Con paros parciales de los petroleros contra las privatizaciones del gobierno, inició este jueves la jornada de movilizaciones convocada por distintas federaciones sindicales.
Jueves 29 de septiembre de 2016 11:16
A una semana del paro y las movilizaciones de empleados estatales y docentes, se cumple este jueves en Brasil una nueva jornada de protestas. Al llamado de la confederación de trabajadores metalúrgicos se sumó un paro parcial de los trabajadores petroleros contra el anuncio de un nuevo plan de privatizaciones por parte del gobierno golpista de Michel Temer.
El llamado de las federaciones sindicales para realizar acciones este jueves tiene como objetivo rechazar el paquete de ataques que viene siendo anunciado por Temer y que incluye una reforma previsional y laboral. La reforma en el sistema de pensiones busca aumentar la edad jubilatoria para sumar a la “caja” del estado intentando balancear el déficit fiscal mediante un ataque en regla a los derechos de los trabajadores. Por su parte la reforma laboral busca flexibilizar al máximo las condiciones de contratación, un pedido de las cámaras empresarias para abaratar los costos laborales, incluyendo la precarización y subcontratación masiva y la eliminación de indemnizaciones. Ambos proyectos habían sido barajados ya por el gobierno de Dilma y ahora pretenden ser consumados bajo el gobierno golpista de Temer.
El rol de los sindicatos
Aunque el escenario político, con un gobierno que no goza de alta popularidad, y el nivel de ataques parece propicio para lanzar una movilización coordinada contra los planes de Temer, las centrales sindicales, que ya realizaron una jornada de acción la semana pasada no parecen tener interés en avanzar por el momento en la articulación nacional de un paro general para enfrentar los ataques. Así lo muestra la decisión de realizar movilizaciones divididas, llamando a una acción de estatales y docentes una semana, y a otra de metalúrgicos la semana siguiente, en lugar de unificar fuerzas en todos los sectores y a nivel nacional.
La CUT, la CTB y otras centrales opositoras parecen estar siguiendo al pié de la letra la orientación del PT y de Lula de ser una “oposición responsable” y “no incendiar el país”, apostando a un retorno pacifico en 2018 por la vía electoral. Es por esto que llaman a acciones, pero poniendo límites para evitar que se les vayan de las manos. Muestran el musculo ante Temer, pero para negociar y fortalecer la estrategia conciliadora del PT.
Por otro lado está Força Sindical que apoya abiertamente al gobierno golpista de Temer. No solo no llaman a movilizar sino que justifican los ataques del gobierno.
Por su parte el CSP-Conlutas no ha logrado posicionarse como una alternativa a las principales centrales sindicales. La dirección mayoritaria de Conlutas no dio ningún ejemplo en la lucha de clases de cómo luchar consecuentemente contra los despidos y los ataques del gobierno, además de haber levantado una línea política durante el impeachment que los dejó como línea auxiliar del golpismo.
En este escenario es imposible pensar una lucha seria contra el gobierno de Temer, que acaba de coronar el golpe institucional y de anunciar un plan de ataque en regla contra los trabajadores, sin la preparación y organización de una huelga general. Para esto es necesario que la CUT y la CTB pongan fin a su pasividad, fruto del apoyo a la política de “oposición responsable” de Lula y el PT.
Las acciones de la semana pasada y las que se están realizando este jueves, aún divididas por la acción de las direcciones sindicales, demuestran que existe disposición de los trabajadores a enfrentar el ataque del gobierno. Y nada garantiza por anticipado que un gobierno débil como el de Temer pueda pasar fácilmente un plan de reformas neoliberales como el que está poniendo en marcha. Tiene por delante el grito de las calles y la resistencia de los trabajadores.

Redacción
Redacción central La Izquierda Diario