En estos últimos días el debate por el rol de de los varones en el paro de mujeres y en la lucha por sus derechos se profundizó. Pollerazos y shortazos en los colegios secundarios, el Encuentro Nacional de Mujeres, ¿cuál es nuestro papel en esta lucha?

Luca Bonfante @LucaBonfante98
Miércoles 19 de octubre de 2016 12:14
Desde el primer #NiUnaMenos realizado el 3 de junio del año pasado, donde miles de mujeres alzaron su voz por los cientos de femicidios que se perpetuán constantemente, en las universidades, colegios y lugares de trabajo se ha gestado un fenómeno particular: la organización para frenar el machismo.
El caso de los colegios secundarios es claro y muy explícito. Los códigos de vestimenta que rigen en muchas escuelas posicionan a las estudiantes en un lugar decadente, las tildan de "provocadoras" y crean reglas de vestimenta que no les permiten utilizar polleras o shorts. La respuesta de las autoridades al preguntarles el por qué, era simple "distraen a los compañeros hombres". Lejos de caer en la victimización, las estudiantes de decenas de colegios en todo el país se posicionaron y se manifestaron de una manera poco convencional y muy llamativa: los shortazos o pollerazos. Y los varones, decidimos sumarnos y ponernos la pollera. Dijimos que no nos provocan y que queremos que vengan como se sientan cómodas. Que no íbamos a dejar que en nuestro nombre, se siga reproduciendo el machismo adentro de las escuelas.
En los pollerazos o shortazos, mujeres y varones asistimos a la escuela, por un día, vestidos de esa forma. En el Normal 1, mi escuela ubicada en Capital Federal, gracias a la lucha que dimos en conjunto, logramos visibilizar el problema. La acción se volvió viral en las redes y los medios de comunicación y finalmente se logró tirar abajo el código de vestimenta machista. Logramos además con la organización imponerle a las autoridades una relación de fuerzas que cada vez se inclina más por las y los que queremos terminar con el machismo, que hace que ahora piensen dos veces a la hora de referirse de esa manera hacia nuestras compañeras.
Ejemplos como el anterior demuestran que los hombres tenemos una tarea muy importante: acompañar en la lucha a nuestras compañeras mujeres. Ellas avanzan y se ponen a la cabeza de la pelea, nosotros no podemos retroceder. No podemos mirar para otro lado. No podemos hacer como si no pasara nada.
Ellas son las afectadas. Las que viven día a día en sus cuerpos la violencia. Los hombres, sin duda, nos encontramos en una situación de más privilegios respecto a ellas. Es por esto que las que tienen y deben estar a la cabeza de la lucha son ellas, utilizando espacios como el Encuentro Nacional de Mujeres para organizarse, las comisiones de mujeres, para debatir sus problemáticas y cómo organizarse para combatirlos. Y nosotros, tenemos la tarea de acompañar los planes de lucha y las medidas que ellas decidan. Tenemos que unirnos, hermanarnos en su pelea. Combatiendo el machismo cotidiano que nos metieron en la cabeza, cuestionándonos, pero también apuntando juntos contra el mismo enemigo.
El paro de mujeres de mañana, convocado a partir del femicidio de Lucía, no podemos mirarlo desde nuestras casas. ¿Paran las mujeres en las fábricas, pero los compañeros van a trabajar? No tiene sentido, sin dudas la producción no va a lograr pararse. ¿Paran las estudiantes secundarias y universitarias y los hombres vamos a estudiar? Imposible, sigue circulando gente por las aulas y pasillos y las clases se dan casi en normalidad. No podemos abandonar la lucha de esa manera. No se va a sentir con la misma magnitud el paro. Ni vamos a golpear con tanta fuerza.
Ya vimos que con la organización se pudo tirar abajo decenas de códigos de vestimenta. Se logró que liberen a Belén de la cárcel. Se consiguió que aparezca Layla, estudiante secundaria del Normal 4 que había sido secuestrada por las redes de trata. ¿Qué se podría conquistar si se logra paralizar el país? Se le impondría al Estado el cumplimiento de los derechos más elementales para que no muera ni una más, porque los estamos golpeando donde más les duele: en sus ganancias y la de los empresarios. Podríamos arrancarles presupuesto para la construcción de nuevos refugios, podríamos conseguir licencias laborales pagas para las víctimas de violencia de género.
Pero además, las movilizaciones en las que participarán miles de estudiantes secundarios y secundarias, tienen que ser un gran punto de apoyo para avanzar en nuestra organización y nuestra lucha contra la violencia machista; para seguir multiplicando pollerazos, shortazos y todo tipo de acciones que aporten y acompañen la pelea de nuestras compañeras contra el machismo. Para sumar cada vez a más y más estudiantes a esta lucha; para impulsar Comisiones de mujeres en todas las escuelas y para aportar a poner en pié un gran movimiento estudiantil que levante como propia la bandera contra los femicidios, contra la violencia de género y contra este sistema capitalista y patriarcal que busca mantenernos divididos para garantizar sus propios fines.
Con ese enorme desafío, los estudiantes que nos organizamos en No Vamo a Calmarno y en el Frente de Izquierda marcharemos con nuestras shores, polleras y banderas bien en alto, y porque vivas las queremos, mañana paremos hombres y mujeres para decir #NiUnaMenos.