Para los patrones la vida obrera no vale nada. Los trabajadores deben darle una salida a la crisis.
Pablo Auster Columnista obrero – Zona sur GBA
Miércoles 18 de marzo de 2020 19:21
En las fábricas y empresas de la zona sur del conurbano bonarerense reina la desidia patronal, mientras los sindicatos miran para otro lado.
En el país ya hay 97 personas afectadas por el coronavirus y, por el momento, un saldo de 2 muertos. Con el gobierno ajustando para pagar la deuda externa, la situación es complicada por donde se la mire. En materia de salud tenemos una crisis sanitaria estructural producto de décadas de vaciamiento. Solo por dar un ejemplo, para las decenas de millones de habitantes de la Provincia de Buenos Aires solo hay 70.000 camas, de las cuales solo 9 mil pertenecen al sector público. A esto se suma una importante falta de insumos y de personal en los hospitales públicos y unidades de atención, graves problemas edilicios, faltante de instrumental y maquinarias. Resulta evidente que un crecimiento exponencial de personas contagiadas lo llevaría a un rápido colapso, algo que ya puede verse en que se están cancelando turnos programados desde ahora o no se atienden casos que no sean de extrema gravedad en algunos lugares.
Lo complejo del panorama se cierra con el monopolio farmacéutico y de las clínicas privadas que, como se sabe, tienen una lógica de negocios por encima de la salud del pueblo trabajador. Ni hablar de la salud de los millones de trabajadores precarizados y en negro que hay en Argentina, las y los desocupados y las personas en situación de calle, quienes no tienen ningún tipo de cobertura ya que están por fuera de cualquier tipo de representación sindical y de convenios colectivos de trabajo.
Mientras tanto las fábricas y empresas mantienen andando sus líneas de producción como si nada estuviera pasando. El transporte de mercancías, a pesar de haberse limitado por la caída en la industria y la baja del consumo, sigue funcionando normalmente.
Los medios de transporte públicos que trasladan a millones de trabajadoras y trabajadores en los horarios pico pasarán a funcionar desde el jueves con menos capacidad de traslado (solo pasajeros sentados) lo que seguramente empeorará el hacinamiento en estaciones y andenes.
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Es evidente que para los empresarios y su Estado los trabajadores y el pueblo pobre no son materia de cuidados, ni de verdaderas medidas preventivas.
¿Qué pasa en los lugares de trabajo de la zona sur?
Como era de esperar, las grandes empresas y multinacionales de la zona sur de GBA, aun en esta situación, siguen privilegiando sus ganancias.
Trabajadores de la planta de Raízen Shell de Dock Sud comentaron a este diario que la empresa pegó carteles con medidas contra el COVID-19 tan profundas como… que los obreros no compartan el mate en los descansos y que se limpien las manos con alcohol en gel. Pero hasta el momento ni siquiera le dieron el gel a ningún laburante. Al lugar llegan barcos provenientes de otros países, lo que genera temor entre los trabajadores.
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En la planta de Pompeya de Coca Cola (muy cerca de las orillas del Riachuelo) se sigue produciendo de manera continua de lunes a sábados en jornadas de 12 horas. No existe por el momento espacio alguno para una desinfección integral de las máquinas durante la jornada laboral. Hay faltante de alcohol en gel en los lugares de descanso y hasta el día lunes solo se había implementado como medida de precaución la salida de un sector de trabajadores 15 minutos antes del horario normal para evitar la acumulación de personas en el cambio de turno. Después se implementaron nuevas medidas, como limitar la capacidad de personas en el comedor y aislar por 15 días a trabajadores mayores de 60 años de edad y a aquellos que fueron considerados como población de riesgo. Mientras tanto el resto trabaja normalmente, con el mismo turno y la misma cantidad de horas.
La situación en el Ferrocarril Roca no es mejor. Andrés Padellaro, referente de los sectores precarizados de dicha línea, cuenta a este diario que la empresa los está exponiendo a posibles contagios ya que los hace estar en contacto muy cercano con cientos de miles de pasajeros (en horas pico pasan 1700 personas cada 3 minutos ) mientras que se suspenden festivales de música de más de doscientas personas.
Los sindicatos de cada de uno de los sectores nombrados miran para otro lado mientras se juega con la vida de los trabajadores.
El colmo del escándalo es el de la Comisión Directiva de la UOM de Avellaneda que, mientras los metalúrgicos siguen trabajando sin ninguna medida de protección, se puso en cuarentena y solicita a los trabajadores que “cualquier queja que tengan la eleven por Facebook”. Con dirigentes así…
¿Dónde está la CGT?
El triunvirato de la CGT y la mayoría de los sindicatos están en una clara tregua con el gobierno nacional, superando con creces la que ya tenían con Macri.
No existen medidas de fuerza ni ningún plan de lucha que ponga a raya la desidia patronal. Son lisa y llanamente agentes de las empresas. No hacen nada para evitar que los trabajadores sufran las peores consecuencias en esta situación tan delicada.
A diferencia de nuestra CGT, en Italia la clase obrera está comenzando a tomar medidas de fuerza contra las patronales y el gobierno. Hubo rebeliones y paros en varias ciudades del norte del país, destacándose la huelga de portuarios en Génova y otras localidades.
En el País Vasco, entre tanto, más de cinco mil trabajadores le impusieron a la Mercedes Benz el cierre de la planta, ya que estaban expuestos al contagio.
En Argentina también comienzan a haber rebeliones como la de los metalúrgicos de Tierra del Fuego que abandonaron sus puestos de trabajo o las de los trabajadores del Alto Avellaneda, las Galerías Pacífico y otros shoppings, como vimos desde ayer.
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Ese es el camino. Si la clase trabajadora no da su propia salida, que incluya al resto de los explotados y oprimidos, será la que termine pagando las peores consecuencias de esta pandemia.
Un programa obrero que plantee una salida
Las principales tareas que tienen por delante las y los trabajadores en esta crisis mundial es exigirle a los sindicatos y cuerpos de delegados que garanticen en cada lugar de trabajo las condiciones necesarias de protección y prevención. Todos los trabajadores deben tener elementos de protección como alcohol en gel, guantes, barbijos, debe garantizarse la desinfección reiterada de los lugares de trabajo, de las maquinarias, lugares de descanso, vestuarios, etc.
En segundo lugar, fomentar el control y la prevención de forma independiente de las empresas, poniendo en pie en cada lugar de trabajo comisiones de trabajadores de base que inspeccionen y garanticen que se lleven a cabo todas las medias de seguridad e higiene pertinentes. Como nos muestra el ejemplo de los trabajadores del aeropuerto, que se organizaron y conformaron una comisión de estas carcaterísticas.
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Y por último levantar un plan de lucha que parta de la prohibición de despidos, suspensiones o cualquier tipo de medida que pretenda empeorar las condiciones de vida de las y los trabajadores. No debemos permitir que las empresas adelanten vacaciones en vez de otorgar licencias pagas, o que nos obliguen a tomar licencias sin goce de sueldo.
Pasan los anuncios, pasan las conferencias de prensa, pero el problema queda
Las medidas anunciadas por el gobierno no están a la altura de la gravedad de la pandemia. Más bien parecen el intento de dar una imagen de acción ante la opinión pública, mientras se protege las ganancias de las patronales.
Además de las restricciones al transporte a las que ya nos referimos, las licencias para los grupos de riesgo tienen un efecto distinto en el sector público que en el privado, porque no contemplan la realidad que se vive en los lugares de trabajo donde imperan la falta de representación sindical, la escasez de derechos laborales, el trabajo en negro y la tercerización. Este sector que vive como paria representa al 40 % de los asalariados y no hay posibilidad, en estas circunstancias, de que le respeten y concedan el goce de licencias ni por edad, ni por ningún otro motivo. Incluso en los lugares donde hay trabajadores en blanco, están afiliados a algún gremios y tienen obra social también aprietan a las obreros y obreras no permitiendo que hagan uso de licencias pagas.
La enorme mayoría de la clase trabajadora madruga todos los días, viaja hacinada y labura sin condiciones mínimas de higiene en jornadas agobiantes, lo que en muchos casos representa ausentarse de sus hogares más de 14 horas por día en plena pandemia. Y lo que es peor: para obtener un salario que apenas alcanza para comer y vestirse, en el mejor de los casos.
A estas medidas se suman apenas algunos paliativos como la restricción en los precios máximos sobre cincuenta productos, un pequeño aumento en las jubilaciones mínimas y la entrega de sumas de $ 3.000 por única vez a algunos sectores, mientras los empresarios tendrán subsidiados parte de los salarios que deben pagar y recibirán un sinnúmero de beneficios financieros.
El presidente Alberto Fernández y su gabinete pretenden mantener la ganancia de las patronales a toda costa. Evidentemente, prefieren la exposición de millones de obreros y obreras al contagio antes que tocar las ganancias de las grandes empresas.
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Que distinto sería si en vez de que existan un Estado y un gobierno capitalista, gobernase la clase obrera y planificara racionalmente la producción y la economía, no ya persiguiendo ganancias millonarias, sino para que todas y todos tengan empleo, se garanticen las necesidades sociales de todos y podamos trabajar en forma segura las horas estrictamente necesarias para evitar los contagios.
En este camino la clase obrera, además de luchar por no pagar los platos rotos de la pandemia en los lugares de trabajo, tiene que ponerse al frente de la pelea por unificar el servicio de salud público con el privado y que estos últimos pongan todos sus recursos para atender enfermos, brindarles atención médica permanente y salas de internación de manera gratuita.
Y al mismo, levantar como reclamos urgentes que el Estado a través de este gobierno que se dice popular, ponga todos sus recursos en la compra de nuevos respiradores y camas porque con los que hay no alcanza.
La clase trabajadora tiene que dar una salida de conjunto con el movimiento de mujeres y la juventud, imponiendo medidas contundentes para salir de esta nueva crisis en la que nos puso el capitalismo.
Para poder hacer realidad todas estas medidas urgentes, se deberá indudablemente romper con el FMI y los fondos buitre y no darles un solo peso, para que todos los recursos económicos que se generen queden en el país.
Nuestras vidas, valen mucho más que sus ganancias.