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Red Internacional
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HISTORIA DE LAS MUJERES. ¿La ciencia aún es cosa de hombres?

Según el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), actualmente en el Sistema de investigación Nacional de Investigadores poco más del 30% son mujeres, pero ¿por qué aún hay menos mujeres investigadoras que hombres?, ¿no nos interesa la ciencia?, ¿es una cuestión genético o biológica?

Viernes 14 de julio de 2017

En esta serie de notas hablaremos sobre las mujeres y la lucha que han tenido que dar en México para que hoy en día haya mujeres ingenieras o científicas, porque como dijo el reconocido astrofísico Neil DeGrasse Tyson en una conferencia de prensa tras la pregunta ¿qué pasa con la ciencia y las chicas?, “Nunca he sido mujer, pero he sido negro toda mi vida. Así que déjenme ofrecer un punto de vista desde esa perspectiva… antes de hablar de diferencias genéticas, hay que encontrar un sistema donde las oportunidades sean iguales y después hablamos de diferencias genéticas”.

Hablar de las mujeres y la ciencia requiere remontarnos a varios siglos atrás, donde las mujeres del campo a través de yerbas y flores, ayudaban a curar diversas enfermedades, también eran las que se encargaban de ayudar a parir y a arreglar huesos. Inclusive estas mujeres ayudaban a otras a interrumpir sus embarazos cuando estos no eran deseados, todo esto basado en la observación y el conocimiento transmitido de generación en generación.

Durante muchos años, las mujeres portadoras de estos conocimientos eran acusadas de brujas pues se consideraba que la única forma de adquirir conocimiento era a través de las escuelas donde solo los hombres de ciertas familias adineradas podían asistir y toda información adquirida fuera de estos recintos era calificado como actos de brujería.

En México, durante la primera mitad del siglo XIX la educación formal que recibían las niñas era el catecismo y lo básico para leer, escribir y contar, así como el arte denominado mujeril que consistía en la costura y el bordado. Algunas mujeres privilegiadas llegaban a estudiar el nivel secundario que consistía en el estudio de inglés, francés, piano, canto o geometría.

Tras la llegada de Juárez a la presidencia y con su objetivo de separar a la iglesia de la educación, en 1869 se abre la Escuela Secundaria para Niñas. Para las mujeres se tenía un número menor de materias y el contenido era diferente pues mientras los varones de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) estudiaban trigonometría, calculo, física, química, geometría, gramática o mecánica; el temario para las mujeres consistía en materias como higiene y economía doméstica, labores manuales, dibujo, artes y oficios para mujeres y demás materias que iban encaminadas al papel que se le ha impuesto a la mujer dentro del hogar.

En 1890 como continuación a una política donde se pretendía incluir a la mujer en el ámbito académico, se abre la Escuela Normal de Profesoras, donde de igual manera el contenido de las materias era diferente al de la Escuela Normal de Profesores. En estos años, a pesar de que se abren nuevos centros de estudios donde se aceptan mujeres, las premisas para elaborar los temarios eran el seguir manteniendo a la mujer dentro del hogar, ayudándola a perfeccionar las tareas domésticas a través de la educación en las escuelas.

Pero al mismo tiempo diversas maestras normalistas que habían sido impactadas por el movimiento sufragista y la revolución francesa, comienzan a organizarse para exigir que la educación para las mujeres sea más científica y empiezan a incitar a sus alumnas a que estudien más ciencias exactas.

Estas mujeres le hicieron frente a las publicaciones “científicas” que confirmaban que el exceso del conocimiento científico en el organismo de las mujeres causaba anemia e inclusive hacia que tuvieran hijos enclenques, tema del cual hablaremos en la siguiente nota.