Una joven de solo 26 años y con ocho meses de embarazo, resultó la noche del domingo con un 45% de su cuerpo quemado, luego que su pareja, Sebastián Barros de 25 años, le rociara alcohol en el cuerpo.
Natalia Cruces Santiago de Chile
Lunes 30 de noviembre de 2015
La joven llegó en estado grave al hospital, donde tuvo que ser intervenida para poder salvar la vida de su hija, y se encuentra en riesgo vital, mientras su pareja está detenida.
El intento de femicidio se produce a menos de una semana de la marcha del 25 de noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la Violencia hacia la mujer.
En nuestro país durante este año ya se han producido 51 femicidios y casi un centenar de femicidios frustrados. Además, el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) señala que la violencia está extendida y una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o psicológica, demorándose en promedio una mujer cerca de 8 años en denunciar. Muchos de los agresores a pesar de tener órdenes de no acercarse, terminan asesinando mujeres.
La agrupación feminista Pan y Rosas impulsa la campaña Ni Una Menos a nivel nacional e internacional, para terminar con los femicidios y todo tipo de violencia de género, en un contexto de ofensiva de los gobiernos del mundo contra las conquistas políticas, sociales y económicas de la clase trabajadora y los sectores populares, en el que las mujeres padecen mayor flexibilización y precarización laboral, mayores índices de pobreza, bajos sueldos y otros problemas.
Es necesario luchar para terminar con la violencia hacia la mujer, producto de este sistema patriarcal y de explotación que considera a la mujer como inferior o propiedad del varón, que oprime también a la diversidad sexual, que transforma en un negocio los cuerpos de mujeres, niñas y jóvenes, que explota doblemente a la mujer como trabajadora y en su rol de género. Hay que retomar el feminismo de clase, de lucha y en las calles, impulsando movimientos de mujeres y la diversidad sexual, que se apoyen en lo mejor de las experiencias de lucha y tradición del feminismo y la clase trabajadora. Hay que desconfiar de las políticas de los partidos patronales, el gobierno y sus instituciones, que terminan negociando nuestros derechos o moderando nuestras demandas.