¿A qué se dedica la extrema derecha cuando se encuentra encerrada por la pandemia?

Roberto Bordón @RobertoBordon13
Martes 12 de mayo de 2020
La crisis del Covid-19 nos ha obligado a cambiar nuestra rutina diaria debido a las medidas que los gobiernos han tomado para contener la amenaza mediante el confinamiento de la población. Sin embargo, a qué se ha dedicado cada uno en este periodo va cambiando. En el caso de la extrema derecha, no han perdido el tiempo, adaptados ya a la actividad en el mundo digital, parecen haber echado toda la carne en el asador en su objetivo de desgaste del Gobierno del PSOE-Unidas Podemos y en la disputa por dirigir el bloque de derechas.
La actividad de la extrema derecha en Internet es un fenómeno mundial que se ha estudiado desde diferentes ángulos: su habilidoso uso de las redes sociales para extender mensajes de odio, la utilización de los memes como arma ofensiva o su cooptación de comunidades online para extender su influencia (siendo impresionante su influencia en el mundo del videojuego y cómo a través del mismo llegan a la juventud a través de grupos de Telegram inocentes como algunos donde se visualizan partidas del popular Fornite). Desde la aparición de raperos que apoyan a Vox o a Trump o canciones trap a favor de Bolsonaro en Brasil, así como el aparente peso que tienen en redes como Tik Tok donde sus participantes suelen ser muy jóvenes, parece que tienen claro que la política no es algo exclusivamente parlamentario, sino que se disputa en todas las esferas de la vida.
Los ejemplos son infinitos: desde los métodos de la llamada man-sphere en Estados Unidos para reclutar hombres para sus redes paramilitares, a cómo un videojuego puede tener grandes pérdidas de posibles usuarios porque presenta protagonistas femeninos fuertes alejados de los clichés más misóginos. Aunque percibidos como fenómenos separados, la realidad es que se conectan, de esta forma el lenguaje incel (comunidad online misógina que plantea una guerra abierta contra la mujer y que promueve atentados en Estados Unidos y Canadá) se cuela en mensajes inocentes de Twitter, y youtubers influyentes en la juventud promueven su utilización como un meme más. Estos mismos youtubers después se descubre que apoyan partidos de extrema derecha (¡sorpresa!) y que promueven verdaderos boicots porque “no es realista la presencia de personajes femeninos fuertes en videojuegos históricos” (refiriéndose a un videojuego que incluye alienígenas, saltos imposibles, conspiraciones muy del estilo Iluminatti y visiones totalmente romantizadas en un sentido masculino de determinadas figuras históricas como los vikingos).
¿Y en el Estado español?
Como en todo, existe un complicado universo de figuras reaccionarias en redes sociales, que no presentan un bloque unificado, sino que más bien conviven en el espacio digital aliándose momentáneamente para atacar a sus enemigos comunes: la izquierda, el feminismo, el ecologismo, el mundo del corazón últimamente… En esencia, representan distintas tendencias de la derecha española, desde posturas más neoliberales que no coincidirían con posiciones conservadoras clásicas de la derecha católica a verdaderos fascistas. Probablemente tendrán sus piques y sus enfrentamientos, pero para desgracia del resto, tienen un público joven de relativo peso que ganan a través de las redes sociales con dicho discurso y que de alguna forma impulsa a los partidos políticos afines, en el caso del Estado español, a Vox. Ya que, si bien no todos coinciden con el programa político de dicha formación, representa por “chistoso” que resulte plantearlo, su voto útil o su voto del mal menor frente a otras opciones como el Partido Libertario.
Pero el Covid-19 une a estos personajes nefastos a pesar de la distancia social y hemos visto nacer la iniciativa de “Estado de Alarma”, un programa diario a través de Youtube dirigido por el periodista reaccionario Javier Negre que va invitando a diferentes figuras de la derecha española, desde parlamentarios del PP o Vox (este grupo parece tener preferencia ya que de forma casi diaria se entrevista a alguna de sus figuras públicas) a youtubers de derechas que van actuando como colaboradores o periodistas, como Cristina Seguí. Con una audiencia estable parece haberse constituido una especie de “Tuerka” en la que las diferentes opciones de la derecha reaccionaria conviven en su odio común al Gobierno del PSOE-Unidas Podemos, al feminismo, ahora mismo también a Ciudadanos por pactar con el Gobierno central y en general a quien Vox designa como enemigo. Cumplen, por lo tanto, una función comunicativa y cultural en apoyar el mensaje político de la formación reaccionaria.
Más allá de los memes que haya podido hacer la izquierda con diferentes situaciones dadas en dicho programa. Desde la aparición de Rosa Diez; los youtubers de derechas que participan en ese programa como supuestos expertos económicos y que luego tienen videos en la red con títulos como “El efecto tetas” como ejemplos de sus teorías sobre la sociedad y el individuo; o el escandalo de Alfonso Merlos con el mundo del corazón donde se reveló que el periodista de derechas mantenía diversas infidelidades a su pareja sentimental; la realidad es que esta iniciativa trata de reagrupar a todo un mundillo de figuras de la derecha e imponerle un programa a dicho bloque en un momento de inestabilidad política.
Un ejemplo de este intento de experimentar fue la convocatoria de manifestación online que promovió este espacio el pasado 8 de abril donde aseguraban haber reunido a 3 millones de usuarios (un número dudoso debido a la posibilidad de bots y de que un sector de los usuarios fuesen curiosos o críticos de la izquierda). Se trataba de ensayar nuevas formas de protestas en el medio digital, cómo presionar a un oponente y cómo construir una imagen de fuerza para su bloque. Se considere o no fracasada a esta iniciativa, anunciaba las intenciones que manejaba Vox para el periodo político actual. Ahora vemos como Santiago Abascal aprovecha el altavoz de las redes sociales, impulsado por todo este universo facha, para convocar manifestaciones presenciales el próximo 23 de mayo, con el objetivo expreso de atacar al Gobierno del PSOE-Unidas Podemos. Una continuación entre el discurso de las redes sociales y las posibilidades materiales en un momento como el actual de extender su influencia aprovechando la debilidad del adversario.
¿Qué conclusiones puede sacar de todo esto la izquierda revolucionaria?
En primer lugar, una reflexión sobre la importancia que han adquirido las redes sociales en configurar las identidades políticas y el discurso que predomina en la opinión pública. Esto no implica que las batallas dejen de estar en las calles y que debamos todos acaparar ordenadores para vencer al capital, pero sí es reconocer que hay que actualizar la importancia que le daba Lenin al periódico. Si en su época era una herramienta física, en la nuestra ha pasado a ser algo digital e incluso más amplio en sí que un medio de comunicación clásico. De esta forma, iniciativas como Izquierda Diario deben ser apoyadas y ampliadas para aprovechar las potencialidades que dan las nuevas tecnologías en el campo de la extensión del discurso revolucionario y de la comunicación entre sectores del espacio de la emancipación.
No sería prudente afirmar que el futuro de la revolución se encuentre en un meme o en una cuenta de Youtube, pero sí sería sensato entender que las circunstancias actuales nos obligan a repensar la comunicación política y el modo de analizar al enemigo. Desde buscar formas más efectivas para que nuestras ideas lleguen a las nuevas generaciones de trabajadoras o de la juventud a un entendimiento de cómo el enemigo lo hace para adelantarse y sacarnos ventaja.
Esto no pretende ser un llamamiento para adoptar sus marcos de la misma forma que parece haberlo hecho Podemos con el lanzamiento de la Última Hora, medio digital que parece haber adoptado los códigos de OkDiario y otros medios de comunicación de extrema derecha especializados en bulos y en un lenguaje agresivo y vacío basado en el clickbait. No, no necesitamos un Inda en la izquierda (tampoco lo necesitan en el reformismo, pero ahí esta Monedero dándolo todo) sino una replanteamiento de cómo actuar de forma revolucionaria y, al mismo tiempo, creativa, ante la crisis del Covid-19.

Roberto Bordón
Andalucía