Cientos de trabajadores maquiladores se concentraron el 15 de septiembre alrededor del monumento a Juárez para dar un “grito maquilador”.

Jesús Pegueros Estudiante de la Facultad de Economía de la UNAM | @DemoPegueros
Sábado 17 de septiembre de 2016
Se trata de más de 500 trabajadores de la industria maquilera que en el marco de las movilizaciones y festejos del día 15, se movilizaron para hacer acto de presencia como clase trabajadora. Los integrantes de Leer Electrical México, Eagle Otawa, Lexmark, Sistema de Baterías, Naps de Juárez, entre otras empresas más, vienen enfrentando duras luchas por mejores condiciones de trabajo en sus respectivas empresas. La respuesta de los empresarios ante los reclamos obreros son despidos en muchos casos, por no hablar del constante amedrentamiento patronal para aquellos que conservan su puesto de trabajo.
Convocados por la referente en El Paso; Susana Prieto y su asociación “Obreros Maquileros de Ciudad Juárez A.C.” se mostraron varias de las demandas de los trabajadores, aunque también en otros casos tratando de conciliar con la patronal y apelando a su “humanidad”.
En el acto se remarcó la negación a las tasas de explotación en la que sin duda no sólo viven los trabajadores de estas empresas, sino que son condición “natural” del conjunto de la industrial fronteriza, donde los ritmos de trabajo son realmente extenuantes e inhumanos. En contra el hostigamiento laboral, ya que a raíz de las luchas obreras que se han visto en los últimos meses, la patronal no ha dejado de hostigar a los simpatizantes de los sectores ya movilizados o que han parado las fábricas ocasionando pérdidas millonarias. De igual manera se hizo énfasis en la lucha contra el acoso sexual, siendo la mujer el rostro de la clase obrera maquiladora en la frontera y en varias partes del país son cientos de miles de trabajadores quienes sufren la degradación, cosificación y humillación propiciada principalmente por la patronal pero su sin duda la desborda en la práctica.
Sin embargo, también se hizo el señalamiento a que se “humanizara” la maquila como manifestó de propia voz Susana: “viva la maquila humanitaria, viva la maquila que entiende que somos humanos”. La cual muestra un gran límite, ya que los intereses de los trabajadores jamás podrán coincidir con el de los dueños que obtienen las ganancias de la miseria obrera, cuando Susana dice: “maquila que entiende” no se refiere a los materiales, máquinas y herramientas que “entienden” sino a la patronal, apelando a su “humanidad” y misericordia para con los trabajadores.
Nada que festejar
Es de gran aliento ver a la clase trabajadora movilizarse y compartir un espacio común, al calor de tamales, café, y demás antojitos mexicanos. La unidad de la base trabajadora se ha hecho presente a pesar de lo limitado de sus direcciones, queda plasmada que cuando de enfrentar al capital se trata la unidad de las filas más allá de los centros de trabajo es primordial y elemental en la conciencia de los trabajadores.
Los trabajadores -quienes trabajan principalmente para empresas extranjeras a las que generan millonarias ganancias- han mostrado que a ambos lados de la frontera las demandas son muy similares: mejores salarios, mejores condiciones de trabajo, no al acoso sexual, sindicatos elegidos por ellos mismos, he aquí primer elemento. Marx decía que la patria de los trabajadores es la fábrica, la explotación, la enajenación de la jornada de trabajo, hoy se confirma una vez más. Este pasado 15 de septiembre, mientras maestros de la CNTE eran reprimidos y golpeados en nombre de la patria, en la capital miles de personas se movilizaban por la salida de Peña Nieto. Horas más tarde el presidente de la republica levantaba la bandera tricolor en nombre de los héroes de la “independencia”.
A lo largo de buena parte de la historia -con excepción de la época cardenista en el caso de la expropiación petrolera- primó en los gobiernos de turno la subordinación a Estados Unidos. La independencia de Texas, la venta de la Mesilla y el Tratado de la Mesilla, fueron las vías mediante las cuales Santa Anna y otros traidores entregaron la mitad del territorio que constituía México en el siglo XIX. Decenas de miles de paisanos quedaron del otro lado de la frontera, a merced de la explotación y la discriminación en el amo del norte.
Hoy, toda nuestra estructura nacional -económica y política- está subordinada a Estados Unidos. Las fuerzas armadas arremeten contra pobladores, maestros y niños, la educación se degrada para solamente producir obreros calificados para vivir una vida de hambre, son asesinados impunemente decenas de miles de mexicanos, avanza día con día la entrega de recursos a las trasnacionales.
No hay ninguna “independencia” que festejar. La única forma de terminar con la subordinación al imperialismo estadounidense que condena a la miseria a millones de personas a uno y otro lado de la frontera es romper con él, como explicamos acá. Algo que los políticos al servicio de los empresarios no están dispuestos a hacer, ya que su discurso nacionalista es sólo una pose para las “fechas patrias” y una herramienta para subordinar a la nación a sus intereses. Con ese discurso disciplina a fuego y sangre a quienes se opongan a los “intereses nacionales” que son en realidad los del capital.

Jesús Pegueros
Estudiante de la Facultad de Economía de la UNAM