Era de Bahía Blanca, allí fue secuestrada a los 20 años. Siendo parte de Justicia Ya, de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y luego de la Unión por los Derechos Humanos dedicó gran parte de su vida a pelear por memoria, verdad y justicia.

Maine García Hija de desaparecides | Miembro del CeProDH y de Justicia Ya!
Martes 31 de marzo de 2020 11:24
Patricia Chabat vino a estudiar Derecho a La Plata en 1976. Era simpatizante de la Juventud Guevarista y con sus compañeros y compañeras desarrollaban tareas en un barrio próximo a Ensenada. En Septiembre de ese mismo año y debido a la persecución de la dictadura se volvió a Bahía Blanca.
El 15 de Diciembre del 76 Patricia se encontraba en la casa de sus padres y fue secuestrada por una patota de genocidas que la llevaron al Centro Clandestino de Detención “La escuelita”, perteneciente al V Cuerpo del Ejército. Luego fue puesta a disposición de la justicia y trasladada a la cárcel de Villa Floresta. Recuperó su libertad en Abril del 78, bajo la modalidad de libertad vigilada, que implicaba presentarse cada 72 horas en la Comisaría Segunda. Sufrió además agresiones policiales en ese contexto. Su libertad definitiva fue el 24 de Diciembre del 78.
Declaró delante de uno de sus torturadores, el teniente coronel Julián “Laucha” Corres, en el marco de los Juicios por la Verdad y también lo hizo ante el Tribunal Oral bahiense en el primer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos desde el V Cuerpo de Ejército. Luego de esta declaración en Diciembre de 1999, la Cámara Federal de esa ciudad procesó por falso testimonio al genocida Julián Corres.
Era pedagoga, escritora, trabajadora estatal de la Escuela de Sanidad y estaba afiliada a ATE . Participaba además en el grupo de Teatro Comunitario 451 Colectivo Sanidad La Plata.
Escribió las obras literarias “Asuntos Pendientes”, “Cuatro Tiros y Té de Maracuyá”, “De Cuerpos Ausentes” y “No siempre se puede entrar y salir por la misma puerta”.
En un reportaje en la Tinta en noviembre de 2018 expresó: “Yo no pensé que iba a vivir lo que vivimos después de la derogación de las leyes. Siempre creí que la revolución cultural es la que sostiene los distintos procesos. Nuestra misión y tarea como sobrevivientes era contribuir para sostener la memoria. Nunca pensé que iban a existir estos juicios. Era un deseo, como una utopía. Con el trabajo de todos los compañeros de 30 años que no solo estuvieron recopilando los datos sino discutiendo muchas cuestiones. Que hoy se hable del genocidio no se debe a la justicia, se debe al trabajo de los compañeros. Fue un trabajo de los organismos y de muchísimos compañeros”.
Compartimos las palabras del espacio Justicia Ya y de la Asociación Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle :