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Red Internacional
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DEBATE CON EL PARTIDO OBRERO. Estrategia y táctica, a propósito del voto en blanco en el balotaje

En el próximo balotaje, tanto Scioli como Macri representan dos variantes de la política de la burguesía y el imperialismo de ajustar sobre los trabajadores. Los diferentes partidos que componemos el Frente de Izquierda llamamos a votar en blanco o nulo. En este marco se plantea un debate fundamental con el Partido Obrero: ¿la negativa a votar candidatos burgueses es táctica o estratégica?

Matías Maiello

Matías Maiello @MaielloMatias

Viernes 6 de noviembre de 2015

La declaración del Comité Nacional del Partido Obrero se propone plantear una discusión sobre los fundamentos del voto en blanco del Frente de Izquierda, que lejos está de ser secundaria. La misma se relaciona con las polémicas que venimos teniendo en torno al programa y la estrategia para el Frente de Izquierda (que pueden leerse acá, acá, y acá).

El PO señala: “Contrariamente a lo que indican los prejuicios interesados, el Partido Obrero defiende la tradición teórica y política del movimiento obrero clasista, que hace una distinción de jerarquías entre las expresiones políticas de la clase capitalista. Por ejemplo, entre democracia y dictadura y entre diferentes gobiernos democráticos y también diferentes clases de dictaduras. Sin comprometer nunca la independencia política del movimiento obrero combativo, hemos apoyado a ‘los enemigos de nuestros enemigos’ en innumerables ocasiones, esto siempre con el propósito de restringir la capacidad de acción del enemigo principal y ampliar la de pueblo trabajador. En momentos críticos, por ejemplo, hemos llamado a votar por Evo Morales, en 2005, luego de grandes insurrecciones indígenas, o por Lula, en 1989, contra Collor de Mello, el representante de la oligarquía de Brasil.”

La cuestión que queda planteada aquí sobre la campaña del voto en blanco en el balotaje es la siguiente: ¿se trata solamente de un pronunciamiento táctico que nos vemos obligados a hacer, o el negarnos a votar por candidatos burgueses encierra también un elemento estratégico que amerita una amplia lucha política de carácter (preparatorio) fundamental?

¿Apoyar a “los enemigos de nuestros enemigos”?

El Comité Nacional del PO aclara, como vimos, que si bien en esta ocasión están por no votar a ninguna de estas variantes burguesas (Scioli-Macri), no descartan darle su apoyo político a otras en momentos críticos, y citan como ejemplos a Lula (1989) y a Evo Morales (2005). Antes de ir a estos casos, veamos los fundamentos.

El fundamento de por qué en este caso no es válido votar por ninguna de las alternativas burguesas y en otros sí lo sería, según el PO, es que en el caso de la dupla Scioli y Macri “en ambos lados del mostrador hay un único bloque enemigo”. Entonces cabe preguntarse: ¿y si no hay un único bloque enemigo qué hacemos?

La declaración del PO, nos habla de “momentos críticos” para justificar el voto a un campo burgués contra otro. Pero la estrategia revolucionaria, como su nombre lo indica, está pensada (o debería ser pensada) justamente para los “momentos críticos”, y en ese tipo de momentos resulta que siempre la burguesía se divide; se trata de una característica definitoria de las situaciones revolucionarias (verdaderos “momentos críticos” si los hay).

De aquí se desprende que en las situaciones críticas, siempre hay dos (o más) bloques enemigos. Con lo cual, según el PO, no nos quedaría otra que optar por uno de ellos, o como mínimo dejar abierta esa posibilidad. El resultado de adoptar esta definición estratégica, como muestra toda la experiencia de las revoluciones derrotadas del siglo XX, sería catastrófico.

Por ejemplo en el caso de Bolivia, tenemos el antecedente histórico de la política del POR de Guillermo Lora, otrora aliado del Partido Obrero, que capituló ante el gobierno de conciliación de clases del MNR luego de la revolución de 1952 con una lógica similar a la que utilizó el PO para votar a Evo en 2005, llamando a confiar en el “ala izquierda del MNR”, basado en la teoría del Frente Único Antiimperialista. La consecuencia obvia fue abandonar toda estrategia independiente de la clase obrera, y fomentar las ilusiones de los trabajadores en el gobierno burgués nacionalista, las mismas que llevaron (más allá del POR, obviamente) a la derrota de la revolución obrera.

El PO trata de fundamentar esta lógica, diciendo que a los marxistas no nos da igual cualquier régimen burgués o cualquier gobierno. Desde luego. Pero hay un salto mortal entre esta afirmación, y sostener que los revolucionarios debemos dar nuestro voto, que equivale al apoyo político, a un sector burgués contra otro.

¿Esto significa que somos neutrales ante, por ejemplo, un intento de golpe imperialista como el de Venezuela en el 2002 contra Chávez? Desde ya que no. Hemos enfrentado aquel golpe y lo haremos de nuevo cuando una situación así se presente. Pero ni aún en este caso los revolucionarios damos nuestro apoyo político al gobierno de Chávez. Enfrentar al imperialismo no significa, como plantea el PO, “apoyar a los enemigos de nuestros enemigos” (en el mismo sentido se podrían poner los ejemplos de Argentina en el ’55, o en España en el ’36, o Kornilov en el ’17 en Rusia). He aquí la diferencia estratégica fundamental.

Sostener que se puede apoyar políticamente a un bloque burgués “sin comprometer nunca la independencia política del movimiento obrero combativo” es una contradicción en los términos, ya que necesariamente una ubicación estratégica de este tipo deja relegada a un plano táctico tanto la independencia de clase, como la lucha consecuente por la conducción (hegemonía) de los potenciales aliados entre los sectores populares y clases medias empobrecidas.

Es ilustrativo ver cómo plantea el problema Trotsky en un “momento crítico” en relación al Frente Popular en Francia (1936), que estaba compuesto por las dos principales organizaciones obreras (el Partido Socialista y el Partido Comunista) y el Partido Radical (partido burgués colonialista representante tradicional de la pequeñoburguesía). Decía Trotsky: “Con el Frente Popular, tenemos enemigos comunes. Por eso estamos dispuestos a combatirlos paralelamente a los grupos regulares del gobierno del Frente Popular, sin tomar nosotros la menor responsabilidad por ese gobierno, ni erigirnos en “protectores” de León Blum [Primer Ministro del gobierno del Frente Popular] . Consideramos a este gobierno como un mal menor en comparación al de La Rocque [líder fascista]. Pero, al combatir el peor, uno no se protege del mal menor. […] Cuando decimos que todavía no ha llegado el momento de combatir contra el gobierno de Blum, no queremos decir con esto que haya que protegerlo, sino solamente que hay que atacarlo por sus flancos. Sus flancos, son los radicales.” (Carta de Trotsky del 19 de julio de 1936)

Frente Único para la defensiva y la ofensiva

Justamente porque Trotsky piensa la estrategia para los “momentos críticos” es que da por hecho que “combatir contra el mal peor no protege del mal menor”. Y de ahí, que para estos momentos, busque las vías para desarrollar organizaciones de Frente Único de masas, no en el terreno electoral sino en el de la lucha de clases directa. Es precisamente esta ubicación estratégica la que venimos discutiendo con el PO desde hace tiempo.

Volviendo al ejemplo de Francia en los ‘30, en aquel entonces, Trotsky sostenía la necesidad de desarrollar “comités de acción” del Frente Popular. El PO en un artículo de hace unos meses confundía estos comités con comités de campaña electoral a favor del Frente Popular. Sin embargo, para Trotsky, no tenían nada que ver con meros “comités de campaña”. Sobre sus tareas decía Trotsky: “En cualquier caso, el movimiento de masas que actualmente choca con la barrera del ‘Frente Popular’ no avanzará sin los comités de acción. Tareas tales como la creación de la milicia obrera, el armamento de los obreros, la preparación de la huelga general, quedarán en el papel, si la propia masa no se empeña en la lucha, por medio de sus órganos responsables. Solo esos comités de acción surgidos de la lucha pueden asegurar la verdadera milicia, contando no ya con miles, sino con decenas de miles de combatientes.” (¿A dónde va Francia?)

Es decir, en los momentos críticos, donde no hay un bloque burgués unificado, a Trotsky no le da igual cualquier gobierno, pero sin embargo, la estrategia siempre pasa por constituir una fuerza material independiente de la clase obrera contra el “mal mayor” pero también contra “el mal menor”. Porque de lo que se trata frente a ambos es de la constitución de un gobierno obrero basado en los organismos de autoorganización de los trabajadores y en su propia autodefensa. El desarrollo del Frente Único defensivo está así indisolublemente ligado a la preparación de la ofensiva.

Los problemas del “campismo” y sus malos resultados

Muy lejos de la concepción estratégica que ejemplificábamos con Trotsky, y muy cerca de la que llevó a gran parte de la izquierda francesa en 2002 al alineamiento detrás de Chirac “para que no gane Le Pen”, el PO sostiene como fundamento para el apoyo a “los enemigos de nuestros enemigos”: “el propósito de restringir la capacidad de acción del enemigo principal y ampliar la del pueblo trabajador”.

Esta lógica que el PO se ufana de haber aplicado en “innumerables ocasiones” tiene uno de sus ejemplos más claros en su llamado a votar por Syriza, una coalición centroizquierdista sin ligazón orgánica con el movimiento obrero, en las elecciones griegas de 2012. Tan convencido estaba el PO, que hizo este llamado contra su propia organización hermana en Grecia (EEK). ¡Menos mal que sus compañeros griegos no les hicieron caso! Hasta 2015 el PO continuaba sembrando ilusiones en que Syriza podía llamar a un “gobierno de izquierda” que supuestamente evolucionaría, nada más ni nada menos, que hacía un “gobierno obrero”. Los resultados están a la vista: ni bien asumió Syriza, resulta que no hizo un “gobierno de izquierda” sino que se alió con la derecha nacionalista griega (ANEL) y hoy se encuentra aplicando el ajuste dictado por la Troika. El “enemigo principal” salta en una pata, ya que encontró un gobierno mínimamente prestigiado para hacer el ajuste, mientras que “el pueblo trabajador” no solo no “amplió su capacidad de acción” sino que está sufriendo las consecuencias.

Otra de las “innumerables ocasiones”, que a diferencia de Syriza, el PO menciona explícitamente en su declaración es el voto que dio a Evo Morales en 2005. Se trata de un gobierno con tintes “frentepopulistas”, de colaboración de clases con sectores burgueses. En este caso, la “capacidad de acción del enemigo principal” fue restringida en primer lugar por la enorme lucha de masas que conmocionó el país entre 2000 y 2005, y que tuvo su hito más importante en el levantamiento insurreccional de 2003. En el marco de esta relación de fuerzas, Evo desplegó una serie de concesiones (entre las cuales estuvo el otorgamiento de reconocimiento constitucional a los pueblos originarios) a partir de apropiarse de una parte de la renta hidrocarburífera y minera, y buscó sacar a las masas de las calles. De esta forma quedaron sin resolución grandes problemas estructurales que estaban en el corazón de los levantamientos (propiedad terrateniente, asociación con transnacionales, precarización laboral y bajos salarios).

Sobre esta base a partir de 2009 Evo encara un acercamiento estratégico con la derecha. Sorprendido por los resultados, luego de su apoyo político a Evo en 2005, el PO da un giro de 180 grados en 2009, parece ver en Evo al “enemigo principal” y llama a votar por el “no” (al que convoca la derecha proimperialista) en el referéndum constitucional. Con estos zigzags, se entiende que durante todos estos años hayan sido infructuosos los intentos del PO de implantarse en Bolivia y que nadie haya podido nutrirse en los hechos de estos consejos políticos.

¿Y la clase obrera en la Bolivia de Evo? El gobierno luchó sistemáticamente porque no amplíe su “capacidad de acción”: represión de huelgas y de movilizaciones fabriles, docentes, salud, etc. y claro está, combate de las fuerzas estatales contra la huelga de la COB de mayo-junio de 2013 que reclamaba reformas al sistema de pensiones. Paralelamente, por si esto fuera poco, el MAS, junto con la burocracia de la COB se dedicó por años a liquidar uno de los procesos políticos más avanzados que dio la clase obrera boliviana en el último tiempo: la experiencia del Partido de Trabajadores. Aún hoy el gobierno continúa persiguiendo a los trabajadores avanzados y dirigentes de base que impulsaron este proceso, entre ellos, a compañeros de la LOR-CI, grupo hermano del PTS en Bolivia. ¡Hay que tener ganas de reivindicar al día de hoy el voto a Evo! No casualmente, el PO (desde lejos) fue siempre contrario a la constitución de un PT en Bolivia, aquí parece que la ampliación de la “capacidad de acción” no tiene importancia.

Pero tomar livianamente las discusiones estratégicas no es gratis, y no lo fue para el ex-grupo hermano del PO en Brasil, Causa Operaria, que siguiendo los fundamentos “campistas” que plantea el PO [1], formó parte, junto con éste, durante años del Foro de San Pablo (con el PT Brasileño, el PRD mexicano, el Frente Amplio uruguayo, etc.), quedando a la deriva y retrocediendo a su mínima expresión. Lo que hoy queda de él se encuentra apoyando a Dilma “contra la derecha”, cuando justamente frente a los bloques burgueses que se presentan divididos (entre el gobierno del PT y la oposición patronal), es más necesario que nunca el posicionamiento independiente, de clase, por el que viene combatiendo el Movimento Revolucionário de Trabalhadores (organización hermana del PTS).

En síntesis, esta lógica estratégica del PO ya le costó quedarse sin grupo en Bolivia y en Brasil, y si aún tiene, aunque débil, una organización hermana en Grecia, es gracias a que se negaron a aceptar sus consejos. Evidentemente ameritaría una reflexión.

El valor estratégico de una gran campaña por el voto en blanco

Es claro que hoy en la Argentina no estamos en una situación revolucionaria como la de Francia en el ’36. No estamos hablando aún de “momentos críticos” a ese nivel. Sin embargo, para esos momentos nos preparamos. De ahí el elemento estratégico que permite poner en discusión la actual crisis política y el posicionamiento ante el balotaje.

Hoy tenemos la oportunidad de desarrollar una gran campaña para que los trabajadores no vayan detrás de ninguno de sus enemigos, y plantear la necesidad de un posicionamiento independiente, de no dejarnos chantajear por las falsas alternativas que pone la burguesía. Pero también, es una gran oportunidad para enfrentar la opinión pública burguesa e ir contra la corriente, otro gran ejercicio desde el punto de vista de la preparación estratégica.

“¿En qué consiste –decía Trotsky- esa preparación política? En la cohesión revolucionaria de las masas, en su liberación de las esperanzas serviles en la clemencia, la generosidad, la lealtad de los esclavistas “democráticos”, en la educación de cuadros revolucionarios que sepan desafiar a la opinión pública burguesa y que sean capaces de mostrar frente a la burguesía, aunque más no sea una décima parte de la implacabilidad que la burguesía muestra frente a los trabajadores.” (¿A dónde va Francia?)

Condicionando la lucha actual por el voto en blanco a un problema táctico, y poniéndola en duda para los “momentos críticos”, el PO le quita gran parte del filo político a la campaña que tenemos por delante y devalúa su valor estratégico. El FIT debe mostrar que se puede desafiar la opinión pública burguesa y educar en este sentido, al mismo tiempo que luchamos porque se exprese un pronunciamiento político independiente en el terreno adverso que nos presenta la falsa aritmética de un balotaje a la medida de los ajustadores.

NOTA AL PIE:
[1] Unas palabras sobre el otro “ejemplo” que pone el PO: el voto a Lula en 1989. La importancia de este caso reside en que el PT brasilero surgió en su momento como lo que los marxistas llamamos un “partido obrero-burgués”. Es decir, no un partido burgués o pequeñoburgués más, sino un partido reformista basado en los sindicatos. Esta particularidad lo distingue de los “innumerables casos” que menciona el PO. No vamos a desarrollar la discusión sobre el voto concreto en el ’89 al Frente “Brasil Popular” (Lula + Bisol del PSB) que ameritaría un artículo especial. Lo que nos interesa plantear es que incluso en el caso de considerar que había que votar esta alianza porque estaba el PT que era un “partido obrero-burgués”, igualmente los fundamentos estratégicos que plantea el PO serían equivocados.

Lenin, por ejemplo, discutió duramente con los comunistas ingleses la necesidad plantearle un bloque al Partido Laborista inglés, al que consideraba un “partido obrero-burgués”, ya que se basaba en los sindicatos y agrupaba a gran parte de la clase obrera, mientras que los comunistas eran muy débiles. Pero el fundamento de Lenin no era que había que votar al laborismo porque “restringía la capacidad de acción del enemigo principal y ampliaba la del pueblo trabajador” como dice el PO.

“A los comunistas ingleses –decía Lenin- les es hoy frecuentemente muy difícil incluso acercarse a las masas, hacer que éstas les escuchen. Pero si yo me presento como comunista, y al mismo tiempo invito a que se vote por Henderson [laborista] contra Lloyd George [liberal], seguramente se me escuchará. Y podré explicar de modo accesible a todos, no sólo por qué los Soviets son mejores que el parlamento y la dictadura del proletariado mejor que la dictadura de Churchill (cubierta por el pabellón de la "democracia" burguesa), sino también que yo querría apoyar a Henderson con mi voto del mismo modo que la soga sostiene al ahorcado; que la aproximación de los Henderson a los puestos de su propio gobierno justificará mis ideas, atraerá a las masas a mi lado, acelerará la muerte política de los Henderson y Snowden...” (El ‘izquierdismo’, enfermedad infantil del comunismo)

Es decir, para fundamentar el llamado a votar al Partido Laborista, Lenin plantea que la clave estaba en que los comunistas pudieran ganarse a los trabajadores ingleses para el comunismo, y ponerle una soga al cuello y acelerar “la muerte política” de los dirigentes reformistas del laborismo. ¡Qué fundamentos más diferentes a los del PO!


Matías Maiello

Buenos Aires, 1979. Sociólogo y docente (UBA). Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Coautor con Emilio Albamonte del libro Estrategia Socialista y Arte Militar (2017) y autor de De la movilización a la revolución (2022).

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