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Red Internacional
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Coronavirus. Ezeiza: cuarentena sin agua potable y con escasez de alimentos

La denuncia de una familia trabajadora de un barrio en Ezeiza refleja la realidad de millones. Viviendo la cuarentena hacinados, sin agua potable y con escasez de alimentos. La salida a la crisis de la pandemia tiene que venir de abajo, en el Aeropuerto ya se están organizando.

Viernes 27 de marzo de 2020 01:01

Susana, una vecina del barrio Sol de Oro del partido de Ezeiza, nos relata su situación.
“Vivimos 10 persona en una misma casa y se nos hace difícil la cuarentena. Estamos usando agua de un pozo que hicimos para poder tomar, limpiar y cocinar, que también le convidamos a los vecinos. Somos conscientes de que el agua está contaminada porque acá en el barrio no tenemos cloacas. Y si bien hay agua corriente y ¡nos la cobran todos los meses! no tenemos todos los días porque no la cortan”.

Las empresas privatizadas de servicios esenciales han hecho fortuna con las tarifas y subsidios del Estado sin invertir si quiera en garantizar un suministro permanente de agua en los barrios. Es básico y urgente que se exima del pago de las facturas para todas las familias trabajadoras en lo que dure la cuarentena, que se garantice el suministro y que los costos corran por cuenta de estas empresas que fueron de las que más ganaron durante el gobierno de Macri.
Susana cuenta que “no alcanza para comprar alcohol en gel, ni barbijo, ni guantes, sólo cloro y detergente” y también que “los negocios se están quedando sin mercadería y sin carne, las verduras como la papa y la cebolla se fueron a un precio muy elevado”.

El desabastecimiento se combina con la especulación del lucro de las grandes comercializadoras de alimentos y las empresas transportistas. El bolsón de papa que compran los comerciantes del conurbano tuvo un incremento del 50% en lo que va de la cuarentena. Alberto Fernández habla en los medios sobre medidas severas para quienes infrinjan la cuarentena, siendo que muchos salen para llevar el pan a la mesa. Pero las empresas que especulan con el hambre y la necesidad del pueblo no tienen ningún tipo de control ni sanción.

El relato continúa: “Acá vivimos con el sueldo de mi pareja que es trabajador del aeropuerto de Ezeiza. Mi hija comparte una de las piezas con su marido y sus dos hijos. Él se quedó sin la changa y ella se arregla con la AUH. Pero ni la tarjeta alimentaria les sirve porque no la aceptan en ningún negocio del barrio. Acá sólo se usa efectivo y plata no hay. Así que hay que ir hasta el barrio Vista Linda para conseguir pollo o carne, pero la policía te para y te manda para tu casa”.

El Gobierno anunció el lunes un Ingreso Familiar de Emergencia, son $10.000 que se pagará por única vez recién en el mes de abril. Pero ninguna familia puede vivir con esos ingresos. En enero, según el INDEC, una familia necesitó $40.400 para no ser pobre y $16.500 para no caer en la indigencia; hoy los costos son aún mayores.
Se necesita un “salario de cuarentena”, de por lo menos $30.000. Con la plata que el Estado destina en pago de intereses de las Leliq durante 2 meses se podría garantizar.

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Coronavirus en Ezeiza

Hace pocos días se conoció el primer caso de coronavirus en Ezeiza, una joven de 28 años, esposa de un trabajador aeronáutico.

Sin acceso al agua para higienizarse, con cada vez más difícil acceso al alimento y la nutrición, en viviendas colmadas. ¿Cómo garantizar la salud de la población y frenar el contagio del virus?
Es urgente que el Estado garantice el testeo masivo de la población, empezando por los trabajadores de los servicios esenciales y también de sus familias, que están más expuestos por seguir con sus labores.

Los empresarios vienen dando muestras de lo poco que les importa la salud de la población y en la pandemia sólo aumenta su creatividad para hacer negocios. Las medidas presidenciales son insuficientes, la cuarentena masiva apunta a ralentizar el colapso que pronostican para un sistema de salud que han empobrecido todos los gobiernos. Para evitarlo son necesarias medidas de fondo, como declarar de utilidad pública una serie de industrias que podrían reconvertir su producción para construir camas, respiradores, barbijos, alcohol en gel y todos los insumos necesarios. Fábricas bajo control obrero como Madygraf y el Astillero Río Santiago, que han empezado a elaborar alcohol en gel, vienen exigiendo al Estado que les destine los recursos para la reconversión tecnológica que permita producir todo lo que sea necesario.

El pueblo trabajador es el que paga las consecuencias. Por eso la salida a esta crisis tiene que venir desde abajo.

En el aeropuerto de Ezeiza, los trabajadores se vienen organizando para exigir cuestiones básicas como barbijos, alcohol en gel y guantes, mientras pelean por mantener sus puestos de trabajo frente a los despidos. A la vez, se muestran solidarios en pensar cómo ayudar a todas las familias trabajadoras.

Ayelén, que acaba de sufrir un despido persecutorio explicaba hace una semana: “Los trabajadores aeronáuticos podemos garantizar llevar inmediatamente a personas y recursos donde haga falta, coordinando con profesionales de la salud para reducir al mínimo el impacto de la pandemia. Podemos transportar medicamentos, insumos médicos, a personas infectadas y sus familiares. Empresas como Gate Gourmet, que fabrica miles de bandejas de comida por día, puede surtir a hospitales, comedores escolares y barrios populares”.

Sólo la solidaridad y la organización del pueblo trabajador puede sacarnos de esta crisis y dar otro horizonte a la catástrofe social, imponiendo un plan de emergencia de fondo, como viene planteando el Frente de Izquierda y de los trabajadores.