Crónica de una jornada cegetista en el estadio Obras. Los hombres que niegan ser sabios pero prometen seguir prudentes. Los “palazzos” a la unidad y los límites de la “reunificación”.

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2
Martes 23 de agosto de 2016
9 de la mañana. Manuela Pedraza y Avenida Libertador. En la puerta de la obra, el pibe de casco amarillo relojea las pecheras en la vereda de enfrente y encara al portero.
Los hombres se quedan en silencio, tratando de descifrar en las pecheras siglas que desconocen.
Según encuestas divulgadas estos días, la mayoría de los trabajadores desconoce que la CGT se reunía este 22 de agosto para tratar su reunificación.
Un palazzo en la rueda
La “rosca libre” que habían definido algunos periodistas gremiales en La Izquierda Diario tenía su último capítulo este lunes en el estadio Obras. Desde las 8 de la mañana se estiran las colas para acreditar congresales. Columnas de hombres, los “cuerpos orgánicos”, llegan desde todos lados. Caminan en silencio, como guardando un secreto comprometidos a no revelar. De pronto una mujer tira al cielo unas mariposas. “Estamos todos en la mesa...menos nosotras. Respeto por la ley de cupo sindical. Las juanas sindicalistas”. Las columnas de hombres solemnes siguen marchando, pisando las mariposas.
Padrones rigurosamente acordados por los convocantes, secretarios generales designados de antemano, discursos “prudentemente” preparados y catering encargado, nada está librado al azar. A media mañana, solo una duda merodea el ambiente: ¿qué van a hacer Palazzo y la Corriente Sindical Federal?
Antes del mediodía, la tranquilidad de las afueras del estadio se interrumpe. Palazzo, dirigente bancario de origen radical y amigo de Cobos, había respondido “mi voto no es positivo” a la propuesta de la mayoría. “No nos fuimos de la CGT, renunciamos a los cargos. No hay plan de lucha ni programa claro”.
Después de dejar su mensaje, encara la calle, seguido por 200 militantes de Bancarios, Atirla, Gráficos y Curtidores. “A volver, a volver / vamos a volveeer” cantan. Palazzo niega que el canto tenga una connotación política; el gráfico Amichetti sonríe. Abel Furlán y el Barba Gutiérrez se quedan adentro. Primero está la patria (metalúrgica), después el movimiento.
La columna, cantante, envalentonada, se detiene en el semáforo. Espera el verde peatonal para cruzar respetuosamente la Avenida Libertador. “Vamos a volveeer”.
Un camarógrafo los observa y no puede evitar la comparación.
¿Hay una sola CGT?
Al entrar al estadio, la voz familiar de Jorge Formento sacude a los recién llegados. El hombre que con voz engolada hacía jugar a la juventud en “Feliz domingo”, trata de conducir un congreso de hombres entrados en años. Tanto que los camioneros que custodian la puerta 18 arenga a un grupo que recién entra:
Los hombres canosos ríen. No tienen chances de desmentirlos. En la Argentina el promedio de los secretarios generales es de 29 años en sus cargos. Parece que los congresales también. Los únicos jóvenes en Obras son los muchachos de pecheras que rodean a los secretarios generales. Como los del Sindicato de la Pintura, que llevan unas que dicen “La Guardia Pretoriana - Zambaletti Conducción”.
Formento cede el micrófono a los hombres de la comisión de poderes. Ellos se encargarán de cumplir las formalidades de la jornada. “En representación de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina, en cumplimiento del expediente 1/2015/1726859 del Ministerio de Trabajo, reunidas las autoridades de la comisión de poderes, con la presencia de 1582 congresales en representación de 124 organizaciones confederadas, el Congreso General Ordinario está en condiciones de sesionar”.
El aplauso y la ovación bajan de las gradas al escenario, como si acabaran de presenciar un hecho inédito y sorpresivo, una batalla heroica. Hugo Moyano se monta sobre los aplausos para aclarar – por las dudas – que “a pesar de los compañeros que se fueron, está aquí el 72% del padrón de congresales de los gremios confederados”.
A esta altura, queda claro que “los que no están” son más importantes de lo que aseguran desde el escenario. Con la retirada de Palazzo, la Bancaria y la Corriente Federal, la ausencia del MASA (Smata, Telefónicos, Ferroviarios, Luz y Fuerza) y las 62 Organizaciones de Gerónimo Venegas, la “unidad de toda la CGT” parece cuestionada.
Ni hablar de la unidad del movimiento obrero. ¿Donde se podían anotar los congresales de los tercerizados, de los desocupados, de los contratados? ¿Donde está el padrón de los 2750 gremios que no están confederados?
Los tres a la final
Se acercan los momentos decisivos. Formento anuncia que “los compañeros que quieran, pueden presentar otras listas hasta las 14:30 horas”. Finalmente – todos lo sospechábamos – no aparecen listas opositoras.
La Lista 1 tiene casi el triunfo asegurado. Desde el escenario se leen una y otra vez los nombres y los cargos, negociados minuciosamente en las últimas semanas. Tres secretarios generales (Schmidt, Acuña, Daer, “los tres a la final” se debe haber tentado Formento), un adjunto para los “independientes” (Rodríguez), 35 sillas en el Consejo Directivo, otras tantas en la Comisión Revisora de Cuentas y algunos puestos en el estratégico Comité Arbitral, que define las polémicas por encuadramiento y después de una década dejará de estar en manos del moyanismo.
Nombre a nombre, sigla a sigla, el aplausómetro irá ayudando a medir lealtades y cantidades. Héctor Daer, Pablo Moyano y Gerardo Martínez tienen las barras más grandes. La guerra de cantitos deriva, inevitablemente, en la vieja rencilla Camioneros vs UOCRA; hasta que el resto del estadio impone el “Y ya lo vé / y ya lo vé / hay una sola CGT”.
Las colas frente a las urnas corren rápidas. No sabemos si hay una sola CGT pero lo que seguro hay es una sola boleta. Da para el chiste fácil. El judicial Piumato no pierde la oportunidad y le grita de lejos a Pablo Moyano que encara la salida.
Risas.
En la Argentina, cualquier trabajador puede elegir Presidente, hasta puede organizarse con otros para presentarse a un cargo político, pero no puede participar de la elección de los hombres que conducen los destinos de la central obrera. Ese “modelo sindical” será reivindicado una y otra vez desde el escenario.
“No somos sabios, pero quédense tranquilos que somos prudentes”
La tarde se hace larga y el horario de votación se acorta. El flaco Lingieri, dueño de casa, mira las tribunas resguardado detrás del rodete de Evita. Para qué estirar lo obvio. Los secretarios generales, flamantes y eternos integrantes del Consejo Directivo de la Confederación General del Trabajo, empiezan a subir al escenario.
La comisión de poderes canta la posta: “de 1582 congresales habilitados, votaron 1540, 8 votos fueron en blanco y 4 impugnados”. Ovación.
Luis Barrionuevo inaugura los discursos que todos esperamos. Después de dejar claro que son los herederos de “Rucci, Vandor, Lorenzo y Ubaldini”, dispara contra “aquellos que vienen a querer imponernos medidas de fuerza”. Así despeja la primera duda: no habrá amenazas ni discursos combativos. Para terminar de confirmarlo, deja otra de sus frases para la historia. “No somos sabios, pero quédense tranquilos que sí somos prudentes”.
Antonio Caló confirma sus debilidades como orador. Solo se apasiona cuando defiende las pymes y la industria nacional. “Nosotros vamos a defender el plato de los argentinos, no de los chinos”.
Hugo Moyano encara su último discurso como dirigente cegetista. ¿El último? La banda de Camioneros lo acompaña como si fuera una despedida. Quizá presagiando los debates que flotan en el ambiente, Hugo elige destacar “la forma ab-so-lu-ta-mente democrática en que hemos elegido nuestras autoridades” y que “estos compañeros que asumen van a poner todo lo necesario para que los reclamos sean escuchados”.
Una más, y no jodemos más
La jornada va llegando a su fin. En el corralito debajo del escenario, los secretarios generales sonríen para la prensa y explican “el paso histórico de la unidad”. Repiten una certeza: en la sede de Azopardo convivirán los que hasta hace unos meses estaban en veredas distintas: los moyanistas, los “gordos”, los “independientes” y la patria metalúrgica. No son pocos; pero tampoco son todos.
Sin embargo, alrededor del escenario, los que conocen el paño confiesan en voz baja que “la unidad nace torcida”, “quedan muchos afuera” y “no están muy entusiasmados”. Otros se preguntan: “¿hasta cuándo pueden demorar la convocatoria al paro con la bronca que hay abajo?”.
Formento vuelve a engolar la voz para presentar a los nuevos jefes cegetistas.
Carlos Acuña, de Estaciones de Servicio y el Frente Renovador, insiste que “el modelo sindical que creó Perón hoy está más vigente que nunca”.
Juan Carlos Schmidt se excusa de la falta de programa y plan de lucha que le achacan sus adversarios. “Vamos a edificar el programa de la clase trabajadora, pero no en un gabinete de expertos, sino entre todos”. ¿Ahora va a decir la fecha de las asambleas en los lugares de trabajo para discutir entre todos el programa y cómo conquistar esos reclamos? Error.
Héctor Daer, de Sanidad y el Frente Renovador, toma el micrófono. Desde temprano había dejado claro que quería cerrar el acto. Por si hiciera falta, vuelve a marcar la cancha. “El que hace un discurso acá, y afuera en la conferencia habla como si está haciendo la revolución, se equivoca. Pero tenemos que hacer recapacitar a este gobierno. No se trata de imponer, la medida que se tome será la necesaria y en el momento adecuado”.
Como el resto de los oradores, Daer evita las dos palabras prohibidas de la tarde: paro y Macri.
Pero el nuevo jefe no quiere que la CGT se distraiga en el cortoplascismo. “Tenemos que pensar las alianzas posibles para establecer un parlamento y un gobierno que defienda nuestros intereses”. Así tiende un puente hacia el 2017. La reunificación de la CGT también es una señal hacia dentro del peronismo, todavía golpeado por la derrota. Que dos de sus secretarios generales sean legisladores massistas no parece casualidad.
Todo sindicalismo es político. Lo saben ellos más que nadie.
Cinco y cuarenta y cinco de la tarde. En Obras empieza a sonar la marcha peronista, aunque la mitad del estadio ya está vacío. Afuera, el pibe de casco amarillo mira la gente que se desconcentra y flashea con los autos que empiezan a salir del estacionamiento. Todavía le queda un rato arriba del andamio y aún se pregunta: ¿y para qué se juntan?

Lucho Aguilar
Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.