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Red Internacional
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HUELGA DE MUJERES. La derecha desbordada por la marea feminista del 8M

Tanto el PP como Ciudadanos y hasta la Iglesia católica han tenido que recular en su discurso tras el golpetazo de realidad que ha supuesto la huelga feminista del 8 de marzo.

Jaime Castán @JaimeCastanCRT

Martes 13 de marzo de 2018

La huelga feminista del 8 de marzo ha significado un hecho histórico de enorme magnitud, irrumpiendo como un maremoto en el escenario político. Una jornada combativa a nivel internacional que ha sido especialmente intensa en el Estado español.

Tras años de desmovilización y, en los últimos meses, de “derechización” de la situación política al calor de la ofensiva reaccionaria del Régimen contra Catalunya, las mujeres han salido a protagonizar y liderar la primera huelga general feminista de la historia, a 6 años de la última huelga general a nivel de todo el Estado. En esta situación nadie ha quedado indiferente, porque el 8M ha canalizado el desencanto y malestar social de los sectores más afectados por la crisis: las mujeres, la clase obrera, la juventud, los pensionistas. La precariedad y la explotación económica, así como la desigualdad y opresiones que sufren las mujeres han pasado al primer plano del debate.

En este sentido la huelga ha mostrado, por un lado, los grandes límites de la izquierda institucional reformista, adaptada al Régimen del 78; desde los social liberales del PSOE hasta Podemos o Izquierda Unida, pasando por los llamados “Ayuntamientos del cambio”. También ha supuesto el cuestionamiento a las burocracias de los grandes aparatos sindicales, CCOO y UGT, que sólo convocaron a una huelga de 2 horas, mientras sindicatos como CGT o CNT la convocaron por 24. Pero, por otro lado, ha expuesto los aspectos más reaccionarios de la derecha española, representada por Ciudadanos y el PP, partidos que antes del 8M criticaron duramente la huelga e incluso se desvincularon de ella, y que después han tenido que “reconocer” la importancia de una lucha de las mujeres que se les venía encima.

“Donde dije digo, digo Diego”

En los días previos al 8M tanto miembros del PP, como de Ciudadanos, lanzaron declaraciones cuestionado la huelga y restando importancia a sus reivindicaciones. El argumentario del PP giró en torno a sostener que la huelga fomentaba la división entre hombres y mujeres, no la igualdad, y además era “elitista” y no representaba a la mayoría de las mujeres. Por su parte, desde Ciudadanos, tanto Inés Arrimadas como Albert Rivera destacaron que no podían sumarse a la convocatoria por su contenido “anticapitalista”.

Uno de los momentos más llamativos fue cuando el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, contestó a un periodista que le preguntó por la legislación para acabar con la brecha salarial entre hombres y mujeres: “no nos metamos en eso”.
Sin embargo, en cuanto se empezó a vislumbrar el alcance de la movilización, tanto el PP como Ciudadanos empezaron a “modificar el discurso”.

El recurso a un feminismo “sin ideologías”

Una de las formas que ha jugado la derecha para reivindicar la huelga tratando de aparentar las menores contradicciones posibles, ha sido hacer un balance distorsionado de la misma, ocultando el carácter combativo y planteando el 8M como una jornada de “todos” por la “igualdad” o la “libertad”. El feminismo, según este razonamiento, no pertenecería a ninguna ideología, a pesar de los intentos de “instrumentalización política” que llevarían a cabo “sectores de la izquierda”.

Sin embargo, la “no ideología” que defiende la derecha es pura ideología… neoliberal. Es un intento de silenciar la rebeldía de las mujeres que salieron a la calle para liderar un movimiento que denuncia claramente la violencia machista, pero también la precariedad, el racismo y la opresión del sistema capitalista.

¿Y que ha opinado la Iglesia católica?

Oficialmente la Iglesia no se ha posicionado al respecto y obviamente no ha apoyado el 8M. Lo más “progresivo”, si es que puede utilizarse ese término para una institución tan reaccionaria como la Iglesia, han sido algunas declaraciones surgidas de la jerarquía eclesiástica apoyando tímidamente y de forma forzada las reivindicaciones de las mujeres. José María Gil Tamayo, secretario general de la Conferencia Episcopal Española declaró: "Nuestro apoyo total a la reivindicación de la igualdad de la mujer. Esto es innegable". O el caso del arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que afirmó: "Lo comprendo, claro. Hay que defender sus derechos. Lo haría también la santísima virgen María".

Pero lo que pesa en la Iglesia católica no son estas frases de ocasión, sino las declaraciones reaccionarias como la de José Ignacio Munilla, arzobispo de San Sebastián, quien señalo: "El feminismo radical tiene como víctima a la propia mujer. Es curioso cómo el demonio puede meter un gol desde las propias filas". O el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, que declaró estar en contra de “una consigna internacional, que sale de los laboratorios de Naciones Unidas y su pretensión globalizadora, que tiene en la estrategia de la ideología de género la hoja de ruta de una revolución cultural de amplio alcance”.

El importante peso de la lucha feminista y el cuestionamiento de los roles tradicionales de género y de la sexualidad, dejan cada vez más atrás a una Iglesia reaccionaria, machista y lgtbifóbica.

Una gran victoria para las mujeres, la juventud y la clase obrera

Si algo ha puesto de manifiesto la lucha encabezada por las mujeres este 8M es la necesidad de transformar la ilusión reformista de los últimos años en lucha por la transformación social y radical de la sociedad, para echar abajo este sistema capitalista y patriarcal. Y aunque todavía está abierto el interrogante sobre cómo se va a desarrollar el movimiento, no cabe duda de que ha supuesto un cuestionamiento a la izquierda adaptada al Régimen del 78, pero especialmente a una derecha que se ha visto totalmente desbordada y forzada a salir del paso con discursos rebosantes de hipocresía.