Mediante la cuenta oficial de Twitter el gobernador emitió una polémica felicitación a policía que mató a un joven en una persecución.
Enrique Jasid @EnriqueJasid
Viernes 5 de febrero de 2016 15:14
El gobernador Alfredo Cornejo ha dado una muestra más de su intención en avanzar con la imposición de la mano dura hasta tal punto de felicitar a un policía que asesinó a un joven que, según la versión oficial, había robado una camioneta utilitaria de la municipalidad de Guaymallén.
Jonathan Poblete, de 28 años falleció producto de un disparo recibido en la pierna que dio en la arteria femoral luego de una persecución que comenzó en Guaymallén y culminó en Las Heras. El policía homicida no recibe al menos una investigación sumaria sino la mas incondicional felicitación del gobernador por su accionar.
La “noticia” para los medios locales fue el robo de una camioneta y la muerte del joven como un daño colateral del accionar policial.
Esta salutación del titular del Poder Ejecutivo se da en el marco de la anunciada adhesión a la declaración de emergencia de seguridad nacional, la intención de declarar la propia provincial y cambios en la ley orgánica de la policía para “empoderar” a los uniformados.
La actitud de Cornejo es muy grave por donde se lo mire y no trae otra consecuencia que garantizar impunidad y envalentonar a las fuerzas de seguridad mendocinas que tienen el triste record de haber ubicado a nuestra provincia en el puesto número tres en casos de gatillo fácil a nivel nacional.
El gobernador muy lejos de preocuparse y ocuparse de si estamos ante un nuevo caso de gatillo fácil, rápidamente anuncia públicamente su respaldo al oficial ejecutor del disparo mortal.
Recordemos que es la misma policía que en navidad festejaba con disparos al aire la llegada de la “noche buena”, la que está denunciada por múltiples apremios ilegales en las penitenciarías y que todos los meses tiene un “suicidado” en sus comisarías.
El mensaje del gobernador es claro: dar vía libre a las fuerzas de seguridad continuar con sus razias en los barrios populares, el hostigamiento hacia la juventud, la criminalización de la pobreza y el gatillo fácil. Tal es así que una de las medidas que anunció en su asunción es la creación de la figura del “defensor del policía”, es decir que el Estado destinará recursos para un cuerpo de abogados que defienda a los policías acusados de violencia institucional u otros delitos.
La referente del FIT y senadora provincial Noelia Barbeito salió al cruce de esta política y reclamó que “hay que destinar recursos para educación, trabajo y salud, no para comprar más balas”.
Hace pocos días, la gendarmería nacional baleaba y reprimía a niños que ensayaban en una murga en la capital federal. Esto se daba algunas semanas después de que el Presidente Macri por decreto declarara la emergencia en seguridad nacional.
Esta ubicación política del gobernador de Cambia Mendoza, que fue Ministro de Seguridad de Cobos y estuvo a cargo de la represión contra los trabajadores ajeros de Campo Grande que le costó la vida a Carlos Erazo, tiene un fin social de fortalecer a las fuerzas de seguridad que actuarán como brazo armado del Estado para intentar disciplinar a los trabajadores sectores populares que salgan a luchar contra el ajuste en curso. “Voy a terminar con los piquetes” fue una de las frases emblema que usó Cornejo el día que se embistió con el bastón de mando.
Estamos ante una situación muy preocupante. Hoy día se le da el mensaje a la policía hija de Santuccione que tiene vía libre para matar. Este mensaje además se alienta con la impunidad reinante y con la demagogia punitiva que lejos de resolver en lo más mínimo la “inseguridad” propicia leyes y condiciones para desatar el accionar policial y transformar a la provincia en una cárcel a cielo abierto.
Si el gobernador quiere volver a instaurar y legitimar la pena de muerte, y que la misma exista sin juicio y que pueda ejecutarse por la discrecionalidad policial, debería recordar que el Estado debería velar por un derecho elemental que es el derecho a la vida y no ser un elixir que alimente el ansia voraz y verborrágica de utilizar impunemente el poder de fuego que posee la “maldita policía”.