Ronda de periodistas gremiales. Un año de Macri: lo que dejó y lo que viene en el mundo sindical. La opinión de Jorge Duarte, director de Infogremiales.
Viernes 16 de diciembre de 2016
(Foto María Paula Ávila)
-¿Cuál te parece que es el "balance" del primer año de Macri para la clase trabajadora, teniendo en cuenta lo que sucedió con el salario, el empleo y otros índices laborales y sociales?
El balance en términos generales es negativo. Hubo claros retrocesos en materia de empleo y en materia salarial. No sólo hubo miles y miles de despidos, principalmente concentrados en el sector privado (con epicentro en la Construcción y en la Industria), sino que las suspensiones se dispararon a niveles inesperados y el salario destruyó lo conquistado en varios años.
Como corolario comenzaron a acentuarse los proyectos vinculados a mayor precarización y flexibilización laboral, con el argumento de que son necesarios para detener la sangría. Es una disputa que se viene y que en 2017 tendrá en Petroleros un caso testigo de lo que puede suceder en varias actividades.
Adicionalmente fue el año del fallo de la Corte Suprema (Orellano II) que limitó el derecho de huelga, que si bien tuvo pocas repercusiones en la práctica hasta el momento, es el inicio de un camino peligroso para restringir las resistencias obreras.
-Ante diversas medidas del gobierno la CGT prometió medidas de fuerza que finalmente no realizó. ¿Cómo analizás la estrategia de las cúpulas sindicales? ¿Qué consecuencias te parece que puede tener en su relación con las bases?
Lo que quedó a la vista en 2016 es que no hay una estrategia diseñada por la CGT. Si bien se avanzó en la unificación formal de tres de sus sectores (cuatro tomando en consideración a la Corriente Federal de los Trabajadores), no hubo unidad de programa, ni de proyecto, ni de concepción. Esa fragmentación, que subsiste a pesar de la confluencia en Azopardo, mostró más debilidades que fortalezas al momento de sentarse a negociar con el Gobierno y los dejó expuestos a una amenaza constante e infértil (condenada al fracaso desde su formulación por la falta de consenso). En definitiva, el año terminó sin un paro general, algo que no ocurría desde 2011.
Respecto de las bases y la sociedad en su conjunto la CGT se encuentra en una encrucijada. La retórica del Gobierno (todavía con una imagen positiva aceptable) los puso a la defensiva, tildándolos de golpistas y de poco apegados a la democracia. Con esos argumentos que lograron calar en una porción de la sociedad, y algunas amenazas judiciales concretas, los alejó de la demanda de una porción importante de las bases que exigía una respuesta contundente ante el ajuste. Es un proceso de crisis, que no casualmente coincide con la retirada del liderazgo más importante de la central obrera en los últimos años y abre la puerta a la aparición de nuevas figuras que puedan ocupar los lugares vacantes (algo similar ocurrió en los 90´s).
-En 2017 todo parece indicar la continuidad de la recesión y hay preocupación por la política económica y comercial de Trump, pero también es un año electoral, ¿cómo ves el panorama social y sindical en 2017?
Imagino un 2017 con continuidades y rupturas. Con la CGT empezando a endurecer sus posiciones y meciéndose también al ritmo de la interna peronista. Con un plan económico en marcha que no virará su rumbo (quizás con algo menos de brutalidad por tratarse de un año electoral) y, muy probablemente, una central obrera que sin estar dispuesta a la confrontación abierta, empezará a tomar más medidas a la altura de la circunstancias (destrucción de empleos y caída de salario).
-¿Te parece que la actitud de la CGT y el reciente acta con "paz social" firmado por algunos movimientos sociales resuelve el tema de la conflictividad o puede darle espacio a sectores críticos o combativos?
Este año fue la demostración empírica de que la conflictividad social no se resuelve ni con pactos entre dirigentes, ni con protocolos de seguridad. A medida que se avance en una distribución regresiva de la riqueza la conflictividad social irá en aumento, más allá de lo que pueda firmar un gremio, un conjunto de organizaciones sociales o cualquier actor social. Y teniendo en cuenta esa premisa, imagino un 2017 conflictivo como lo fue este año.