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Panorama Económico. Horizonte móvil: prometen mejora económica en el cuarto trimestre

Mauricio Macri reconoció que no hay soluciones mágicas en el segundo semestre. Recesión, inflación y desequilibrios económicos ¿se profundizarán o se estabilizarán?

Pablo Anino

Pablo Anino @PabloAnino

Miércoles 6 de julio de 2016

"No dije que se iban a resolver todos los problemas" declaró Mauricio Macri apenas empezó el segundo semestre. El sinceramiento discursivo expone que el “sinceramiento” económico no terminará con las penurias para el pueblo trabajador en los próximos meses.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) el país entró oficialmente en recesión con una caída de 0,7 % de la economía en el primer trimestre. Para el resto del año el panorama no es mejor.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) publicó un Relevamiento de Expectativas de Mercado realizado entre 46 analistas especializados. Se trata de la opinión de consultoras y los grandes bancos nacionales y extranjeros. El promedio de los pronósticos del establishment señala que el año terminará con una caída de 1,3% del Producto Bruto Interno (PBI).

De ese relevamiento también surge que esperan desaceleración de la inflación que terminaría en 40 % anual en 2016 y estabilidad cambiaria con un tenue movimiento hacia arriba del dólar hasta superar levemente los $ 16 en diciembre.

Es decir, luego del cimbronazo del primer semestre con el salto en el tipo de cambio a causa de la devaluación de diciembre, el aceleramiento inflacionario que le siguió y la caída del consumo producto de la pérdida de poder de compra del salario, el poder económico espera una consolidación de ese ataque que mejoró la ecuación de ganancias de las empresas más concentradas.

De este modo, la apuesta parece ser a cierta estabilización de la tensión entre la inflación y el tipo de cambio. Pero se trata de un equilibrio inestable.

Ocurre que lo que es bueno para la clase empresarial en general, no lo es para cada uno de los empresarios en particular. En las preferencias patronales sobre el nivel del tipo de cambio actúan en simultáneo muchos factores: posición exportadora, componente importado de los insumos y bienes de capital, necesidad de protección frente a productos extranjeros, búsqueda de giro de utilidades, entre otros.

Varios sectores empresarios (entre ellos Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Chrysler) se quejan por la pérdida de competitividad dado que la inflación condujo nuevamente al atraso cambiario.

La escalada del dólar “gracias” al Brexit parece haber contribuido a corregir parcialmente la situación del atraso cambiario. El peligro es una retroalimentación de la inflación con una nueva ronda de aumentos de precios.

Ese efecto "benéfico" del Brexit puede transformarse en lo opuesto. Más allá de las bruscas oscilaciones de las bolsas, no tuvo por ahora impacto drástico sobre la economía mundial (tras la idea de intervención de los bancos y la negociación que ofrece la UE a Gran Bretaña para controlar los daños), pero sigue actuando como espada de Damocles y un nuevo condimento de inestabilidad en la economía.

En los próximos meses entrarán los aumentos de las paritarias junto con el aguinaldo, comenzarán obras públicas, se pagará la reparación a jubilados y se ejecutará el blanqueo.

En el período que se abre Cambiemos buscará administrar los tiempos políticos y económicos en vista de las elecciones de 2017. Puede ser que se modere o detenga muy parcialmente el malestar social, pero no cambiarán sustancialmente las tendencias económicas.

Con la zanahoria del segundo semestre el macrismo cometió un error no forzado alentando expectativas que no pudo satisfacer. Ahora el establishment económico y el gobierno hablan que la recuperación llegará en el cuarto trimestre o directamente el año próximo. La credibilidad en esas promesas también entró en recesión.

Eslabones débiles

Los aumentos en paritarias se ubican entre 30 % y 35 %. La inflación se aproxima en la actualidad al 45 %. Dependiendo del gremio y la evolución de la inflación en los próximos meses, los salarios perderán en la carrera contra la suba de precios entre 10 y 15 puntos porcentuales durante 2016.

Luego del falso acuerdo con empresarios para no despedir y del cínico anuncio del veto a la muy limitada ley antidespidos realizado en la empresa Cresta Roja, el macrismo tuvo que admitir a fuerza de sus propias estadísticas la destrucción de empleos.

De manera engañosa, el ministro de Trabajo Jorge Triaca, reconoció que el empleo estuvo estancado en el primer semestre. Los datos dicen otra cosa: según el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) se destruyeron 62.621 puestos de trabajo registrados entre diciembre de 2015 y abril de este año.

Esos números refieren al sector formal. En el sector informal, donde hay unos cuatro millones y medio de trabajadores que no tienen derecho a indemnización, probablemente la pérdida de empleos sea aun mayor.

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No todos pierden es este panorama recesivo. Los bancos, la mayoría de las grandes empresas que cotizan en bolsa (mucho más las ligadas al presidente Mauricio Macri como Mirgor de Nicolás Caputo) y el agronegocio están reportando grandes ganancias.

Mientras tanto, el impacto de los despidos y de la pérdida de poder de compra del salario sobre el consumo puso en alerta al pequeño y mediano capital. No sólo eso. A la reducción de las ventas se le suma el cimbronazo por el aumento de las facturas de luz y gas.

En este contexto, la retracción productiva afecta a los eslabones débiles. En mayo las Pymes industriales tuvieron la mayor caída en diecisiete meses.

El vicepresidente de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), Arturo Stábile, atribuyó a las medidas económicas tomadas por Cambiemos la caída en el consumo.

Por su parte, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó que las ventas de los comercios minoristas bajaron en junio 9,8 % interanual, la mayor caída del año.

La lógica de la ortodoxia gobernante lleva estratégicamente a desarticular todo el sector “no competitivo” que actúa gracias al apalancamiento de los recursos del Estado y la protección de las importaciones de productos extranjeros.

El pragmatismo político conduce a otro lado. Para atenuar los efectos de las medidas recesivas la semana pasada se votó una ley de apoyo a las Pymes.

También tomó impulso una ley de autopartes que bajo el pretexto de contribuir a la producción nacional otorga beneficios a las terminales automotrices extranjeras.

Esos paliativos están orientados a mejorar las condiciones medioambientales del pequeño y mediano capital que actúa a la sombra de los grandes aglomerados imperialistas, que incluso en muchos casos forma parte de asociaciones estratégicas o directamente de los mismos grupos económicos gracias a la tercerización y deslocalización productiva que imperó con el neoliberalismo.

Pero el pequeño comercio y la industria de bajo valor agregado que funciona para proveer al mercado interno dependen menos de esos paliativos y más de un consumo robusto para sobrevivir. Están a la intemperie bajo en el actual esquema recesivo macrista.

El proteccionismo con ciertos sectores económicos está siendo cuestionado desde el establishment económico. El caso más denunciado es el régimen de promoción de Tierra del Fuego, que entre otras empresas beneficia a Mirgor de Nicolás Caputo.

El macrismo es todo lo neoliberal que le permite la relación de fuerzas y todo lo proteccionista que sea necesario para que el libre mercado no se coma a los amigos del presidente.

El futuro improbable y las necesidades actuales

El segundo semestre llegó sin que nada extraordinario haya sucedido. La “lluvia de inversiones” no acudió a la cita con el macrismo. Incluso, durante el anuncio que hizo el INDEC de la caída de la actividad económica del primer trimestre también se dio a conocer que el nivel de inversión mostró un descenso de 3,8 %.

El presidente no pierde las esperanzas. Esta semana se pasea por la Unión Europea buscando empresas extranjeras a quienes entregarles negocios prometiendo un bajo valor de la fuerza de trabajo argentina.

Las esperanzas también están puestas en que la lluvia de dólares llegue de la mano de evasores y fugadores que ingresen al blanqueo. En el submundo financiero se elaboran estrategias para que los que exterioricen activos puedan mantener el carácter oscurantista de sus negocios. Los pronósticos hablan de valores que se aproximan a una salvación milagrosa. El futuro dirá la verdad.

La condición de los inversores para aceitar el ingreso de dólares es reducir drásticamente los desequilibrios económicos, principalmente el déficit público que se agravó por las medidas implementadas por el gobierno y por la recesión que está deteriorando los ingresos a las arcas oficiales.

El bajo endeudamiento heredado del kirchnerismo le permite al macrismo, con la ayuda de la banca financiera internacional que empleó en el pasado a Alfonso Prat Gay y otros miembros del gabinete económico, ir cubriendo el déficit público. Pero este juego no puede prolongarse eternamente.

En una entrevista con este diario el columnista de La Nación Carlos Pagni definió que Cambiemos es una “derecha culposa” que no va hasta el final con su orientación pro mercado a pesar que el inversor está en el centro de su esquema económico.

La "culpa" es el reflejo de la relación de fuerzas. El kirchnerismo se movió en las complicadas aguas de la crisis del 2001 y el macrismo "heredó" esa relación de fuerzas donde la clase obrera no sufrió derrotas importantes.

Para "colmo de males" Cambiemos llegó al gobierno sin catástrofe económica. No cuenta con la excusa que encontró Carlos Menem en la hiperinflación alfonsinista y Eduardo Duhalde en el hundimiento de la convertibilidad. No puede cargarse todo el peso del ajuste sin intentar consolidar previamente su poder político.

En la resolución de la tensión entre las necesidades del presente, donde se deja correr el déficit público junto a algunos otros desequilibrios, y la apuesta futura a los inversores que reclaman mayor ordenamiento económico, saldrá la posibilidad que en el cuarto trimestre o el año próximo se reactive la economía. Por ahora, el resultado es incierto y desfavorable para la clase trabajadora.

Entre una eventual mejora coyuntural y los objetivos estratégicos, hay un largo, muy largo, trecho.


Pablo Anino

Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.

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