Llega al cine La chica danesa, conmovedora adaptación del best-seller homónimo, basado en los diarios de la artista Lili Elbe, la primera persona en someterse a una cirugía de reasignación de sexo en 1930.
Jueves 21 de enero de 2016
Foto: Imagen de la Lili Elbe real en 1926
“14 meses, tal vez no sea mucho, pero me han parecido una vida entera y feliz”
Es lo que le cuenta Lili Elbe a su hermana, hablando del tiempo transcurrido desde que fue operada para estar en el cuerpo de Lili. Antes era el pintor Einar Wegener, un artista de éxito que se debía al gusto de las élites danesas, casado con la artista Gerda Wegener, quien fue su gran apoyo a la hora de descubrir su verdadera identidad.
Coincidiendo con una retrospectiva de la obra de Gerda en el danés Museo Arken, aterriza en nuestras pantallas La chica danesa (2015), nominada a 4 premios Oscar, dirigida por Tom Hooper y protagonizada por el oscarizado Eddie Redmayne (Stephen Hawking en La teoría del todo) en el papel de Einar/Lili y Alicia Vikander como Gerda.
La película destaca por la profundidad psicológica a la hora de narrar el proceso que viven los personajes, un autodescubrimiento presentado en una atmósfera introvertida y poética, llena de imágenes simbólicas y escenas de gran emotividad.
La fotografía de la película, con un gran dominio del contraste y la luz grisácea del norte de Europa, está cargada de significados, escenificando, sin embargo, con una convencionalidad de enfoques cercana a lo académico, la evolución de Einar/Lili y Gerda, acompañado de una banda sonora sutil, que se mimetiza sin problemas en cada escena.
El nivel de denuncia social del film, pese a la elección del tema, también cuenta con luces y sombras. En primer lugar aparece retratado de forma clara el machismo y la mercantilización en el mundo del arte, al ser Gerda considerada únicamente como “la mujer del pintor”, mientras Einar consigue que su obra reciba atención por adaptarse al gusto y al mecenazgo de la élite.
También se expresan diversas formas de machismo a través del inspirador personaje de Gerda, quien se muestra como una mujer que desafía los convencionalismos de la época, recibiendo continuamente reprobaciones, por presentarse sin su marido a los eventos sociales o por no tener que soportar un control más férreo por parte de Einar.
Sin embargo, es ella quien le descubre a Einar quién es Lili (pidiéndole que use su ropa para sustituir a la modelo de un cuadro), acudiendo a esos eventos con Lili, presentada como la prima de Einar, y aceptando que su marido se estaba transformando en Lili y apoyándola y defendiéndola en toda su evolución.
Uno de los puntos fuertes de la crítica social en la película es la cuestión de la psiquiatría como maquinaria de represión, en especial hacia las mujeres y las personas LGBTI, aspecto que va desde la patologización de conductas que cuestionan la opresión de la mujer hasta el tratamiento brutal de las personas LGBTI consideradas enfermas, aspectos que no han desaparecido de buena parte de la psiquiatría actual.
De hecho, algunas de las escenas más duras de la película remiten a este aspecto, como cuando Lili es sometida a radiación para “curarle”, dejándola muy débil, cuando escucha a doctores que le tocan la cabeza diciendo donde harán un agujero para curarle o cuando escapa de una consulta por la ventana porque los doctores le traían en silencio una camisa de fuerza.
Puede parecernos brutal, pero la castración, lobotomización o electrocutación de personas LGBTI como “curación” es un recuerdo muy reciente. Además, la transexualidad sigue patologizada hoy en día como “disforia de género” en el DSM-V, junto a categorías de medicalización de la disidencia, como el recientemente denominado trastorno negativista desafiante, conocido como "trastorno de las ansias de libertad".
Sin embargo, se omite importante información de contexto sobre el movimiento de liberación sexual que acontece esos años en Alemania, ya que por ejemplo, el doctor que realiza la operación no es el ficticio Dr. Vanderkos de la película, sino el médico y sexólogo alemán Magnus Hirschfeld, una figura pionera en la lucha por los derechos de las personas LGBT.
Hirschfeld fue activista por la despatologización de la homosexualidad y la transexualidad, que concibió como tercer sexo, impulsando la campaña contra el artículo 175 de la Constitución alemana que penalizaba las relaciones entre personas del mismo sexo (no eliminado fue totalmente de la Constitución hasta 1994) y fundando el Instituto para el Estudio de la Sexualidad, destruido por los nazis en 1933.
En esos mismos años, en Alemania el psicoanalista Wilhelm Reich impulsará la SEXPOL, una táctica agrupacional del Partido Comunista Alemán (KPD) hacia la juventud obrera en torno a una política de liberación sexual, que llegará a agrupar cerca de 40.000 personas con delegaciones en ciudades y fábricas de toda Alemania, hasta que fue disuelta por la dirección stalinista del partido acusando a Reich de “trotskista”.
La película retrata a un Einar que descubre en un momento revelador que en realidad es Lili atrapada en un cuerpo que no es suyo, pero que tuvo una vida exitosa y feliz en la que la represión de tener a Lili encerrada no supone un problema, excepto en un recuerdo de infancia en el que su padre agrede a un amigo de Einar al que descubre besándole, que recuerda de forma reprimida y traumática.
Esta obra, de gran sensibilidad y belleza, aparece como uno de esos estrenos que brillan entre la producción cultural estandarizada de Hollywood de películas en torno a los valores individualistas o “heroicos” de la propaganda de la burguesía norteamericana; que lejos está de reflejar la vida de las personas transexuales de la clase trabajadora y sectores populares, cuyo entorno socio económico y doméstico es muchísimo menos favorable.
Por el contrario, podremos disfrutar de otras películas con una visión alternativa que ensalza la lucha de sectores oprimidos, como el reciente estreno de Sufragette(2015) o Pride(2014).
En los últimos tiempos en el cine asistimos a una cierta apertura hacia las personas trans alejadas del cliché de personaje desequilibrado, como Laverne Cox en la serie Orange is the New Black, o directoras como Lana Wachowski (trilogía Matrix, Sense8) o Jill Soloway (Transparent).
Aun así, no sólo el mundo del cine reproduce el machismo o la LGBTIfobia mediante la discriminación o ridiculización en los personajes, excluyendo a estas personas o convirtiendo su orientación sexual en su única característica, sino que es un resultado de la opresión hacia las personas LGBTI en la vida real.
La realidad es que las personas LGBTI están legalmente perseguidas y condenadas en 75 países y en 8 están condenadas a muerte. Que las personas trans tienen una esperanza de vida en torno a los 35 años. Que la discriminación laboral, escolar y callejera se cobran cada vez más vidas. Que seguimos luchando por conquistar una total liberación sexual y emocional, no individual, sino de toda la humanidad, contra el machismo, la LGBTIfobia y este sistema que los alimenta para subsistir y dividirnos.
Por Lili. Por tantas vidas rotas que llevamos en nuestra bandera.

Jorge Remacha
Nació en Zaragoza en 1996. Historiador y docente de Educación Secundaria. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.