Hoy se cumple un año desde que Mili desapareció en Pando. Su familia la busca desesperadamente. Las redes de trata y la complicidad estatal, un tema escondido.
Sábado 2 de diciembre de 2017

“Mi marido se va temprano y vuelve tarde de trabajar. Yo llevo al más chico a la escuela y de las 8 hs que lo dejo empieza mi búsqueda hasta las 11.30 aproximadamente. Después, espero a que llegue mi marido, dejo la comida y todo pronto y me voy de noche hasta las 5 o 6 de la mañana recorriendo la zona. Esa es mi vida desde que desapareció Mili”. Nancy Baladán, su madre, nos relata cómo su vida cambió desde aquel 3 de diciembre de 2016. Hoy se encuentra delicada de salud y a la espera de una operación, pero esta situación no le impide a ella ni a su familia seguir buscando a Mili.
Yanina Milagros Cuello Baladán tenía 16 años cuando desapareció. Vivía con su familia a pocas cuadras de la Plaza de Pando y estaba casi acostada esa noche cuando al parecer recibió una llamada o mensaje y por eso decidió salir. Le pidió permiso a su padre prometiéndole que volvería rápido, pero nunca más volvió.
Mili tenía una vida, amigos y familia. Le gustaba jugar al fútbol – lo hacía en el Club Rentistas – y salía en la Comparsa local Bantu Kndombe.
La familia ha venido realizando distintas actividades por su aparición. Una de ellas fue una movilización por Pando a mediados de junio pasado. También quisieron hacer un corte de ruta pero vino el grupo GEO a reprimir el corte.
Desde la Justicia no le han dado ninguna respuesta. “No hay novedades” les dicen hace un año. La familia no sabe a ciencia cierta si se está buscando a Mili, no saben si se han hecho operativos de allanamientos, no saben si hay alguna pista o si se ha descubierto algo que permita rastrearla, sencillamente no saben nada porque nadie les informa nada. Claro, como es una familia pobre de una zona pobre y que hasta hace poco no contaban con patrocinio letrado, entonces no vale la pena hacer nada.
Tal como denuncia la familia “no hay drones ni helicópteros buscando a Yanina Milagros”. “Las autoridades por lo menos que informen” reclaman. La desidia del Estado se transforma en complicidad y ocultamiento.
Las mujeres olvidadas por el Estado
Lamentablemente Mili no es la única chiquilina desaparecida. En la zona de Toledo, Barros Blancos y Pando hay varias mujeres jóvenes también desaparecidas, por lo que se estima que allí opera una red de trata de mujeres con fines de explotación sexual.
La trata de personas es un problema que el estado uruguayo viene silenciando y no lo ha reconocido como tal. Por este motivo es que no existen estadísticas ni datos de lugares ni zonas con mayor nivel de incidencia. Pero el movimiento de mujeres organizadas sabemos que la trata de personas existe en Uruguay más de lo que nos quieren hacer creer. El Estado no investiga ya que desestima la situación. Nosotras sabemos que las redes de trata no pueden operar si no tienen “zonas liberadas” del control policial o bien favores del sistema judicial para encajonar los expedientes y lograr que los casos duerman en los juzgados casi ningún tipo de movimiento y que finalmente sean olvidados. Sabemos que estas desapariciones son perfectamente evitables y por eso el Estado es responsable.
Comisión Investigadora Independiente
Para encontrar a Mili será necesario la conformación de una Comisión Investigadora Independiente integrada por los familiares de las mujeres desaparecidas, por sus amigas y amigos y por organizaciones de derechos humanos y del movimiento de mujeres organizadas. Porque no confiamos en el Estado, esta Comisión debe tener libre acceso a todas las conversaciones confidenciales de la policía y debe disponer de toda la información posible para conseguir pistas que nos den de una vez por todas con Mili.