Durante las últimas semanas los ataques de transfobia han ido en aumento, hoy más que nunca es necesaria la autoorganización para enfrentar estos ataques.

Diana Toro Administradora Pública.
Martes 19 de abril de 2022
Durante las últimas semanas nos hemos enfrentado lamentablemente a una serie de reacciones violentas dirigidas hacia la comunidad disidente, más específicamente hacia la comunidad trans, con la única finalidad de limitar la creciente vida pública y liberación -dentro de los márgenes del capitalismo – de la comunidad.
Contrario a lo que podría pensarse, aquella salida (nunca más renegadas a una vida privada y oculta) ha generado más situaciones de odio que de inclusión, o de mínima tolerancia en sectores más rezagados de la población. Esto se da así porque vivimos todavía en una sociedad muy conservadora y tradicional, educada por la Iglesia y las normas neoliberales que no cambiará de un día para otro, pero que podría avanzar conquistando demandas básicas como una educación sexual integral desde las primeras etapas escolares, para continuar por la senda de la separación de la iglesia y el Estado, y otras múltiples mínimas demandas.
Dentro de los ataques transfóbicos que se han registrado en diversos territorios del país, tenemos dos casos en particular que los medios tradicionales ni siquiera informan, pues no son los problemas de los sectores poderosos del país. En específico tenemos los casos de Amelia, mujer trans que recientemente fue dada de alta en el hospital debido a una golpiza con apuñaladas que recibió, como relata en su cuenta de instagram:
“Recibí 5 apuñaladas y una de ellas perforo mi pulmón y corazón... Mi diagnóstico era morir, pero la vida, la mapu, diosito y la virgen me dieron otra oportunidad para poder salir adelante y con fuerza. Pasé 12 días hospitalizada donde 3 de esos 12 días estuve dormida sin poder despertar. Cuando desperté al tercer día después de que la cola diabla en el sueño me dijera - yapo niña es hora de despertar porque la que no es dura no perdura-... dije QUE DURA QUE ERES AMELIA... SOBREVIVISTE, después de eso me doy cuenta que estaba en un hospital rodeada de gente con 2 tubos metido entre mis costillas hasta llegar a mis pulmones y recordando lo último que vi que fue ver a mis hermanas correr hacia mi mientras el weon que me apuñaló se alejaba sin miedo alguno”
Desde aquí le envíanos la mayor de las fuerzas a Amelia para su recuperación, aunque sabemos que el temor a que el hecho se repita es una condición al que este sistema capitalista somete a toda persona que no siga sus conservadoras y tradicionales reglas. Toda persona con distinta orientación sexual o identidad de género es excluide, y es llamado peyorativamente, “la minoría”, porque no es el producto de persona que busca procrear este cis-tema (coloquialmente es una referencia a la condición cisgénero). Acabar con esta opresión, no es algo que este sistema pueda entregar.
Y por otro lado tenemos el caso de Estefano, quien es un joven trans masculino al que intentaron apuñalar en Santiago con un arma blanca. En dicha situación los agresores se abalanzaron contra él y su pareja con clara intención de herirlos, ante lo que Estefano reacciona correctamente, logra quitar esta arma blanca -un cuchillo específicamente- y utilizarlo contra su agresor mientras era su vida la que estaba en peligro. El resultado; la policía se lleva detenido a Estefano. El agresor; libre.
Si bien esta lógica para no tiene ningún sentido para nosotres, pues es un encarcelamiento por autodefensa, es exactamente como está planeada la justicia de clases en Chile para seguir reproduciendo la sociedad que desea el capitalismo, así nada cambia, más que en la superficialidad.
Solo con la autoorganización de la comunidad, y sin caer en la separación de las demandas por rama, que es lo que quiere el capital –que todos luchen por separado- es cómo podemos avanzar con estas mínimas demandas democráticas que sin excusas puede entregar el Estado, pero debemos ir más allá, y ver el problema como una cuestión estructural que no se resolverá con ciertas leyes.
El Estado no es garante de seguridad para nuestra clase, por más que el gobierno se declare feminista, porque la verdad, es que nada ha cambiado para las disidencias sexogenéricas.

Diana Toro
Feminista socialista