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El Círculo Rojo. La verdadera historia detrás de Enola Holmes

¿Quiénes son las trabajadoras que aparecen en la película? La huelga de las fosforeras y la memoria urbana. Columna de Cultura en El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario (jueves 22 horas en Radio Con Vos FM 89.9).

Celeste Murillo

Celeste Murillo @rompe_teclas

Viernes 11 de noviembre de 2022 00:00

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· El 4/11 se estrenó en Netflix la segunda película de la saga de Enola Holmes, la hermana de Sherlock Holmes, el personaje de Arthur Conan Doyle (interpretada por Millie Bobby Brown). Cuenta las aventuras de una joven detective que quiere seguir los pasos de su hermano pero a su manera. Enola investiga la desaparición de Sara Chapman, una trabajadora de la fábrica de fósforos.

· Le preguntaron al director por qué había elegido hablar de la huelga de las fosforeras (que existieron de verdad). Harry Bradbeer dijo que quería que la segunda parte “se trate de la corrupción empresarial y el control de los trabajadores en esa época… El final del siglo XIX fue un periodo extraordinario para el nacimiento del movimiento sindical y de la gente que defendía sus derechos”.

Una historia demasiado real

· Sarah Chapman (la chica que desaparece en la película) fue una persona real. Era fosforera y denunció las condiciones de trabajo en la fábrica Bryant & May, sobre todo las consecuencias de manipular sustancias tóxicas. En la película vemos cómo rechazan a las obreras con síntomas parecidos a los de tifus, que en realidad eran provocados por los tóxicos de los fósforos.

· Sarah no era bailarina ni se enamoró del hijo del dueño de la fábrica, sí lideró la huelga de 1888, que fue un antes y un después para el movimiento obrero británico.

· Todo empezó con el artículo en un diario socialista. En junio de 1888, la periodista socialista Annie Bessant escribe un artículo contando cómo se trabajaba en la fábrica de fósforos Bryant & May. Insalubridad, jornadas largas y castigos económicos (multas por llegar un minuto tarde, por hablar o moverse de la mesa de trabajo).

· A las fosforeras les decían “chicas” porque eran obreras de entre 15 y 20 años, era un trabajo poco calificado y la principal fuente de empleo para las mujeres jóvenes que no tenían familia o tenían que llevar un ingreso a su casa.

· Cuando se publica el artículo de Annie Bessant, echan a dos trabajadoras que se niegan a firmar una declaración para desmentir esa versión en los medios. Sarah Champan y otras obreras hablan con la periodista y le piden ayuda para organizarse porque ningún sindicato las representaba. ¿Por qué ella? Porque sabían que Bessant era activista y apoyaba al movimiento sufragista, una referencia importante en ese momento (como en 2018 en Argentina era la Marea Verde).

· Los lazos entre las trabajadoras y las activistas que militaban contra la opresión eran mucho más fuertes de lo que nos quieren convencer. En Argentina, a comienzos del siglo XX, algo de esos lazos se vio en la fundación del sindicato de la empresa La Higiénica, con la que colaboraron Julieta Lanteri y Carolina Muzzilli.

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La huelga y la huella en la ciudad

· ¿Qué pasó después? En julio de 1888, 1400 obreras paralizaron la fábrica Bryant & May. Sus demandas fueron: mejores condiciones laborales, que se acaben los descuentos y las multas y que reincorporen a las despedidas. Con el apoyo de sufragistas, sindicalistas y grupos socialistas, organizan un comité de huelga que más tarde va a fundar el primer sindicato de mujeres, y el primero de trabajadoras y trabajadores no calificados. Ellas no lo saben, pero este será un cambio clave para todo el movimiento obrero británico.

· Les decían “chicas” con desprecio, la empresa contaba con que a nadie le importaba que dejaran la vida haciendo fósforos. Los empresarios se rieron cuando salió el artículo de Annie Bessant en un diario chiquito, algunos dirían testimonial. Pero cuando Annie Bessant levantó la voz hubo un efecto dominó: hubo boicots, las sufragistas hicieron mitines de apoyo, se acercaron los trabajadores de otras fábricas.

· La empresa tuvo que sentarse a negociar, algo que no hacía ningún empresario porque si había algo que les importaba menos que los reclamos de los trabajadores eran los reclamos de trabajadoras jóvenes no calificadas.

· Las fosforeras fueron el puntapié de lo que se llamó el “nuevo sindicalismo”, que organizaba a las que no estaban organizadas y así, mejoraron las condiciones de trabajo, las de ellas y de muchos otros sectores.

· Hay dos marcas históricas de esta huelga que resisten en Londres, sobre todo en la zona Este que solía ser el distrito obrero de esa ciudad. Son marcas que le recuerdan a mucha gente que prefería olvidar que todo está construido sobre el trabajo de las personas.

· Una placa azul recuerda la huelga en el edificio donde estaba la fábrica. Hoy es un complejo reciclado de departamentos muy caros de Londres, donde ninguna fosforera podría vivir. Todos los días al entrar, sus habitantes tienen que leer que ahí hubo una huelga de mujeres que cambió la historia.

· La otra marca es una estatua con las manos rojas. Es William Gladstone, un primer ministro liberal muy amigo de los empresarios, entre ellos Theodore Bryant, dueño de la fábrica de fósforos. Cuenta la leyenda que Bryant financió la estatua con descuentos a las fosforeras y que en 1882, las obreras fueron a la inauguración y pintaron con su sangre las manos del gobernante. La versión no está confirmada pero las autoridades se cansaron de limpiar las manos de Gladstone que, sin importar cuántos años pasen, siempre están rojas.

· En esta película Enola Holmes es la protagonista pero no es una heroína individual. Como en la vida real, la solución a los problemas es colectiva.


Celeste Murillo

Columnista de cultura y géneros en el programa de radio El Círculo Rojo.

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