×
×
Red Internacional
lid bot

Análisis. La gran mentira de “Pepe y Toño”

8 millonarios en el planeta tienen la riqueza equivalente a la que poseen 3600 millones de personas, la mitad más pobre. ¿Cómo es posible una sociedad así de irracional? Mentiras como la de Pepe y Toño lo explican.

Miércoles 7 de junio de 2017

Se repite constantemente que el capitalismo es producto de la “naturaleza humana” apelando a una supuesta naturaleza inmutable y egoísta que vendría de lo más profundo de nuestro instinto de supervivencia animal. Nada más falso.

Un aspecto fundamental para mantener esa idea es generar en el sentido común la idea de que si “le hechas ganas”, trabajas mucho y generas las ideas innovadoras y emprendedoras necesarias, puedes ser un gran triunfador en este mundo de competencia y dinero.

De esta forma se logra que millones crean ingenuamente que pueden acceder a ser parte de la elite que domina (o al menos acercarse a ella), a partir de por un lado reproducir los valores que los grandes empresarios promueven como la competencia y por otro no quejarte de la situación política y social que se vive. Ser “proactivo” en términos empresariales implica creer que tú como individuo aislado eres el responsable de tu situación personal. Así, la burguesía que domina logra que millones de trabajadores compitan entre sí para servir mejor a los intereses patronales.

La campaña “Pepe y Toño” (a la que después se le añadió “Ana y Mary”) que desde hace años se impulsa desde el Consejo de Comunicación (voz de las empresas) como un medio para promover el “espíritu emprendedor” es justamente un intento de justificar la sociedad capitalista a partir de posicionar entre el sentido común de la gente que cualquier puede volverse un exitoso empresario, veamos que ocurre en realidad.

Las PyME y la clase trabajadora

La realidad es que la inmensa mayoría de la población trabajadora en el país vive al día, es decir que ocupa la mayor parte de su ingreso para destinarlo al consumo. El margen de ahorro es mínimo y pensar en invertir en un negocio (una Pequeña y Mediana Empresa “PyME”) es algo que solo pueden hacer un reducido número de trabajadores con ingresos medios-altos.

Aun así, la propia prensa empresarial como El Financiero en reiterados artículos da cuenta que hablar de que cualquiera se puede volver un gran empresario es falso y es que en la economía capitalista contemporánea donde ramas enteras de la producción y de los servicios están controladas por oligopolios y monopolios, una PyME sólo pueden sobrevivir a condición de que busquen ser parte de la cadena productiva de una gran empresa. Al punto que la tasa de sobrevivencia de las PyMES es muy baja, únicamente 11 de cada 100 logran mantenerse en el mercado al tiempo que su periodo de vida es de apenas 2 años.

Habría que sumar acá el hecho de que el acceso al crédito para el “emprendimiento” es en realidad muy reducido si lo comparamos con la capacidad crediticia de los grandes capitalistas. No hay posibilidad de que una empresa “nueva” compita en la gran mayoría de las ramas industriales con la gran burguesía. En todo caso, los negocios que llegan a mantenerse son los vinculados a servicios como restaurantes o servicios de lavanderías, con poca capacidad de lograr una “reproducción ampliada de su capital”, es decir de invertir fuertes cantidades en innovación o expansión de activos y contratación de más personal.

Marx había previsto la dinámica de la reproducción capitalista descubriendo una tendencia a la concentración de la riqueza producida por los trabajadores. Es decir cada vez menos capitalistas con mayores riquezas y cada vez más personas con menos ingresos. Esta predicción es fácilmente comprobable con los niveles de desigualdad que vivimos en el capitalismo contemporáneo.

Ni emprendedores ni pequeños empresarios, trabajadores orgullosos de nuestra clase

Los ejemplos que en comerciales de televisión o espectaculares podemos ver donde aparecen personajes exitosos y muy contentos de haberse “arriesgado” a invertir, no pueden sino generarnos repulsión a todos los que sabemos lo que ocurre en realidad en el capitalismo.

La riqueza que producimos entre todos los trabajadores, es apropiada por un puñado de grandes empresarios que viven viajando a Dubai y al caribe en yates y aviones privados, despilfarrando y riendo. Vivimos una sociedad de explotación y quieren hacernos creer que si te esfuerzas tú también puedes ser un explotador alegre.

Este sistema premia los peores valores como la corrupción, la competencia y el individualismo, esos son los valores que profesan los grandes empresarios y banqueros de la mano de la clase política a su servicio. De esta forma, los trabajadores que más pueden llegar a crecer en una empresa son los más sumisos y los más fieles servidores de los jefes y patrones, los que no piensan y cuestionan, quienes están dispuestos a traicionar a su clase con tal de escalar.

En lugar de intentar ser como ellos, los trabajadores debemos estar orgullosos de pertenecer a la clase que mueve el mundo y de la que depende la reproducción de la vida en esta sociedad. Sin trabajadores en las minas, los puertos, los bancos, los hospitales, el metro o las fábricas no funciona el sistema. No es de los patrones de quienes depende la economía, sino de los trabajadores, mientras más tomen conciencia de esta realidad los millones que se emplean todos los días en la industria y los servicios, más podremos luchar para defender nuestros derechos como clase y lograr mejores condiciones de vida.

De hecho, podemos no sólo pelear por reivindicaciones concretas, sino plantearnos la necesidad de tener un gobierno que esté a nuestro servicio. Un gobierno de y para trabajadores, en oposición al gobierno al servicio de los ricos y grandes empresarios que tenemos hoy.