Ante la situación actual en que la multinacional, en complicidad con el sindicato SMATA, suspendió a 350 trabajadores, reproducimos el testimonio de un ex trabajador de General Motors, que relata la otra parte del flagelo sufrido por los empleados de la empresa.
Domingo 12 de marzo de 2017 18:01
Necesito dar a conocer y poder hacer más visible la otra realidad que se (sobre) vive cuando se trabaja en GM, como lo es en tantas otras empresas de este tipo. Donde los casos de enfermedades profesionales o accidentes laborales son moneda corriente y degradan día a día la vida del trabajador.
En mi caso particular, y habiendo trabajado 7 años en la empresa, cumpliendo cada tarea asignada, con los ritmos de producción, sin ausencias, ni licencias por enfermedades, el resultado de ello fueron dos operaciones de alta complejidad, seis clavos de titanio en mi cuerpo, numerosas tendinosis y hostigamientos de todo tipo por parte de la empresa y del sindicato, sin siquiera procurar una reubicación en otro sector de la misma. Esto me indica que el objetivo de GM es uno, "producir con el mayor rendimiento", poco o nada interesa la integridad física y mental de sus trabajadores, quienes ni siquiera contábamos con las maquinarias aptas y en buen estado (esencial para lograr el rendimiento esperado), ni la adecuada indumentaria para soportar el clima dentro de la empresa durante las diez horas que duraba la jornada laboral diaria.
Este pequeño ejemplo de impunidad empresarial estuvo, y evidentemente sigue estando, protegido por la burocracia sindical y patota del SMATA y el Ministerio de Trabajo.
A partir de mis sucesivas lesiones en mi puesto de trabajo fui encontrándome con una triste realidad, aquella donde el servicio médico de planta primero, y posteriormente la ART dan cuenta clara que son funcionales a los intereses de la multinacional, generándome mucho stress, sumado al agobio diario y a la incertidumbre sobre mi salud y futuro laboral.
Como trabajador de la línea de producción, la mayor indignación que sentí fue cuando pude constatar que los que avalaban este tipo de atropellos eran los mismos delegados sindicales, ya que uno sabe que la empresa es la principal impulsora de estas medidas. Si bien yo hoy estoy dando testimonio de lo vivido, mañana esto puede pasarle a cualquier otra persona, directa o indirectamente.
Por todo lo comentado anteriormente creo que es importante destacar que este tipo de situaciones son completamente ignoradas por el Estado. Ningún otro trabajador debería quedar incapacitado físicamente (como lo estoy yo en este momento) por el sólo hecho de poner la mano de obra, de dar mi fuerza de trabajo, por el sólo hecho de trabajar. Y también es necesario de manera urgente un diálogo, compromiso, unión y organización por parte de los trabajadores para que ninguna otra empresa ni sindicato mercenario juegue con nuestra salud.
Hoy por hoy, ya fuera de la empresa, celebro esa asamblea y me solidarizo a los trabajadores suspendidos por GM y traicionados por el SMATA.
¡La organización y la pelea por mandatos de asambleas desde las bases son el mayor ejemplo de reivindicación en la lucha de los trabajadores!