias y Podemos) desde el chavismo hasta Evo Morales, pasando por el kirchnerismo argentino y el petismo de Lula y Dilma en Brasil, agitar el discurso de integración latinoamericana a través del Mercosur y de UNASUR, contra la injerencia de los Estados Unidos en la región. Mientras tanto, esta “integración” de la mano de los explotadores nativos “progresistas” no fue mas allá de las disputas entre los intereses comerciales de cada burguesía nacional, impotente frente al imperialismo que instaló sus bases militares en Colombia en 2009 y, en el mismo año, sustentó el golpe militar en Honduras o el golpe cívico en Paraguay en 2012.
La reciente Cúpula de las Américas y la recomposición de los Estados Unidos en América Latina, (avanzando en acuerdos con la burocracia castrista para terminar con las conquistas que quedan de la Revolución Cubana), aprovechándose de las necesidades económicas de Dilma para garantizar una nueva subordinación del PT a la Casa Blanca, además de aislar al gobierno venezolano, muestran cómo el “progresismo” preparó el terreno para un “nuevo ciclo” de dominación norteamericana en América Latina.
La verdadera integración no vendrá de las manos de las burguesías nativas. La clase trabajadora latinoamericana, que fue parte de la “agenda política” internacional a partir de la contracción económica, es la legítima heredera de la lucha independiente contra la injerencia imperialista y para eso necesita conquistar la hegemonía política frente al conjunto de las masas oprimidas.
Este internacionalismo militante es el que impulsa la iniciativa de Esquerda Diário por toda América Latina, que es un poderoso instrumento impulsado por los grupos de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional, posibilitando la formación de nuevos escritores y corresponsales, dando fuerza a la aspiración de unificar a los trabajadores brasileros, argentinos, y de toda la región en la lucha por la revolución obrera y socialista en este subcontinente como parte de la revolución internacional.