Viernes 24 de julio de 2015
(Foto: Marcello Casal Jr/Agência Brasil)
En la tarde del miércoles 22, el presidente del Banco Central, Joaquim Levy, y el ministro de Planificación, Nelson Barbosa, anunciaron la reducción de la meta del superávit primario del gobierno, que es el ahorro para el pago de los intereses de la deuda externa que el país realiza todos los años. Además, el gobierno anunció mayores recortes presupuestarios.
La decisión de reducción de la meta de superávit primario de 66,3 mil millones de reales (valor estimado a principio de año y que equivale al 1,1% del PBI) a 8,7 mil millones (0,15% del PBI) fue tomada como argumento de que la economía creció menos de lo esperado por el gobierno este semestre. Además, el gobierno habría gastado más de lo previsto por el equipo de Levy, lo que sería agravado por la reducción del ritmo de crecimiento de la economía, lo que lleva al gobierno a recaudar menos con impuestos sobre mercancías producidas y en circulación. Aun con los recortes anunciados por Dilma en mayo y con la concesiones de servicios e infraestructura públicas a la iniciativa privada.
Según el ministerio de Planificación, el gobierno no tendrá dificultades para aprobar en el Congreso el Proyecto de Ley que altera la meta de superávit primario del sector público consolidado (Gobierno Central, estados y municipios). Como declaró Barbosa, “Ya hemos recibido manifestación de la base del gobierno de que tendremos el apoyo necesario. Nuestro movimiento será acogido en el Congreso”.
El gobierno anunció un recorte adicional de 8,6 mil millones de reales en el presupuesto de 2015. El recorte se suma a la reducción de 69,9 mil millones de reales anunciada en mayo, totalizando un recorte acumulado de 79,4 mil millones de reales en todas las áreas de gobierno. Según Nelson Barbosa, “el recorte adicional alcanzará a todos los ministerios y será detallado en el decreto de programación presupuestaria que deberá ser publicado hasta el 30 de julio”. Esa afirmación del ministro indica que el gobierno va a cortar gastos públicos, en todos los ministerios incluyendo salud y educación, servicios a la población, para reducir así el consumo y drenar partidas presupuestarias al pago de intereses a los banqueros internacionales y a los grandes capitalistas que son los creadores de nuestra deuda externa.
Levy y Barbosa anunciaron que apuestan a que el gobierno aumentará la recaudación de recursos por medio de la repatriación de divisas (recursos que están en el exterior en paraísos fiscales, y que son provenientes de evasión fiscal por empresas y personas físicas, el proyecto de ley aun está para ser discutido en la Cámara en agosto) y por medio de los programas de concesiones de rutas y aeropuertos.
Es decir, la reducción de la meta del superávit primario no significa que el gobierno vaya a reducir su “esfuerzo fiscal”, que significa mayores recortes, para cumplir con sus obligaciones con el FMI y los bancos internacionales, la medida indica también que el gobierno prevé la continuidad de la tendencia ce caída en el PBI hasta fin de año, que será responsable por la menor recaudación de impuestos, más despidos, etc. No quiere llevar adelante una meta de superávit que no pueda cumplir debido a la recesión en la economía y las dificultades políticas. Incluso para aprobación de recortes aún mayores en el Congreso y también con la presión de la lucha de los trabajadores y de la población, que son los grandes blancos del ajuste. El ajuste fiscal también está empujando hacia abajo la popularidad de Dilma.
La estrategia de Dilma, como este ajuste fiscal neoliberal encabezado por sus ministros y por Levy, es reducir los gastos públicos y sociales, privatizar por medio de concesiones los servicios e infraestructura, entregar la zona marítima de extracción de crudo conocida como Pre-Sal y los recursos de Petrobras al capital extranjero, con el fin de sumar recursos para el pago a los bancos y empresarios –pago que crece a medida en que aumenta la tasa de interés por el Banco Central- mientras los trabajadores y el pueblo pobre pagan la cuenta. En entrevista del miércoles por Barbosa y Levy nada se dijo sobre cómo los empresarios podrían pagar la cuenta de la crisis con sus ganancias, por ejemplo.