Publicamos el siguiente artículo del militante del Consejo de la Nación Charrúa con su visión sobre la crisis política en Ecuador. El artículo expresa la opinión y no necesariamente la opinión editorial de La Izquierda Diario Uruguay.
Sábado 12 de octubre de 2019
Nuestra interpretación de las actuales movilizaciones y protestas en Ecuador. Nuestra interpretación de por que se está viviendo una situación revolucionaria. Y por que la vanguardia de la Revolución es el movimiento indígena y no otros sectores sociales.
Quizás sea por las elecciones nacionales, quizás sea por el profundo euro-centrismo, pero la realidad es que desde Uruguay no se les ha dado tanta relevancia a las protestas de Ecuador. El movimiento popular y los sectores políticos de izquierda no se han pronunciado masivamente en solidaridad. A excepción del pronunciamiento del Consejo de la Nación Charrúa el 4 de octubre; muy pocos sectores han sacado comunicados sobre los sucesos.
Muchos también han querido minimizar la radicalidad, masividad y profundidad de los sucesos en Ecuador, llamándolo de revuelta contra un gobierno. Otros lo han interpretado como la vuelta del correísmo. Otros sólo lo ven en términos de lucha de clases en un sentido ortodoxo. Nada más alejado de la realidad. Nosotros sostenemos que no sólo es una revuelta contra un gobierno sino una verdadera Revolución, que ni el correísmo ni ninguna forma de progresismo tiene algo que ver en el movimiento y que además de ser una guerra de clases, es una guerra anti-colonial.
Sostenemos que actualmente Ecuador vive una situación revolucionaria, en términos leninistas (estoy hablando del revolucionario ruso Vladimir Lenin, no del sátrapa Lenin Moreno), por el grado de masividad y radicalidad del movimiento. El movimiento no es sólo en Quito y alguna que otra ciudad grande, sino que ocupa casi todo el país. Es más, mucho antes de que Quito sea tomado por los manifestantes, la fuerza del movimiento estaba en la Sierra central y en la Amazonia. Se ejerció un control efectivo de los territorios indígenas y de las principales rutas nacionales. Luego es que ocurrieron las movilizaciones hacia Quito. O sea, es un movimiento que ha tomado casi todo el país (prácticamente sólo la Costa es leal al presidente).
Las imágenes de miles y miles movilizando y luchando son prueba de que es un movimiento realmente masivo. Es bueno señalar esta masividad para los que sostienen que los procesos de masas desaparecieron en el siglo XXI. Que los procesos de masas sólo son del siglo XX. Aquí vemos un genuino proceso de masas en pleno siglo XXI.
Debemos señalar que la radicalidad se da tanto en las praxis de lucha como en los planteos del movimiento. Primero debemos señalar que es un proceso propio de los movimientos sociales. Es un gran frente que involucra a sindicatos de trabajadores, transportistas, organizaciones barriales y gremios estudiantiles y cuya vanguardia es el movimiento indígena. Esta coalición de movimientos sociales no es hegemonizada por ningún partido político, aunque por supuesto que participan sectores políticos, pero se recalca que los sectores políticos tienen que luchar a la par de cualquier trabajador o comunero y no se permite su liderazgo en el movimiento. Incluso se llegó a expulsar a dirigentes correistas de las movilizaciones por quererlas dirigir y llevarlas para sus intereses. Y se remarcó que el objetivo no es luchar por una vuelta al progresismo y al correísmo sino por la disolución del acuerdo con el FMI y un verdadero control popular y democrático de la economía del país.
Cuando el presidente Moreno decretó el Estado de Emergencia Interno, la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) promulgó el Estado de Emergencia en Territorios Indígenas, lo que significaba que los policías, militares y agentes por fuera del movimiento que ingresaran a territorios indígenas serías detenidos por las Guardias Comunitarias y enjuiciados bajo el sistema de justicia comunitaria indígena. Esto simboliza un doble poder, que el Estado no tiene el control real del territorio, sino que los pueblos originarios son los que ejercen el control en amplias zonas del país. Este es el ejercicio de la Libre Determinación de los Pueblos Indígenas y la prueba de que más allá de la soberanía del Estado Nacional Criollo, hay una soberanía indígena Plurinacional. En estos mismos momentos podemos sostener que la soberanía (entendida como control de un territorio y su población) efectiva del país es la de la Plurinacional de los pueblos indígenas. El gobierno nacional criollo lo único que controla es a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Se mantiene por la fuerza y los acuerdos internacionales, pero no tiene ningún poder político ni simbólico.
La radicalidad del movimiento también la podemos ver en que si bien, el eje disparador de la lucha es enfrentar al ajuste neoliberal impulsado por el acuerdo entre el gobierno y el FMI. El movimiento indígena incorpora en la plataforma la lucha contra las mineras y la defensa de los derechos de la madre tierra (concepto creado en Ecuador en la constitución del 2008). O sea que no es sólo una lucha contra la precarización de los trabajadores y la transformación del Estado en clave neoliberal (el neoliberalismo transforma el Estado de Derecho Democrático en un Estado Censitivo Oligárquico). Sino que también es una lucha contra el modelo extractivista y la destrucción de la naturaleza por parte del Capitalismo. Y este es el rasgo que lo diferencia profundamente con los progresismos. Ya que, si bien los progresismos de principios del 2000 volvieron a democratizar al Estado y paliaron la precarización de los trabajadores, siguieron reproduciendo el extractivismo y la destrucción de la madre tierra.
A estos ejes de la plataforma se le deben agregar otros hechos. El abandono del poder ejecutivo y el traslado de la presidencia de Quito a Guayaquil, así como el abandono de la Asamblea Nacional (Parlamento) simboliza un vacío absoluto de poderes en el Estado. Actualmente no hay gobierno en Ecuador. Frente a este desgobierno, el movimiento ha sostenido que es la hora de que los pueblos del Ecuador se gobiernen por sí mismos. Esta es la construcción del poder popular e indígena.
Aquí viene el eje de por que la vanguardia del proceso es el movimiento indígena y no la clase obrera como muchos pensarían y por que la lucha actual no es solamente una lucha de clases sino también una lucha anticolonial. Como ya sostenía Mariátegui, no se puede pensar a los Andes sin pensar en los pueblos originarios. Y no se puede pensar en el desarrollo del capitalismo en América Latina sin pensar en la colonialidad. Las fuerzas del capital llegaron a estas tierras de manos de los colonizadores y siempre ha habido una vinculación muy fuerte entre las elites locales y los grandes grupos internacionales. Por eso Mariátegui se oponía a una revolución nacionalista burguesa en contra del Imperialismo, porque la burguesía nacional en nuestros países siempre dependió y estuvo vinculada con el Imperialismo. Al mismo tiempo la diferencia de clase no es sólo de clase, sino también étnica. Mientras que los de abajo somos indígenas, afros y de todos los colores, los de arriba, sólo son euro-descendientes. La vinculación entre el FMI (que es gerenciado por los anglosajones) y el gobierno nacional de Lenin Moreno (que es un gobierno criollo) en detrimento de las masas indígenas y mestizas es la prueba de que la Colonia no ha terminado. Y las protestas actuales van tanto contra la elite criolla como contra la dependencia con los organismos internacionales anglosajones.
El legado de las interpretaciones mariateguistas llevo a que a lo largo del siglo XX el Partido Comunista trataran de organizar al “campesinado”. Esta fue la base de una organización indígena sumamente sólida. Se debe destacar las trayectorias de las mujeres kichwas Dolores Cacuango y Transito Amaguaña quienes fueron las grandes organizadoras del campesinado ecuatoriano. Pero como bien señalaron Cacuango y Amaguaña, la concepción de determinado marxismo era muy cuadrada y no daba respuestas a la complejidad de las problemáticas indígenas.
Para cierto marxismo las identidades culturales y cosmogonías únicas no tendrían relevancia y todo quedaría subsumido en la etiqueta de “campesino”. Es así que la lucha por la tierra (por tierra y no por territorio) daba respuestas parciales a los pueblos. Y no se daba ninguna respuesta ante la problemática del racismo y del epistemicidio (incluso algunas corrientes izquierdistas reivindican el epistemicidio). Es así que a finales de los 70 el movimiento indígena se autonomiza con respecto al Partido Comunista y con respecto a los campesinos criollos, empezando a crear sus propias organizaciones.
El resultado de este proceso será la fundación de la CONAIE en 1986, la reivindicación como nacionalidades diferenciadas y la reivindicación de Ecuador como un país Plurinacional. En 1990 la CONAIE organizara un levantamiento que marcará el inicio del gran ciclo de movilizaciones indígenas de los 90 y principios del 2000 que la convertirán en la organización social más fuerte del país. Recordemos que en este ciclo de levantamientos y protestas se derribaron varios presidentes hasta la asunción de Rafael Correa en el 2007. Si bien al principio del gobierno de Correa, la CONAIE apoyó a su gobierno y muchos de sus cuadros fueron parte. Debido a la continuidad con las políticas extractivistas y al no cumplimiento cabal de la Constitución Plurinacional, la CONAIE rompe con Correa y lleva a cabo varias protestas importantes contra este, aunque sin la masividad que las de hoy en día.
Debemos mencionar también que muchos de los grandes ejemplos de juicios internacionales para la aplicación del Convenio 169 de la OIT se han dado en Ecuador, uno de ellos es el de la comunidad Sarayacu. El movimiento indígena en Ecuador, ha sido experto en la construcción y utilización de la legislación indigenista internacional para defender territorios y comunidades. También han sido los principales teóricos de cosmopolititas y filosofías indígenas anti-desarrollistas. El concepto de Buen Vivir fue teorizado por ellos.
Por todo esto, no es sorprendente que la vanguardia de la Revolución sea el movimiento indígena. Esta Revolución Indígena y Popular de Ecuador también nos muestra que la alternativa a los giros de derecha y el neoliberalismo no es el progresismo tardío de López Obrador, sino este tipo de movimientos. La mejor forma de enfrentar a los conservadores y colonialistas es lo que están haciendo en Ecuador. Estos “indios” son el ejemplo.